Arturo Pardo V.. 10 enero
Para el proyecto en Cañas Dulces, se hicieron pruebas con cuatro variedades de lechuga. Foto cortesía Paola Porras
Para el proyecto en Cañas Dulces, se hicieron pruebas con cuatro variedades de lechuga. Foto cortesía Paola Porras

Guanacaste no es una tierra donde regularmente se sembrarían hortalizas, pero esa realidad está más cerca de cambiar después del éxito que tuvo una iniciativa estudiantil. Paola Porras, estudiante de Ingeniería de Agronegocios del Tecnológico de Costa Rica (TEC), presentó en diciembre su proyecto de graduación, centrado en cultivos que, a corto plazo, pueden ser replicados por los productores de la zona.

El título de su trabajo es Variación de la producción de lechuga como parte de un proceso de diversificación agrícola para la Sociedad de Usuarios de Agua de Cañas Dulces, con mira a incursionar en el mercado regional chorotega.

Su objeto de estudio fue la lechuga, tomando en consideración cuatro variedades diferentes con alto potencial comercial. Estas fueron la antedis (conocida como blanca), BG, sargazo y bohemia, esta última es una variedad gourmet de llamativas hojas rizadas.

En total, se sembraron 162 ejemplares de cada variedad, divididas en tres fincas. Porras, quien es liberiana, se aseguró de elegir un tema de proyecto con el cual pudiera generar una contribución a su provincia. En este caso, el aporte de su estudio radica en la posibilidad de que los productores chorotegas puedan diversificar su producción.

En la zona de Cañas Dulces, los cultivos preponderantes son de frijoles, mientras que los productores de la zona se especializan también en otros granos básicos. A mediados de este año se inaugurará un mercado local organizado por el Programa Integral de Mercadeo Agropecuario (PIMA), por lo que esto implicará mayores exigencias para los agricultores.

Anteriormente, los locales habían hecho intentos infructuosos de cultivar hortalizas, pero fue hasta este reciente intento que se encontraron las condiciones óptimas para encontrar resultados satisfactorios.“ Elegimos cuatro variables de lechuga adaptables a climas cálidos y así se les evaluó. La idea era probarlas a campo abierto, lo cual se ajusta a las necesidades reales de los productores, sin la necesidad de una inversión importante, más que la materia prima y el trabajo”, explica Porras.

Las cuatro variaciones de lechuga dieron resultados positivos, inclusive sobrepasando las cualidades obtenidas en fincas en Cartago y en otras zonas del país, donde el clima es óptimo para sembrar lechugas.

Para dicho estudio se tomaron en cuenta variables como el crecimiento y la calidad. En este apartado, por ejemplo, se consideró el número de hojas, la medida de cada una de ellas, el diámetro y la altura. También se evaluó el peso fresco y la presencia de látex (que se da en temperaturas y le da amargura a la hortaliza).

Los resultados evidenciaron que estos productos, bajo las condiciones en que fueron cultivados, efectivamente podrían ingresar al mercado. El proyecto tuvo que enfrentarse a las inclemencias del clima pues, debido a la época en que se efectuó. Al final, los cultivos pasaron por enfermedades relacionadas con la humedad.

Esta prueba quedó de enseñanza para determinar con más precisión la época ideal para futuros cultivos. La idea es que los agricultores sigan adelante con el proyecto, con la ayuda directa del PIMA. Su intención es ir más allá de las lechugas, probando con otras hortalizas.

“Mi proyecto les dejó como base qué es lo que les va a funcionar. Los productores están interesados en entrar al mercado; saben que tienen que diversificarse y que no pueden hacerlo solo con frijoles”, dice Porras.