Alberto Barrantes C.. 2 abril
La desigualdad social y el clima en el hogar influyen en que la educación a distancia no sea efectiva para todos.
La desigualdad social y el clima en el hogar influyen en que la educación a distancia no sea efectiva para todos.

Ya el sistema educativo estaba golpeado: teníamos pobres niveles de lectura desde la Primaria, una deficiente capacidad de razonamiento matemático y una escasa capacidad de resolución de problemas, por mencionar algunas de las deficiencias fundamentales. Sin embargo, la situación empeorará por mucho que las clases migren al mundo virtual. Los afectados serán los que menos tienen, debido a que en ellos, influye de manera negativa y directa las limitaciones de acceso a la tecnología, el apoyo de sus padres y la economía de sus hogares.

Un reciente informe de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) titulado “Efectos de la crisis del coronavirus en la educación” afirma que conforme se reducen los días de instrucción en escuelas y colegios, se impacta el rendimiento académico de niños y jóvenes en el corto y mediano plazo, se aumenta la exclusión escolar y, en el largo plazo, se traduce en menos oportunidades y menos salarios para los sectores menos favorecidos.

La educación a distancia tiene sus ventajas y es evidente que hay docentes con alta vocación que han diseñado y ajustado sus lecciones al formato virtual. Sin embargo, el problema no está en la oferta de materiales didácticos sino en la respuesta hacia ellos. Un elemento crucial para que la educación a distancia sea exitosa es el grado de compromiso del estudiante. El problema es que tener el curso grabado o el ejercicio académico enviado por correo electrónico o en redes sociales que hace muchos se confíen o ignoren la importancia de sentarse y atender la tarea de manera oportuna.

La educación virtual exige disciplina

Si ese compromiso y acceso se alcanza,los resultados podrían ser tan positivos como las lecciones presenciales. Pero el caso real es que los alumnos son niños y es evidente que son sus padres los que tienen que velar por la responsabilidad de que atiendan las tareas online y de estar en contacto con sus centros educativos y profesores. Eso no siempre ocurre, porque o no hay voluntad en el hogar, o simplemente el padre de familia no puede: carece de la escolaridad, tiene que salir a trabajar y no hay quien ponga las reglas para que ese niño o joven atienda su deber.

No se puede caer en la visión simplista de creer que el futuro de la educación está en Internet: no es así, porque no todo el mundo tiene acceso a los recurso ni el ambiente de hogar adecuado para encontrar las oportunidades que ofrece un aula o el consejo de una maestra que es capaz de cambiar vidas.

¿Qué hacer post-cuarentena?

Como primer eje de acción, es fundamental que niños y jóvenes, especialmente los de grupos de más riesgo, regresen a la escuela y permanezcan en el sistema educativo cuando se vuelvan a abrir las aulas. Es ahí el único lugar donde podrán hallar oportunidades para escalar socialmente, en un mundo que tendrá que aprender nuevas capacidades para enfrentar las crisis sociales y económicas que derivan de este nuevo virus y de lo que esté por venir.

En segundo lugar, los hacedores de política educativa y las instituciones no deben descuidar la formación del docente en el uso de las metodologías online y su interacción en el aprendizaje: Tienen que saber cómo se hace la docencia en línea, aprender metodologías adecuadas, personalizar la docencia a sus alumnos, e, incluso, crear sus propios recursos educativos. No sacar una foto con el celular de la fotocopia que entregarían en el aula. Eso no hace el aprendizaje a distancia efectivo.

Por último pero no menos importante, la creatividad y la capacidad de priorizar contenidos será crucial para el segundo semestre del año. Como señala el informe de OEI, “menos es más: si se sabe priorizar contenidos, la reducción del ciclo educativo podría tener un impacto más suave”. Los docentes tendrán no necesariamente que apegarse a lo que dicen los planes de estudio, sino a hacer que sus estudiantes dominen habilidades básicas para la vida.

¿De qué sirve que un estudiante recite de memoria X o Y contenido de una asignatura específica, si cuando lee no comprende nada del párrafo o ni siquiera alcanza a leer fluido entre una sílaba y otra? De nada sirve. Nunca ha servido, lo que pasa es que esta crisis nos exige reinvención para ayer. La magia sucederá cuando personas normales estén dispuestas, en equipos, a realizar lo extraordinario. De lo contrario, la brecha se hará más grande y los afectados seremos todos.

Cuénteme su opinión sobre este tema abajo en los comentarios, o bien, a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com, o en mi cuenta en Twitter (@albertobace). ¿Qué sacrificios ha tenido que hacer en su casa para que la educación en tiempos de cuarentena sea efectiva?