Alberto Barrantes C.. 22 abril
El efecto patológico de la xenofobia deben retar a cualquier Estado a luchar en su contra y más aún en estos tiempos.
El efecto patológico de la xenofobia deben retar a cualquier Estado a luchar en su contra y más aún en estos tiempos.

Ninguna enfermedad, crisis o colapso económico puede ser excusa para validar ningún discurso de odio o xenofobia contra cualquier otro ser humano. El nuevo coronavirus no solo es capaz de encerrarnos en la casa, sino de desnudar lo peor y lo mejor que ofrecemos como sociedad.

Dentro de las peores conductas, están aquellas que, apelando al bien nacional o a la protección de lo local justifican el desprecio total hacia las personas extranjeras: con burlas, chistes, rechazo y estereotipos validan los resabios de xenofobia que aún habita en el país.

Por ejemplo, es inadmisible que en una conferencia de prensa frente a las autoridades de Salud, alguien que se llame profesional, pregunte si la niña nicaragüense que entró a Costa Rica embarazada y en condición migratoria irregular, ya había sido devuelta a Nicaragua.

La pregunta es inhumana, denota ignorancia sobre la Convención de los Derechos del Niño, el Código de la Niñez y la Adolescencia y expone las miserias sociales más bajas que puede traer consigo esta crisis.

La xenofobia encuentra soporte en el nacionalismo y pese a que Costa Rica profesa una cultura de paz, hay síntomas de discriminación que deben atenderse con urgencia, debido al riesgo de que los discursos de odio se normalicen en las redes sociales, en medios de comunicación y en las rutinas familiares.

La pandemia también trae brotes nacionalistas que llevan el germen de la xenofobia. Uno de sus matices es el victimismo: ante los malos tiempos, todo es culpa de los demás, de un enemigo exterior (coloque la nacionalidad que quiera), para encontrar en los otros una excusa que nos libere de toda responsabilidad local. Ahí hay xenofobia y, como tal, esta será un reto considerable al finalizar la cuarentena.

Para curar esos brotes de odio, se necesita más lectura, más educación y más dosis de educación. Es fundamental que los docentes dediquen parte de su tiempo semanal a conversar el tema virtualmente con sus estudiantes y una vez que se reactiven las lecciones, llevar el tema a las aulas. La educación y la lectura son las únicas herramientas capaces de frenar el odio. Los centros educativos y los medios de comunicación cumplen un rol trascendental en la construcción de una cultura de derechos humanos que resalte el valor de la diversidad y favorezca espacios de convivencia con las diferencias.

En la lectura está la cura

El fin máximo de enseñar a leer y escribir debe ser formar individuos críticos, pensantes, capaces de preguntarse por la realidad que les rodea y deseosos de mejorarla. Las redes sociales son vitrinas de olas de noticias falsas, abundancia en errores de ortografía y falsos líderes que dicen todo y nada en unos cuantos caracteres. La vacuna contra esta epidemia del odio sí está en los libros y en hacer de la lectura un ejercicio consciente que despierte el interés por cuestionar y replantear el entorno en que vivimos.

El caricaturista español Antonio Fraguas de Pablo (mejor conocido como Forges) dice que “el patriotismo es una indigestión espiritual que se cura leyendo” y con una metáfora más sanitaria, el filósofo Fernando Savater escribe: “El nacionalismo es una inflamación de la nación igual que la apendicitis es una inflamación del apéndice”.

El efecto patológico de la xenofobia deben retar a cualquier Estado a luchar en su contra y más aún en estos tiempos, donde falsos líderes son capaces de seducir con discursos populistas que nos inviten a cerrarnos frente a lo global. Ignorar la discriminación, pensar en ella como si fuese un simple chiste, solo puede traer consecuencias fatales para un Estado que dice construir su identidad en la paz y en la ratificación de tratados internacionales sobre derechos humanos.

Para frenar el contagio peligroso de la xenofobia, sugiero más libros, más preguntas que inviten a la conversación desde la niñez, más lecturas comentadas, más visitas a las bibliotecas (por el momento, virtuales) y menos tolerancia a los chistes baratos que pongan en menosprecio a otra nacionalidad. Solo así será posible derribar los nuevos muros que intentarán construir los falsos líderes que alzan banderas del nacionalismo.

Cuénteme su opinión sobre el tema abajo en los comentarios, o bien, a mi correo barrantes.ceciliano@gmail.com, o en mi cuenta en Twitter (@albertobace).