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Cafetales con árboles funcionan como esponjas durante las lluvias

Investigadores del Cirad y Catie miden capacidad del suelo para filtrar agua

Aparte de favorecer el paisaje, los cafetales con suelos volcánicos –donde se combinan cultivos y árboles– ayudan a infiltrar el agua de lluvia y así se evitan daños provocados por deslave.

Durante un fuerte aguacero, un suelo volcánico (del llamado tipo andosol) que yace bajo un cafetal con árboles, funciona como una “esponja”, capaz de absorber la mayor cantidad de agua y liberarla paulatinamente al río.

De esta forma, se evita la escorrentía superficial y, con ella, la erosión, la pérdida de fertilidad del suelo y las cabezas de agua.

“La lluvia que cae se va a acumular en los acuíferos y, a los meses, va a salir por el río. Ese es el primer servicio que da un cafetal con árboles en suelos volcánicos: garantizar que el agua esté disponible para los usuarios de forma continua y no por picos o eventualidades. En un terreno donde no hay acumulación, como en suelos impermeables, el agua entra y sale de una vez. Los suelos andosoles son muy permeables por naturaleza, pero la presencia de árboles en los cafetales puede bajar la escorrentía superficial”, explicó Olivier Roupsard.

Él lidera un proyecto de investigación llamado Coffee-Flux, el cual realizan en conjunto el Centro de Investigación en Agricultura para el Desarrollo (Cirad) y el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie). Coffee-Flux monitorea una serie de servicios ecosistémicos que ofrecen los cafetales arbolados, como provisión de agua, reducción de sedimentos y captura de carbono.

Para las mediciones hidrológicas, los investigadores cuentan con una cuenca de un kilómetro cuadrado, área donde se combina el cultivo del café con árboles de poró. Este lugar se encuentra en la finca Aquiares, cantón de Turrialba, Cartago, la cual tiene 650 hectáreas sembradas de café y 15 árboles de poró en cada hectárea.

Agua que sale al río. Los científicos utilizan un instrumento conocido como vertedero, el cual mide el caudal en cantidad de litros por segundo y cuán turbia está el agua debido a la acumulación de sedimentos.

De esta forma, Roupsard y su equipo observaron que las plantas (cafetos y árboles) consumen el 25% del agua de lluvia, mientras el río se alimenta del 65%.

“Hemos cerrado casi el balance hídrico; solo hemos perdido un 10%; pero cerrarlo a un 10% es muy bueno”, dijo Roupsard.

Respecto a la acumulación de sedimentos, el vertedero permite saber cuánto del suelo se ha erosionado por escorrentía. Si el agua sale lo más transparente posible es porque esta fue infiltrada por el suelo. Por el contrario, si sale turbia es porque está cargada de sedimentos que se lavaron de la superficie.

En el área de estudio se calculó una erosión de una tonelada por hectárea por año, lo cual es poco. Para Roupsard, se concluye que el sistema agroforestal en andosol es conservativo para el agua y produce poca erosión superficial, lo que es bueno para la fertilidad.

“El segundo servicio que dan los cafetales con árboles, es la calidad del agua. El agua de lluvia sale casi pura de la cuenca porque ya ha sido filtrada. Tenemos acuíferos a partir de tres metros; están muy profundo, por lo que el sedimento es poco. En un sitio donde hubiera escorrentía, el agua traería mucho sedimento y el agua se vería como chocolate”, destacó el investigador.

¿De dónde viene esa erosión? En este sentido, la sorpresa fue dada por los senderos que se utilizan en las labores productivas del cafetal.

“Antes pensábamos que el sitio de erosión eran las parcelas y no los caminos. Los senderos representan solo un 4% del área y resultó que mientras las parcelas infiltran casi todo, los senderos son compactados, la lluvia discurre mucho y las zonas de contacto entre los senderos y las parcelas que no están protegidas son la fuente de erosión cuando llueve. Eso nos dice que las obras de infraestructura cambian completamente la capacidad del suelo para absorber, mientras que la protección de los ríos con árboles es importante”, dijo Roupsard.

Asimismo, el investigador agregó: “Hay muchos proyectos para sembrar árboles, como si esta fuera una solución milagrosa y única contra la erosión. Si bien los árboles aportan muchos servicios, la realidad es que el tipo de suelo y el tipo de manejo también son sumamente importantes (...). Si la fuente principal de los sedimentos son los senderos en tal caso, no sirve plantar más árboles para eso, lo que sirve es adaptar la infraestructura”, concluyó Roupsard.