
En junio de este año, las declaraciones de un hombre en Sudáfrica desataron una nueva preocupación, aparte del estado general del mundo. De acuerdo con Joshua Mhlakela, a quien muchos llaman pastor (él lo niega), Jesús se le apareció en un sueño en 2018 y le dijo: “El 23 o el 24 de setiembre del 2025, vendré por mi Iglesia”. Así que aquí estamos, a la espera del Rapto, y en parte está relacionado con el Mundial de Fútbol.
En el video de YouTube, que se hizo viral allí y en TikTok, Mhlakela explica que aunque el mundo se estaría preparando para el campeonato, Cristo le dijo que “no habrá Copa del Mundo en el 2026″. De alguna manera, desde hace unos días, el asunto se hizo global; Google Trends muestra un interés exponencial desde hace una semana.
La idea de que Jesús vendrá muy pronto por sus fieles y se los llevará al Cielo es una creencia, no basada en la Biblia, difundida por algunos sectores evangélicos de Estados Unidos desde el siglo XIX. Por la influencia inmensa que han adquirido estas agrupaciones religiosas en otros países, el asunto aparece por aquí y por allá en rincones de África y, cómo no, también en Costa Rica.
Pero, ¿qué es El Rapto y por qué ocurriría hoy?
Orígenes de la idea de El Rapto
No es que se pueda creer todo lo que aparezca en TikTok (por favor, no lo haga), pero en estos días han aparecido influencers de todo calibre proclamando que si venía El Rapto, estaban listos para ello. Algunos declararon haberse desprendido de sus bienes materiales, se rumoró de ventas de casas y carros, y claro, también se difundieron múltiples parodias.
Ahora bien, el asunto tiene raíces más profundas que meros memes y chistes en redes sociales. Pero sus orígenes no están en el cristianismo histórico, sino en los intensos debates entre sectas cristianas en el Estados Unidos del siglo XIX.
Pablo de Tarso, un hombre muy atribulado, nos dejó en su Carta a los Cortintios algunos indicios de una “futura” (quién sabe cuándo) venida de Cristo, que volvería a nuestro mundo: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados" (Corintios 15:51-52).
Ninguna de las múltiples referencias esparcidas por la Biblia ofrece mayor detalle de fecha, ni claridad de que no se trate de reflexiones, metáforas y alegorías espirituales. Eso no fue obstáculo para que, a lo largo de los siglos, pensadores cristianos de toda índole alertaran del inminente regreso del Señor, presuntamente con el respectivo premio o castigo a fieles e infieles.
Algunos predicadores en Estados Unidos fueron nutriendo una idea de “El Rapto” en el siglo XIX, que es la que nos llega hasta hoy. John Nelson Darby, en Inglaterra, lo popularizó allá y pronto viajó a América de mano de múltiples religiosos y laicos. Allí se arraigó con fuerza en distintas corrientes de pensamiento que, desde mediados del siglo XX, se han ido expandiendo y fragmentando.
¿Por qué esperamos El Rapto?
La Biblia está repleta de patrones, rimas, simbolismos y cifras recurrentes. Imbuida como está de mitología previa, creencias ya extintas y de recónditos orígenes, y leída tras dos milenios de pensamiento cristiano, es difícil extraer fechas y señas exactas. Es cierto: la escatología cristiana sí habla de un eventual regreso de Cristo... pero la cosa no es tan clara como para calcular que será hoy o mañana.
El Apocalipsis es el libro de la Biblia con más referencias a un regreso de Cristo, pero no tiene tampoco particular certeza sobre nada; se fundamenta en la alegoría y la reiteración de nociones presentes a lo largo del texto sagrado, más que en “predicciones”, pese a lo que décadas de cultura pop nos han dicho.
“Dada la influencia del Apocalipsis en el pensamiento apocalíptico y en la teoría del rapto, cabría esperar que incluyera una visión del rapto mismo, o al menos referencias a él. No es así. En el Libro del Apocalipsis no hay rapto. Más bien, la teoría del rapto está compuesta a partir de unos pocos fragmentos bíblicos reunidos de fuentes dispares”, explica Timothy Beal en la revista Humanities.

Los años 60 y 70 fueron transformadores para la cultura evangélica estadounidense, que se forjó una nueva identidad en el contexto de la revolución sexual, el auge del feminismo, la contracultura, el pacifismo... El mundo estaba muy agitado, la gente en busca de respuestas; así como en el año 999 d.C., así como muchas veces durante las pestes que asolaron Europa, algunos grupos consideraron que eran señas del inminente fin del mundo.
En el 2011, se iba a terminar el mundo, según Harold Camping, que lo había predicho para 1994 originalmente. En el 2017 también, según la numerología. En los 80, Cristo vino dos o tres veces. “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre”, nos recuerda Mateo 24:36.
Siempre necesitamos aferrarnos a algo, buscar una explicación. Vivimos una época de emociones al límite, política convulsa, crisis climática y todo lo que indica un cambio, un terremoto. Si la idea de un fin o una resolución se sugiere en el horizonte, pues no es raro que saltemos a esa esperanza y abracemos el fin. A menos que nos dé miedo. Lo importante es que no le haga caso a todo lo que aparezca en TikTok.
