
Durante siglos, muchos lectores creyeron que Troya pertenecía al mismo universo que los cíclopes, las sirenas o los dioses del Olimpo. Era un escenario puramente literario, fragmentos de la imaginación de la Antigua Grecia preservados en los textos sobrevivientes de La Ilíada y La Odisea, aparte de las tragedias y otras referencias literarias.
Desde hace décadas, la arqueología ha ido hallando indicios de la existenica de una ciudad correspondiente a Troya y, para muchos expertos, hay alguna conexión con una ciudad real, un sitio existente con una historia bélica significativa. Pero, ¿cuán diferente fue la Troya del mito de la real?
El renovado interés por La Odisea, gracias a la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta tan antigua como fascinante: ¿existió realmente la ciudad que Homero describió?
La respuesta hoy es sí. Lo que sigue en discusión no es la existencia de Troya, sino cuánto hay de historia y cuánto de mito en la guerra que desencadena La Ilíada y, posteriormente, el largo regreso de Odiseo narrado en La Odisea.
Sí hubo una ciudad antigua, poblada a lo largo de siglos, por distintos grupos humanos, que corresponde a la antigua Troya. Lo que no podemos saber es cuántos relatos de la épica homérica corresponden con lo hallado en el sitio arqueológico.

¿Qué fue de Troya?
Todo comenzó en 1871, cuando el comerciante y arqueólogo alemán Heinrich Schliemann excavó la colina de Hisarlik, en el noroeste de la actual Turquía. Convencido de que los poemas homéricos conservaban recuerdos históricos, creyó haber encontrado la Troya de Homero.
Schliemann acertó en el lugar, pero se equivocó en los detalles: al excavar demasiado profundo destruyó parte de los estratos superiores, sin saber que la colina escondía no una ciudad, sino varias.
Las investigaciones posteriores revelaron que Hisarlik fue ocupada durante casi cuatro milenios. Por medio de excavaciones posteriores, los arqueólogos distinguen al menos diez grandes ciudades superpuestas, identificadas como Troya I a Troya X. La mayoría considera que las candidatas más probables para la Troya homérica son Troya VI y Troya VIIa, habitadas entre los siglos XVII y XII antes de Cristo.
Troya VI poseía imponentes murallas de piedra y controlaba un punto estratégico entre el mar Egeo y el mar Negro, una posición privilegiada para el comercio. Su sucesora, Troya VIIa, muestra señales de destrucción violenta hacia el 1180 a. C., precisamente en la época del llamado colapso de la Edad del Bronce, cuando desaparecieron varias de las grandes civilizaciones del Mediterráneo oriental.

A esa evidencia arqueológica se sumó otra pista decisiva. En los archivos diplomáticos del Imperio hitita aparece un reino llamado “Wilusa”, nombre que muchos lingüistas relacionan con Wilios, la forma más antigua de Ilios, uno de los nombres que Homero utiliza para Troya. En esos mismos textos también figura una región llamada Taruisa, cuya semejanza con “Troya” ha reforzado la hipótesis de que ambas referencias aluden a la misma ciudad.
Sin embargo, ningún documento hitita describe el famoso caballo de madera ni una guerra de diez años. Como explica el historiador Barry Strauss, es posible que el conflicto tuviera un núcleo histórico que, siglos después, la tradición oral transformó en epopeya.
Hay que recordar que, con el llamado “colapso de la Edad de Bronce”, que no fue un evento único, las culturas antecesoras de la Grecia clásica perdieron rastro de formas de escritura y de la memoria directa de muchos hechos.
La mayoría de especialistas sitúa a Homero hacia el siglo VIII a. C., unos cuatrocientos años después de los acontecimientos que narra. Para el helenista Gregory Nagy, de Harvard University, los poemas homéricos no son crónicas históricas, sino el resultado de generaciones de tradición oral que conservaron la memoria de un mundo desaparecido.
Es decir, sí hubo conflictos armados entre pueblos de la zona, por lo que algún relato pudo modificarse a lo largo de los siglos hasta configurarse como la “guerra de Troya” inmortalizada en la “era de los héroes” de la Grecia clásica.


Las excavaciones continúan hasta hoy y han ampliado el conocimiento sobre la ciudad, especialmente gracias a los trabajos del arqueólogo Manfred Korfmann, quien demostró que Troya no era solo una fortaleza sobre una colina, sino también una extensa ciudad con intensa actividad comercial.
Así las cosas, Troya —también conocida, pues, como Ilión— se ubicaba donde hoy está la provincia turca de Canakkale, cerca del estrecho de los Dardanelos.
El sitio arqueológico permanece abierto al público y, desde 1998, forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco por su extraordinario valor histórico y cultural.

