
Todas las adaptaciones de la literatura al cine están obligadas a tomarse amplias libertad. Si no, serían aburridísimas. ¿Se imagina una película que tuviera que explicar todo su contexto histórico, como La Odisea, cada tres escenas? Sin embargo, la cinta de Christopher Nolan sí recalca un presunto hecho histórico en la voz del Odiseo de Matt Damon: el colapso de una edad de bronce. ¿A qué se refiere?
Cuando pensamos en La Odisea, imaginamos un viaje fantástico poblado de cíclopes, sirenas, hechiceras y dioses caprichosos. Pero también sabemos que la épica griega antigua, más allá del debate por su autoría, tiene anclaje en la historia. Numerosas piezas arqueológicas y textos dan fe de la relevancia que tuvo como leyenda, como elemento educativo y hasta como origen de cultos. Los griegos antiguos veían La Odisea, en parte, como un rescate de su historia.
En la película de Nolan, el propio Odiseo, en la voz de Matt Damon, insiste: viven una era de bronce que llega a su fin. Tenemos que aclarar que se refiere a dos cosas: un hecho histórico que la arqueología intenta explicar y una forma de narrar el pasado que desarrollaron los antiguos griegos. Vamos por partes.
El colapso de la Edad de Bronce
Aunque La Odisea fue compuesta hacia el siglo VIII a. C., narra acontecimientos que la tradición sitúa cuatro siglos antes, en los años finales de la llamada Edad del Bronce, una época que habría terminado con uno de los mayores colapsos de civilización de la historia antigua.
Entre aproximadamente 1200 y 1150 a. C., casi todas las grandes potencias del Mediterráneo oriental sufrieron un derrumbe simultáneo. Desaparecieron los palacios micénicos de Grecia; el Imperio hitita de Anatolia (hoy Turquía, hogar de Troya) dejó de existir; numerosas ciudades de la costa sirio-palestina fueron destruidas, y Egipto sobrevivió, pero perdió buena parte de su influencia regional por siglos. Las redes comerciales que durante siglos habían conectado Anatolia, Chipre, el Levante y el Egeo prácticamente se desintegraron.
¿Qué se perdió? Para empezar, el sistema de escritura conocido como Lineal B, utilizado por los micénicos para registrar la administración de los palacios; es decir, una de las primeras versiones escritas del idioma griego. Empezó una era sin escritura donde primó la tradición oral... y así es como La Odisea y La Ilíada, entre otros poemas, conservaron la memoria —histórica, mitológica, espiritual— de esa época, hasta llegar al florecimiento de la Grecia clásica que conocemos mejor.
Para los arqueólogos, el episodio sigue siendo un rompecabezas. Durante mucho tiempo se buscó una causa única: una invasión, una guerra o un desastre natural. Hoy predomina otra explicación: el colapso habría sido el resultado de una combinación de crisis que se alimentaron entre sí.

“Con frecuencia, cuando hablamos del clima asociado al colapso de una civilización, imaginamos un acontecimiento único, quizá provocado por un factor externo y excepcionalmente raro”, explicó al medio Discover la investigadora principal de un artículo publicado en Science Advances.
“Pero, como muestra este estudio, la combinación de un cambio gradual de fondo y la variabilidad natural es suficiente para llevar a las sociedades más allá de sus umbrales ecológicos y sociales. No se trata del gran evento catastrófico que solemos imaginar, sino de fenómenos climáticos naturales que se amplifican entre sí”, agregó Katherine Power, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en el Departamento de Geografía Física de la Universidad de Estocolmo, Suecia.
Eric Cline, arqueólogo de la Universidad George Washington y autor de 1177 B.C.: The Year Civilization Collapsed, sostiene que el Mediterráneo de la Edad del Bronce funcionaba como un sistema profundamente interconectado.

Una prolongada sequía redujo las cosechas; la escasez provocó hambrunas; las tensiones derivaron en conflictos internos y migraciones; los terremotos destruyeron centros urbanos, y la interrupción del comercio terminó por desestabilizar economías que dependían del intercambio internacional de metales, cereales y productos de lujo.
No fue un apocalipsis instantáneo, como imaginaron algunas culturas, sino una reacción en cadena.
La hipótesis de los llamados “Pueblos del Mar”, mencionados en inscripciones egipcias (¡y cómo no, en la película de Nolan!), sigue formando parte del debate. Durante décadas se creyó que invasores llegados por mar habían destruido las civilizaciones de la región. Hoy muchos especialistas consideran que esos grupos fueron solo uno de varios factores y quizá incluso consecuencia del mismo colapso, más que su causa principal.
‘La Odisea’ nace en el periodo ‘oscuro’
Los poemas de Homero nacieron mucho después de ese desastre. Entre la crisis y la composición de La Ilíada y La Odisea transcurrieron unos cuatro siglos, un período conocido en Grecia como la Edad Oscura (el término ha caído en desuso, pues la cultura floreció de otros modos). La escritura prácticamente desapareció; los grandes palacios fueron abandonados y el poder político se fragmentó en comunidades mucho más pequeñas.
El helenista Gregory Nagy, de Harvard University, recuerda que los poemas homéricos son el producto de una larga tradición oral. No representan un registro fiel del pasado, sino siglos de recuerdos, transformaciones y reinterpretaciones transmitidos por generaciones de cantores.
Eso ayuda a explicar algunos de los rasgos de La Odisea y nuestra forma de imaginarla a lo largo de los siglos. Los reyes de Homero viven en palacios que recuerdan a la Grecia micénica, pero se comportan muchas veces como aristócratas de siglos posteriores.

Conviven armas, costumbres y formas de organización que pertenecen a épocas distintas. El poema mezcla recuerdos históricos con mitología porque... ¿no hacemos lo mismo nosotros? ¿No “conocemos” a Jesús por el arte medieval y renacentista? ¿No aparecen las figuras bíblicas muchas veces vestidos como venecianos?
Barry Strauss, historiador de Cornell University, considera que la guerra de Troya probablemente tenga un núcleo histórico, aunque muy distinto de la epopeya. La ciudad existió y decididamente hubo conflictos en la región.
Pero el caso es que la interrupción de las rutas comerciales llevó a distintos caminos, entre ellos otro tipo de metalurgia. Así es como empieza la Edad del Hierro (en la arqueología) y desarrollos posteriores que nos dejaron el esplendor renovado de Egipto, la Grecia que conocemos por su literatura y muchas otras culturas que florecieron en la región.

Otra Edad de Bronce
Sin embargo, la expresión de la Edad de Bronce tiene otro significado en el contexto de la Grecia antigua.
En parte para explicarse el “corte” que provocó el colapso histórico ya descrito, y en parte como reflexión mitológica, filosófica y religoosa, el poeta griego Hesíodo describió en Los trabajos y los días una sucesión de cinco edades de la humanidad.
En orden, estas etapas fueron: la Edad de Oro, marcada por la abundancia y la armonía; la Edad de Plata, de seres inferiores y desobedientes a los dioses; la Edad de Bronce, dominada por la violencia y la guerra; la Edad de los Héroes, asociada a figuras como las de las epopeyas griegas; y la Edad de Hierro, la época de Hesíodo, caracterizada por el sufrimiento, el conflicto y la pérdida de valores. El relato plantea una visión de decadencia progresiva de la humanidad, donde Hesíodo se ubicaba en la era del hierro.
Así, Odiseo pertenecía a un periodo de transición entre los dioses activos y presentes en el mundo y la época contemporánea al autor, cuando el ser humano vivía ya por su cuenta. Empero, recordaba el pasado gracias a relatos como La Odisea, su conexión con el pasado profundo.
De este modo, llegamos a La Odisea de Nolan entendiendo por qué habla tanto de esa Edad del Bronce que llega a su fin con la historia de Odiseo. Por supuesto, aquí se abre la pregunta para nosotros, como espectadores, sobre el propósito del director británico en insistir en el colapso de la civilización. ¿Estará hablando también de nosotros?

