Costa Rica continúa abriéndose paso en los escenarios más exigentes de la industria cinematográfica de Hollywood. Esta vez, el talento criollo brillaa en una de las producciones más aclamadas del momento: La Odisea (2026).
Este logro tiene sello de Felipe Pacheco, editor de música de la película, la más reciente entrega del galardonado director Christopher Nolan. El artista nacional volvió a hacer yunta con él tras haber formado parte de grandes producciones como Oppenheimer y Sinners.
En entrevista con La Nación, el tico detalló los secretos de su trabajo en esta superproducción, la cual reúne a figuras de la talla de Matt Damon, Tom Holland, Zendaya y Robert Pattinson. Desde la tranquilidad de su estudio —entre guitarras, audífonos y consolas—, Pacheco calificó esta experiencia como un proyecto “gigantesco” e incluso “intimidante”.

Un desafío sin orquesta
Aunque Nolan ya conocía de cerca la calidad de su trabajo y existía una confianza previa tras colaboraciones anteriores, el proceso distó mucho de ser sencillo.
“El concepto de la película ya de por sí es complicado, y en el plan de la música decidieron no tener orquesta. Uno como editor de música llega con cierta dependencia de la orquesta para aumentar la emoción; estamos acostumbrados a escuchar cuernos y trompetas en las escenas más imponentes, pero no teníamos nada de eso accesible”, explicó Pacheco.
La solución para romper con el esquema tradicional fue fusionar instrumentos griegos antiguos con sonoridades modernas y sintetizadores. La búsqueda de esa autenticidad llevó al equipo a detalles de producción realmente fascinantes.
“Algo sorprendente fue el uso de instrumentos antiguos, como la lira y unas flautas llamadas aulos. Como no sabemos con exactitud cómo sonaban originalmente, se hicieron recreaciones. Sin embargo, para la boquilla se necesitaba un tipo de zacate que solo crece en una región específica del Mediterráneo, en Grecia. El músico que las tocaba tenía que volar siempre allá a conseguir este zacate y prepararlo manualmente para que fuera más auténtico”, relató el costarricense.
En cuanto a los tiempos, Pacheco detalló que la fase de postproducción requirió seis meses de trabajo diario e intenso. No obstante, el proceso global inició un año antes de la mano del compositor Ludwig Göransson, quien viajó a Albania y otros países de Europa del Este para grabar los instrumentos autóctonos.

¡Alerta spoiler! Ilusiones auditivas y emociones al límite
La música es un inevitable generador de emociones y Pacheco lo sabe bien. Los sonidos de La odisea buscan atrapar, emocionar y, en ocasiones, generar una profunda ansiedad en el espectador. Lograr ese efecto fue un reto técnico monumental, especialmente en secuencias clave como la historia de Troya.
“Usamos una ilusión auditiva llamada ritmo de Risset (o tono de Shepard). Lo que hace es generar la sensación de que la velocidad de la percusión está acelerando constantemente. Eso genera una ansiedad interna que uno no sabe de dónde viene si no se lo dicen”, contó Pacheco.
Esta ilusión, sin embargo, pende de un hilo extremadamente fino durante la edición.
“Cada vez que había una pequeña edición en la imagen que cambiaba la duración de la escena, había que volver a empezar toda la edición de música desde el principio. Es muy fácil romper la ilusión, y si se rompe, deja de funcionar”, explicó Pacheco.
En una industria cada vez más tentada por la automatización, Pacheco es enfático sobre el papel de la inteligencia artificial en proyectos creativos de este calibre. Para él y su equipo, el control absoluto del arte debe ser humano.
“En la parte creativa, la IA no nos sirve de nada. Lo único que hace es regurgitar contenido: aprende de cosas que ya han sido hechas y te devuelve algo parecido. Para nosotros, que trabajamos en una película donde hay que innovar y traer algo fresco o disruptivo, la IA nunca va a lograr eso”, aseveró.
El nivel de exigencia de Nolan: de la sala de mezcla al cine
El estilo meticuloso de Christopher Nolan se refleja en cada segundo del apartado sonoro. Durante las seis a ocho semanas que dura la mezcla, el equipo no se queda encerrado en el estudio, sino que realiza visitas a diferentes salas de cine para comprobar cómo se traduce el trabajo en la pantalla grande: si los diálogos se entienden con claridad o si la música abruma.
Fue así como Felipe vio la película alrededor de 40 veces —incluso tres veces en un solo día por razones técnicas— hasta llegar a la proyección final con todo el equipo en la sala IMAX de Universal CityWalk, en formato físico de 70 mm, tal y como la grabaron y deseaba Nolan.
“Fue una película muy dura de trabajar, de muchas horas y esfuerzo, pero ver un resultado tan perfecto genera una sensación de orgullo como ninguna otra. Como dijo Chris: Esta es la primera historia de superhéroes de la humanidad, el origen del viaje del héroe”, comentó el tico.
“Él hizo la metáfora de que la tradición oral de los bardos antiguos es el equivalente al rap de hoy; por eso sumó a Travis Scott, porque al final un rapero es una versión moderna de un bardo contando una historia”, agregó.

Costa Rica en la mira
Tras desarrollar proyectos de altísimo perfil, que lo han llevado a formar parte de la prestigiosa Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood y ser nominado al Óscar, Pacheco trabaja actualmente en una nueva producción amparada por un estricto acuerdo de confidencialidad.
Una vez concluidos estos compromisos, el tico planea tomarse un merecido descanso, pero con la mirada fija en un objetivo: impulsar el desarrollo del cine en su tierra natal.
“Me gustaría aprovechar el tiempo para trabajar con gente local en Costa Rica y ver cómo podemos elevar al país como un centro de cine y una gran locación para filmar. Quiero aprovechar mis plataformas, la invitación a la Academia y los contactos que he hecho para ayudar a la industria local, para que la gente quiera hacer más cine y traer producciones a Costa Rica”.
Aunque de momento las conversaciones se mantienen en reserva, el propósito de Pacheco es claro: seguir triunfando en la meca del cine, sin olvidar el talento de su tierra.
