
El jazz nació como un murmullo rebelde en las calles de Nueva Orleans y hoy resuena en escenarios de todo el planeta. El 30 de abril se celebra el Día Internacional del Jazz, una jornada que reconoce el impacto de este género en la cultura, la educación y la construcción de sociedades más inclusivas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
La conmemoración fue proclamada en 2011 por la Unesco, durante su Conferencia General, con el objetivo de destacar el papel del jazz como herramienta para promover la paz, el diálogo intercultural y la libertad de expresión en todo el mundo.
La primera celebración incluyó eventos emblemáticos en París, Nueva Orleans y Nueva York, ciudades que reflejan tanto el origen histórico del género como su proyección contemporánea.
El jazz surgió a finales del siglo XIX y principios del XX en Nueva Orleans, en el sur de Estados Unidos, como resultado del encuentro entre tradiciones africanas, europeas y caribeñas en comunidades afroamericanas y criollas.
Desde ahí se expandió hacia centros urbanos como Chicago y Nueva York, donde dio lugar a estilos como el swing, el bebop y distintas formas de jazz moderno, y para muchos se ha convertido en un símbolo de resistencia, creatividad y diversidad cultural.

Jazz: más académico de lo que parece
Pese a su relevancia histórica y artística, el género aún arrastra ciertos mitos. En entrevista con La Nación, el doctor Sergio Núñez, violoncellista graduado en la Universidad Federal de Río de Janeiro y con posgrado en la Escuela Superior de Música de Berlín, se refirió a algunas de estas percepciones erróneas.
Durante años se ha sostenido que el jazz no es un género académico; sin embargo, Núñez afirma que esta idea está lejos de la realidad.
“Un mito es que no es considerada una música académica y sí lo es, porque los músicos especialistas en jazz tienen que pasar por una formación que pasan los músicos clásicos, o sea, tienen la misma base; entonces, el nivel de los instrumentistas tiene que ser muy alto para ejecutar el repertorio de muchos estándares de jazz, sobre todo cuando se les exige el nivel de improvisación; el nivel académico debe estar muy sólido”, explicó.

El especialista subraya que se trata de un género de gran rigor, comparable a la música clásica, con sus propios estilos, escuelas y corrientes, una tradición que no se diluye con facilidad.
Uno de los elementos esenciales del jazz es la improvisación, entendida como la capacidad de los músicos de crear en tiempo real, en diálogo constante entre ellos y con el público.
En sus primeras etapas predominaba la “improvisación colectiva”, en la que varios instrumentos tejían líneas espontáneas simultáneamente; con el tiempo, el solo improvisado se consolidó como un espacio de libertad individual dentro de una estructura común.
Para la Unesco, esta práctica encarna un mensaje de libertad y respeto, al evidenciar cómo distintas voces pueden expresarse sin romper la cohesión del conjunto.
“La mayoría de los músicos tocan un tema, pero los jazzistas son capaces de la improvisación. Y en la improvisación es infinito el talento y el desarrollo de técnica. El jazzista va a desarrollar más esa parte mental en la improvisación”, añadió Núñez.
En cuanto a la vigencia del género, el experto descarta la idea de que el jazz esté desapareciendo frente a las tendencias contemporáneas. Por el contrario, señala que el género se encuentra en constante evolución y mantiene una presencia activa en teatros, festivales y espacios culturales alrededor del mundo.
“Sí se puede desarrollar en academias y conservatorios; sin embargo, creo que la práctica se hace más en centros nocturnos típicos del jazz y teatros”, manifestó.

Cada 30 de abril, la Unesco y sus socios coordinan conciertos, talleres y actividades en más de un centenar de países, que van desde presentaciones comunitarias hasta grandes espectáculos en escenarios emblemáticos. Así, el Día Internacional del Jazz se consolida como una jornada para celebrar la música y, al mismo tiempo, reflexionar sobre los valores de libertad, diálogo y unidad que este género ha representado durante más de un siglo.
En Costa Rica, la fecha también se conmemora con actividades especiales. Por ejemplo, este 30 de abril, Amón Solar celebrará el género a partir de las 7 p. m., con un festival de jazz. Las entradas están disponibles en starticket.cr y tienen un costo de ¢10.000.
Para quienes no puedan asistir a esta primera fecha, el festival tendrá una segunda entrega el 2 de mayo, a las 6 p. m.
Además este jueves, a partir de las 3 p. m., la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) ofrecerá una serie de presentaciones especiales en el Centro para las Artes, en Heredia. La jornada iniciará a las 3 p. m. con el concierto del grupo Fogonazo, liderado por Josh Quinlan.
A las 4 p. m., el evento continuará con la presentación de SB Quintet, bajo la dirección de Sebastián Bolandi. Finalmente, a las 6:30 p. m., se llevará a cabo una sesión de improvisación interdisciplinaria encabezada por Jonathan Albuja. La actividad es gratuita y abierta a todo público.

