
En Costa Rica, las direcciones no incluyen números ni nombres de calles. En su lugar, se utilizan puntos de referencia como iglesias, puentes o negocios, acompañados de distancias y orientaciones cardinales.
Este método genera confusión entre turistas, como lo describió el periodista argentino Juan Pablo Sioffi, en un reportaje publicado por el diario La Nación de Argentina.
Sioffi relató que, durante una estadía en un hotel de la capital, solicitó la dirección exacta del establecimiento. Como respuesta recibió: “A 700 metros al oeste de Bridgestone, en la Ribera de Belén”. Aunque esperaba un nombre de calle y un número, le confirmaron que esa era la forma habitual de dar direcciones en el país.
El comunicador recopiló testimonios de algunos ticos que utilizan como guía la iglesia del barrio, la pulpería más cercana o incluso el color de la casa, y encontró que esta práctica no se limita al uso cotidiano, sino que también aparece en etiquetas de productos, sitios web de empresas e incluso documentos legales.
El reportero descubrió que los costarricenses usan tres niveles para dar una dirección: ubicación geográfica (provincia, cantón y distrito), punto de referencia conocido por la comunidad y una descripción visual del lugar, como el color de la vivienda o un árbol al frente.
“Siempre creí que para ingresar al primer mundo se debía completar un formulario más o menos estandarizado. Y un país sin nombres de calles ni números difícilmente obtenga esa visa al paraíso de los negocios. Sin embargo, esto parece ser un prejuicio. Japón, Panamá, Albania, Nicaragua y otros países caribeños tampoco usan nombres de calles ni números”.
El modelo de direcciones sin calles ni números
Durante su investigación, el periodista recopiló múltiples ejemplos de cómo las personas se ubican. Un vecino explicó que su casa estaba “frente a la iglesia católica, al lado de la cancha de fútbol”. Otro indicó que vivía “a un kilómetro este de la iglesia de Cuatro Esquinas, a la par de la pulpería”.
El uso de este sistema no se limita a entornos rurales. En etiquetas de productos, páginas web y hasta en contratos legales, las direcciones siguen ese mismo patrón de coordenadas simbólicas.
¿Un sistema que funciona?
Alexa Bolaños Carpio, lingüista de la Universidad de Costa Rica, confirmó que el sistema, aunque informal, permite a las personas ubicarse de manera efectiva.
Realizó un análisis de más de 200 llamadas al 911 y concluyó que las tres capas descriptivas garantizan que la ubicación sea clara para los locales.
Según la investigadora, el modelo se basa en la memoria colectiva y el conocimiento del vecindario, lo cual permite que carteros, repartidores y visitantes logren llegar a su destino.
Aunque existen esfuerzos institucionales para modernizar el sistema, la cultura de la referencia visual sigue vigente. Incluso con la geolocalización de los teléfonos, muchos prefieren indicar la dirección de forma tradicional.
La lingüista Bolaños considera que el modelo no desaparecerá, sino que convivirá con las herramientas digitales. Aseguró que, al igual que con los libros frente a lo digital, lo más probable es que haya una complementariedad entre ambos métodos.
Para los ticos, decir “la casa con tapia roja y verjas negras, a la par del Más x Menos” sigue siendo más efectivo que usar una dirección con calle y número y para quienes llegan de afuera, como esta periodista argentina, puede ser una experiencia tan desconcertante como fascinante.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
