Arturo Pardo V.. 8 diciembre, 2017
Bruno Mars dio un espectacular concierto en el Estadio Nacional de Costa Rica. (Cortesía de SD Concerts)
Bruno Mars dio un espectacular concierto en el Estadio Nacional de Costa Rica. (Cortesía de SD Concerts)

Bruno Mars es lo más cercano que esta generación tendrá de contar con su propio Michael Jackson. Más allá de que su voz tenga notorias similitudes con la del otrora Rey del Pop, Mars es el centro de atención de un espectáculo coreografiado con guion de principio a fin, un show entretenido, impactante y, de seguro, inolvidable.

Se le puede criticar mucho a la industria musical dedicada a hacer dinero de los artistas creando productos plásticos, pero Mars, imán para la mercadotecnia, no cabe ahí. Auténticamente es un gran artista y su espectáculo 24K Magic World Tour hace gala de ello.

En su repertorio se mantiene vivo el feeling afroamericano. Sus temas pasan por el R&B y el pop como si nada, le meten beats de soul, y de repente impacta con funk. Al final casi que da igual qué está tocando, pues el efecto es el mismo: impresiona con energía, con estallidos de emoción pura.

Para eso son sus canciones, son contagiosas de la coronilla a los hombros, la cadera y los pies. El efecto deseado se logra de manera inevitable.

Me es imposible no pensar en el contraste que hay entre Mars y otra estrella del pop actual que vino este mismo año al país; me refiero al anémico, tieso, desalmado, robótico y desmotivador Justin Bieber, quien se presentó en el mismo recinto el pasado 24 de abril.

Ambos son estrellas de la industria musical, son íconos juveniles, pero, además de las evidentes diferencias en sus capacidades interpretativas y de baile, lo principal que los distancia a uno del otro es el espíritu y la entrega en directo. El hawaiano es más que su voz de rango amplio, es un dotado bailarín, es capaz de hacer elegantes solos de guitarra eléctrica y, sin la necesidad de hablar mucho con la audiencia, es altamente simpático, como quien posee una estrella que lo carga de un lado al otro del escenario.

Audiencia encantada

El efecto principal de este tipo de artistas en el grueso de la audiencia ensordecedora y enaltecida no es más que el de la ilusión, pero más allá de eso, Mars tiene credibilidad porque su presencia en escena lo respalda.

Tres vientos, bajo, guitarra, teclado, batería y un MC son los socios de la estrella en este juego en tarima. Los músicos, que más bien son una especie de crew, interactúan eternamente como un grupo de compas de Mars. A ratos los instrumentistas se convierten en coristas, luego, cinco de ellos siguen al líder de un lado a otro como que fueran su sombra, con alegres movimientos coreografiados. Se oyen también juegos vocales excelentemente armonizados como si fueran Boyz II Men, y hay espacio para solos de piano y para disfrutar de los arreglos de metales que recuerdan la importancia del funk en el repertorio del artista.

Bruno Mars mostró su talento como intérprete y bailarín en el Estadio Nacional de Costa Rica. (Cortesía de SD Concerts)
Bruno Mars mostró su talento como intérprete y bailarín en el Estadio Nacional de Costa Rica. (Cortesía de SD Concerts)

Con la influencia tangible de Stevie Wonder, Prince, James Brown y el mismo Jackson, Bruno Mars levanta en directo el poder de la música afroamericana de las últimas décadas, dándole un sonido fresco, actual y vigente por quién sabe cuánto tiempo más.

Entre las canciones hay de todo, emotividad (como en la introducción de Versace on the Floor) o inclusive reminiscencias a más artistas de los ochentas, como The Police en la composición Locked Out of Heaven, pero siempre hay fuerza, siempre hay sentimiento profundo y convincente.

Sincronía

El show quizá carece de espontaneidad por una cuestión propia de este tipo de producción, pero al final eso no se resiente, más bien se agradece la sincronía musical con los asombrosos juegos de luces, donde son protagónicas una estructura superior que se cambiaba de forma según el ambiente de cada tema, y una pared trasera repleta de minúsculas luces LED que a veces se comportaban como destellantes lentejuelas.

El estallido reiterativo de pirotecnia y el uso de llamaradas en la tarima también marcaron puntos alto en el show. De manera cronometrada los explosivos le dieron rimbombancia a momentos musicales que de por sí ya eran impresionantes.

Costa Rica lleva rato de ser destino de artistas clase A, que visitan el país con sus espectáculos de primer mundo. Sin embargo, da alegría no dejar de sorprenderse y darle espacio a la posibilidad de asombrarse con un show tan agradable e impactante como el de Mars con su 24K Magic World Tour. Es por eso que me atrevo a decir que la palabra “espectacular” se le queda corta a esta cita.

Sobre el telonero

Tener al cuarteto DNCE como telonero es un gran lujo. Con Joe Jonas como capitán de esta llamarada musical, el grupo dejó la barrera bien alto cuando la noche apenas comenzaba.

Su repertorio es encendido, candente y, a ratos hasta irreverente. Es una banda con mucha fuerza en directo, que respalda bien los temas contenidos en su primer y único disco, lanzado en el 2016.

Aunque resulta raro escuchar un artista de este nivel dedicándole espacio a algunos covers, la reinterpretación de temas como Do You Think I’m Sexy (Rod Stewart) y un medley con temas de varias épocas fue llamativo.

Jonas es un gran frontman con una altísima capacidad vocal. La vez pasada que estuvo en Costa Rica con sus hermanos era casi un adolescente, pero ya tenía madurez en el escenario. Ahora, a eso se le suma mayor soltura y atrevimiento, respaldado por tres instrumentistas que también se comportan como pólvora inquieta y entretenida.

Que DNCE sirva de recordatorio de que vale la pena llegar temprano a los conciertos.

El concierto
  • ARTISTA: Bruno Mars
  • INVITADO: DNCE
  • LUGAR: Estadio Nacional
  • FECHA: 7 de diciembre
  • PRODUCTORA: SD