La ciudad que nunca duerme, Nueva York, me esperaba a mí y a 50 espectaculares mujeres para el desfile de lencería más sexi del año: el Victoria’s Secret Fashion Show. Ellas serían las protagonistas, y yo –con 20 centímetros menos y unas cuantas curvas más– sería la periodista y paparazzi de Costa Rica.
El espectáculo se realizó en vivo el jueves 8 de noviembre y será transmitido el 2 de diciembre por la cadena de televisión ABC. Para asistir solo es posible con invitación de la marca de lencería o de alguna de las modelos. Gigi Hadid olvidó enviarme su invitación; sin embargo, Victoria’s Secret Costa Rica me acreditó como periodista. ¡No te lo voy a perdonar, Gigi!
En los días previos se genera un gran interés alrededor de este evento: cuáles serán las modelos, quiénes los artistas que musicalizarán la pasarela, quién portará el fantasy bra, qué novedades van a presentar, etc. Es así como desde finales de octubre se van develando detalles y aumentando la expectativa.
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Estaba ansiosa por el viaje, pero también tenía miedo. Tenía miedo de enfrentarme al consenso común de belleza y sentirme inferior. “Tal vez debería ir más al gimnasio, tal vez debería comer menos o dejar de comer del todo”, pensé días antes… pero cualquier intento se me pasaba rápido.
De hecho, una de las grandes críticas que ha enfrentado el desfile de Victoria’s Secret es que continúa perpetuando el estereotipo de belleza femenina, mientras que otras marcas de productos para mujeres han ido evolucionando y mostrando cuerpos más reales.
Quizá, un intento para alivianar las críticas fue incluir en el desfile a la reconocida modelo Winnie Harlow, quien padece de vitiligo. Yo –paciente de vitiligo– aplaudo con entusiasmo esta inclusión, y ella fue una de las modelos más laureadas al aparecer en la pasarela.

Dejando los temores a un lado, llegué a New York un día antes del gran show. Me recibieron en el legendario hotel Plaza, donde convocaron a bloggers, influencers y a mí para recibir un chineo. Ese día los ángeles éramos nosotras. Me hicieron unas ondas espectaculares en mi cabello y pedí que me echaran bastante laca porque ese peinado me tenía que durar, sí o sí, hasta el día del show. Como dicen en mi familia: “elegante o morir”.
En las calles neoyorquinas la gente estaba atenta a lo que iba a suceder. Cada vez que se veía una chica alta y delgada caminando por la Quinta Avenida, alguien se preguntaba si sería una de las modelos.
Finalmente llegó el día. Desde temprano, los medios de prensa nos reunimos frente al lugar del evento: el Pier 94. Poco a poco iban apareciendo las modelos con sus bomber jackets oficiales de la marca. Algunas con tenis y una cola sencilla, otras con altísimos tacones y guardaespaldas. De todo hay entre los ángeles.
A las 10 a. m. inició la rotación con la prensa. Credenciales en mano pues era el momento de ingresar al backstage y, en 20 minutos cronometrados, hablar con las modelos que estuvieran dispuestas a dar declaraciones mientras las peinaban y maquillaban.
¡Adentro era una locura! Maquillistas, estilistas, manicuristas, chicas en ropa íntima, fotógrafos, periodistas y la mayor cantidad de productos de belleza que he visto en mi vida.

En todo momento estuve escoltada por una chica de staff que me contaba el tiempo, me ayudaba a reconocer a las modelos –entre tantas es difícil hacerlo– e imagino que se aseguraba de que yo me comportara.
La gran sorpresa fue que me encontré a mujeres... ¡muy humanas! (a ver, por mucho tiempo pensé que eran de otro planeta), dispuestas a conversar amenamente, tomarse selfies, aceptar sus nervios por el espectáculo de la noche y darme sus consejos para elegir el brasier perfecto. “No importa si lo que quieres es un look sexi o algo más casual, siempre busca sentirte cómoda”, me dijo Adriana Lima, la modelo brasileña que pasó por el Victoria’s Secret Fashion Show durante 19 años (más que cualquiera) y que este 2018 colgó sus alas.

Hablé con Winnie Harlow. Mi corazón latía a mil, pues para las personas que tenemos vitiligo ella es una héroe. “Estoy supernerviosa, es mi primera vez en esta pasarela y sé que es un gran paso para mi carrera”, aseguró. Seguidamente le pregunté qué era belleza para ella y me respondió que esa es una pregunta que no le gusta.

Pasamos por donde estaba Taylor Hill, la ángel más joven y encargada de abrir la pasarela. Sin embargo, no quiso dar declaraciones. Tampoco lo hicieron Elsa Host (la modelo del fantasy bra de este año), ni las famosas Bella Hadid, Gigi Hadi y Kendall Jenner.
Algunas de ellas estaban ocupadas en medio proceso de ponerse el rímel o ya habían dado entrevistas a otros medios, y hubo modelos que prefirieron compartir con sus amigas ángeles antes que atender a la prensa.
El cronómetro corría y me quedaba tiempo para un par de entrevistas más. Estaban en mi camino la autraliana Shanina Shaik, con sus hermosos pómulos, y la africana Melie Tiacoh. Simpáticas y accesibles.
De regreso al hotel para descansar un poco y prepararme para el espectáculo de las 8 p.m. Por suerte lo del peinado ya lo tenía solucionado desde el día anterior. ¡Esa laca era definitivamente la mejor!
¡El gran ‘show’!
Pasaporte y credencial eran los requisitos para ingresar. Adentro, luz oscura, música y cocteles recibían a los invitados; además de largas filas para tomarse fotos con el rótulo de Victoria’s Secret atrás.
Cuando faltaban 15 minutos empezaron a solicitar a los asistentes que pasaran a sus asientos; al ingresar al recinto nos dieron bolsas especiales para guardar los celulares. Las reglas eran claras: estaba prohibido grabar, tomar fotografías y usar redes sociales (pocos hicieron caso). A la prensa nos tocó al frente de la pasarela. Diagonal podíamos ver a Kris Jenner, mamá de Kendall, con su celular listo para grabar cada paso que diera su hija.
La luz se apagó y un faro iluminó un punto de la pasarela. Subió la cantante de soul Leela James, quien interpretó el tema This is me, muy apropiado para evadir críticas y hablar de la autoaceptación. Salió Taylor Hill y –como todas las demás ángeles– sobre la pasarela se veía tres veces más alta y espectacular que en el backstage.

La primera colección llamada Glam Royale estaba llena de telas cuadriculadas en tonos rojos, verdes y azules. Después de Taylor se sumaron las modelos Alexina, Josephine, Sara, Lais, Cindy, Yasmin, Behati, entre otras.
Luego, se proyectó un video donde las modelos hablaban de empoderamiento femenino. La apuesta de la marca para darle valor extra a su nombre; seguidamente, se subieron al escenario los artistas Kelsea Ballerine y The Chainsmokers para acompañar la colección Golden Angel donde predominaban los tonos dorados.
Hubo una pausa. Un video hacía un recuento de la trayectoria de Adriana Lima, “the greatest angel of all times” decía la pantalla. Ella apareció con unas alas de plumas blancas, el público aplaudió de pie y a mí se me erizó la piel. Al llegar al final de la pasarela, unas lágrimas recorrieron el rostro del ángel. Este fue, por mucho, el momento hit del show.

Siguieron desfilando artistas que jamás imaginé ver en vivo y menos en un mismo escenario: Halsey, Bebe Rexha, Shawn Mendes, Rita Ora. Y continuaron desfilando ángeles con las colecciones Pink, Flights of Fancy, Floral Fantasy, Downtown Angel y Celestial Angel.
El fantasy bra (una prenda que más que brasier es una joya) valorado en un millón de dólares y creado con 2.100 diamantes Swarovski, pasó sin pena ni gloria entre otros diseños aún más llamativos, como los estampados creados por la diseñadora griega Mary Katrantzou.


Tras una hora de espectáculo, el Victoria’s Secret Fashion Show llegaba al epílogo con el rock de la banda The Struts y ángeles caídos del cielo: las alas hacían alusión al sistema planetario y la máxima Adriana Lima cargaba una Luna en su espalda.

Parece irónico pero después de vivir la experiencia, mis miedos quedaron atrás. Me encontré con mujeres con mis mismos nervios, mis mismas ansias e incluso con mi misma enfermedad. La diferencia –además de las visibles y obvias– es una cuestión de actitud. Sin embargo, la seguridad de estas mujeres en pasarela es contagiosa. ¡Agárrense en Costa Rica, que volví con actitud de ángel!
