Manuel Herrera. 20 mayo
George Bakkar trabaja de forma manual cada pieza que confecciona, de ahí que ninguna de las joyas que fabrica se parecen entre sí, ni siquiera un par de aretes. Siempre encontrará leves diferencias. Fotografía: Jorge Castillo.
George Bakkar trabaja de forma manual cada pieza que confecciona, de ahí que ninguna de las joyas que fabrica se parecen entre sí, ni siquiera un par de aretes. Siempre encontrará leves diferencias. Fotografía: Jorge Castillo.

Cuando George Bakkar Hindeleh se sienta frente a su escritorio blanco a hacer joyería, recuerda los años de su infancia. De niño pasaba horas tendido en el piso de la casa de sus papás, jugando con legos o armando rompecabezas.

Tomar los coloridos bloques de construcción y crear nuevas formas dejaron ver, a muy temprana edad, no solo la destreza que él tenía con sus manos, sino también su capacidad de inventiva.

Mucho tiempo después, aquella afición de niño se ve reflejada en el pequeño taller de Bakkar, camuflado detrás de una de las paredes de su tienda de exhibición y ventas, ubicado en el centro comercial Momentum Lindora, en Santa Ana.

En ese espacio no hay ni partes de lego ni de rompecabezas –al menos a simple vista– pero sí una decena de herramientas y materiales que desnudan el placer actual del costarricense: el de diseñar y fabricar joyas.

En ese aposento, Bakkar puede pasar las mismas horas (o hasta más) que dedicaba de niño a aquellos juegos. El lugar es el oasis donde deja fluir las ideas que bombardean su imaginación; inspiraciones que nacen de su estado de ánimo, de sus viajes, de las etapas personales por las que transita, o de sus sueños durante la noche. Eso luego lo traslada en piezas de plata y oro de gran valor artístico.

“Siempre quise ser diseñador de joyas”, justifica Bakkar el gozo que le representa fundir aquellos metales para luego convertirlos en alhajas, que pueden ir desde anillos, aretes o dijes, hasta collares, brazaletes o la mismísima corona del Miss Costa Rica.

George Bakkar fundiendo la plata que utilizará en la elaboración de unos aretes de su siguiente colección. Fotografía: Jorge Castillo.
George Bakkar fundiendo la plata que utilizará en la elaboración de unos aretes de su siguiente colección. Fotografía: Jorge Castillo.
De familia

La afición por hacer joyería no se gestó de la noche a la mañana en la vida de George Bakkar, sino que proviene de sus ancestros –con raíces jordanas–, quienes popularizaron en la familia esa ocupación.

“Yo represento a la quinta generación de joyeros de mi familia, entonces crecí en ese ambiente. Mi papá también es joyero y desde mi primer año de vida ya pasaba metido en la joyería de él en San José”, comenta el diseñador, quien lanzó su propia marca de joyas, George Bakkar Jewelry, hace cinco años.

Como era de suponer, sus primeros pasos en la fabricación de joyas los dio al lado de su padre, de quien absorbió algunas ideas; pero cuando concluyó sus estudios secundarios se decidió por estudiar Administración de Empresas en el Tecnológico de Costa Rica, carrera de la que se graduó sin el entusiasmo que le generaba entonces la idea de ser joyero.

La administración le ayudó para darle forma a su primer negocio, una joyería en La Uruca donde quemó los primeros cartuchos de una pasión desmedida. En su primer local solo comercializaba joyas importadas y algunas piezas que producían en San José, en la joyería de su papá.

La idea de diseñar y confeccionar joyas él mismo debería esperar algún tiempo mientras pulía su técnica y se especializaba mejor en el arte.

“En ese proceso empecé a buscar dónde recibía clases de joyería, busqué cursos en escuelas de diseño y orfebrería del país y comencé a comprar libros de joyería, para que me sirvieran de guía y referencia”, cuenta al mismo tiempo que señala los textos, que reposan en un librero aéreo que se ubica en su taller.

En el negocio de La Uruca George Bakkar permaneció por 14 años, y fue en ese sitio donde le comenzó a dar forma a su otra idea: el lanzamiento de su propia marca de joyas.

Así nació hace cinco años George Bakkar Jewelry que con algo de discreción dio sus primeros pasos en ese lado de la capital.

“Había creado mi marca desde incluso antes, pero me daba cierto temor lanzarla porque me cuestionaba si iba o no a funcionar; de cierta manera temía que no fuera exitosa porque estábamos hablando de algo que siempre había sido mi pasión”, dice.

Todo el equipamiento necesario para el diseño y creación de una joya está en el taller de Bakkar. Fotografía: Jorge Castillo.
Todo el equipamiento necesario para el diseño y creación de una joya está en el taller de Bakkar. Fotografía: Jorge Castillo.

También mantuvo la marca con bajo perfil porque en La Uruca el formato del negocio era vender alhajas de una partida más industrial. “No era mi mercado meta hacer mis joyas y venderlas ahí, entonces no exponía mucho la marca; pero ya luego comencé a diseñar mis propias piezas y ahí uno aprende a darle un valor real a lo que uno hace.

"No es lo mismo una pieza de un diseñador que las hace a partir de un molde o una pieza confeccionada industrialmente, a hacer una joya exclusiva, que es lo que hago yo”, manifiesta Bakkar, de 36 años.

Esas primeras confecciones fueron principalmente en plata y los diseños de las piezas contaba con el sello icónico de las joyas de Bakkar: la textura, lograda a partir del trabajo completamente manual que realiza el diseñador, lo que permite que una pieza de su marca sea única e irrepetible.

“Mi diferencia de los demás diseñadores de joyas, inclusive de mi papá y de los demás familiares que hicieron joyas en algún momento, es que lo que yo hago no es clásico, sino se basa en una mezcla de técnicas.

"Mi sello en las joyas es la textura; para mí una pieza sin textura es una pieza aburrida. La textura le da movimiento a la pieza y la hace más interesante, aún cuando la gente en redes sociales que habla de mi trabajo a partir de una fotografía dice que la apariencia es de papel aluminio”, afirma el diseñador.

El mantener la técnica a través de los años ha sido posible porque las producciones de Bakkar, hasta ahorita, han sido a pequeña y mediana escala, principalmente para suplir su tienda o atender encargados de clientes.

Sus primeras joyas las fabricaba, las echaba en un maletín y salía a venderlas a sus amistades, así comenzó a explorar el mercado y la recepción del producto.

No le iba mal; en ese entonces comenzó a hacerle más ruido a su marca y decidió participar en una exhibición de joyería costarricense donde le llegó la oportunidad que lo pondría en la palestra pública: el Miss Costa Rica.

Un concurso, el trampolín

Unos días después de esa exhibición, en el primer semestre del 2016, Gabriela Alfaro, directora del Miss Costa Rica, se contactó con Bakkar y le habló sobre el interés que había en la organización de que él fuera el encargado de diseñar la corona que recibiría la soberana de la belleza costarricense en aquel año.

Bakkar reconoce lo sorpresivo e intimidante que resultó la propuesta de entrada, pero no dudó en aceptar la oportunidad, pues conocía también la exposición que implicaba decir sí y lo que eso aportaría para su proyecto George Bakkar Jewelry.

“No podía creer que me dieran esa posibilidad, me daba miedo porque era un reto mayor, es que hacer una corona no se logra de la noche a la mañana, lleva varios meses de conceptualización y luego muchas horas de ejecución. Pero era una gran oportunidad no solo por la exposición que significaría eso, sino porque también me están diciendo a mí que el trabajo que hago les gusta”, comenta.

En las últimas cuatro ediciones del Miss Costa Rica, George Bakkar diseñó la corona que recibe la ganadora. Esta joya corresponde a la que lucirá la Miss Costa Rica 2019. Fotografía: Jorge Castillo.
En las últimas cuatro ediciones del Miss Costa Rica, George Bakkar diseñó la corona que recibe la ganadora. Esta joya corresponde a la que lucirá la Miss Costa Rica 2019. Fotografía: Jorge Castillo.

En el taller de La Uruca, George Bakkar confeccionó su primera corona para el Miss Costa Rica, inspirada en una cascada y elaborada con plata 925 y cristales de Swarovski. Carolina Rodríguez fue la primera Miss Costa Rica en lucir una joya de Bakkar.

Desde entonces, el diseñador suma ya cuatro coronas para ese certamen, con la diferencia de que las otra tres las realizó en su local de Momentum Lindora, que abrió hace dos años, precisamente luego de la popularidad que comenzó a obtener por patrocinar el concurso.

A la de Rodríguez le siguió la joya que recibió en el 2017 Elena Correa, inspirada en la cultura precolombina. Luego, en el 2018, Natalia Carvajal mostró un diseño basado en la flora costarricense; para el Miss Costa Rica 2019, la corona tiene referencias de los volcanes del país y la riqueza natural que los rodea.

Pero junto a ese repunte y exposición que recibió con el concurso llegó lo inesperado: las críticas de la gente a su trabajo.

“La corona siempre ha sido muy criticada, incluso desde antes de que yo las hiciera, pero en mi caso las críticas se hacen a partir de una fotografía, que verdaderamente no permite apreciar el trabajo real; pero sí, al principio las críticas eran intimidantes, ya después uno comienza a tolerar esa pluralidad de opiniones porque también hay gente que me escribe con admiración por mi trabajo. Ahora nada lo tomo tan personal porque todo el mundo tiene derecho a opinar”, dice.

Pero hay algo que subraya: “Yo no quiero que la gente me conozca porque hago la corona del Miss Costa Rica, porque George Bakkar hace todo tipo de joyas y las diseña, y todas mis piezas son una obra de arte, todas me enorgullecen y todas cuentan una historia muy personal”.

Diseñar aquí

Pero, ¿cómo es ser diseñador de joyas en Costa Rica?

“No es fácil. Es complicado”, acepta George. “Los materiales son muy caros y costosos, y hay mucha competencia. La ventaja mía es que soy diferente porque rompo esquemas entonces no me preocupo de que la gente busque otros lugares porque lo que yo hago y cómo lo hago no lo va a encontrar en ningún otro lado”.

Justifica ello en que los materiales que usa en sus alhajas son importados, desde el oro y la plata, hasta los diamantes, el cristal murano, las perlas y los ópalos; estos últimos provienen directamente de una mina de Australia.

Además de ese país de Oceanía, cuenta con proveedores en Nueva York, Francia, Colombia, Medio Oriente y Brasil.

“Como te digo, ser joyero aquí y vivir de esto no es fácil, pero al final uno transmite en su trabajo esa pasión y esa exclusividad y eso llama la atención de la gente”, sentencia.

En el taller de George Bakkar también hay espacio para la fe. Por sus raíces jordanas, él es católico ortodoxo y reúne en su taller a varios íconos de esa religión. Fotografía: Jorge Castillo.
En el taller de George Bakkar también hay espacio para la fe. Por sus raíces jordanas, él es católico ortodoxo y reúne en su taller a varios íconos de esa religión. Fotografía: Jorge Castillo.

George vive completamente de ser diseñador de joyas. Ha logrado establecer una rentabilidad de su negocio ofreciendo exclusividad a sus clientes, sin que, necesariamente, deban pagar por ello sumas exorbitantes de dinero.

“George Bakkar crea para aquellas personas que se atreven a usar algo diferente, que se quieren ver diferentes y que aprecian las joyas como obras de arte. Diseño para aquellas personas que no son afines a las joyas clásicas, aunque he tenido clientes que llegan con ese gusto por esas joyas y cuando ven mi trabajo se enamoran de lo que hago”, sostiene el vecino de La Sabana.

Entre toda la familia del diseñador, solo él se mantiene en el negocio de la joyería. Su padre es ahora quien frecuenta su local en Lindora y quien en ocasiones le ayuda con ideas o proyectos.

Ahora el diseñador aspira a continuar potenciando su nombre en el mercado nacional e internacional, porque tiene familia alrededor del mundo debido a las migraciones que propiciaron las guerras en el Oriente Medio. Bakkar también quiere mostrar su arte en una pasarela en Costa Rica, una en París y otra en Nueva York y a realizar exposiciones con algunas de sus piezas más icónicas para que la gente pueda apreciar de cerca su “delicado” trabajo manual.

El espíritu de aquel niño que creció en Rohrmoser jugando entre legos y rompecabezas todavía habita en George Bakkar, aquel niño que, en su inocencia, labraba un futuro dedicado al lujo, a la fineza y al brillo.

“Que ahora pueda vivir de mi pasión, no tiene precio”, remata Bakkar.

Bakkar
Bakkar "talla" la textura de sus piezas en láminas de plata o de oro. Fotografía: Jorge Castillo.