Muchos la recuerdan por su poderosa voz, por ese rostro carismático y por el talento indiscutible que la llevó hasta el escenario de la sexta temporada de Nace una estrella, de Teletica. Gracias a esa combinación, Valery Álvarez se ganó el corazón de cientos de personas.
Hoy, tres años después de su paso por el programa, su vida luce muy distinta: se siente más segura, más confiada y más en paz consigo misma. Un cambio profundo que también se refleja en su cuerpo, pues ha perdido alrededor de 70 kilos y su proceso de transformación continúa.
De la inseguridad al escenario
En entrevista con La Nación, la cantante de 23 años repasó el camino que ha recorrido desde que dejó el programa de talento y cómo esa experiencia marcó un antes y un después en su vida. Aunque su participación terminó en la gala número cinco, para ella, el impacto fue mucho más duradero.
“Antes del programa era muy insegura, muy desconfiada, todo me daba vergüenza y me atormentaba el qué iba a pensar la gente de mí. Ahora soy segura, tranquila y transparente. He aprendido a disfrutar la vida”, reconoció.
Según contó, una de las claves para enfrentar sus temores ha sido la creación de un “alter ego”, al que llama Pamela, su segundo nombre. Pamela, explicó, es la versión más confiada de sí misma, la que se sube al escenario sin dudar, la personalidad que procura poner por encima de esa otra Valery que solía cohibirse y esconderse.
La inseguridad la acompaña desde niña. En su infancia desarrolló un problema de tiroides que la hizo subir de peso y, con ello, llegaron las burlas. En el colegio sufrió bullying; los insultos se volvieron parte de su día a día y los comentarios hirientes, incluso desde su propia familia, reforzaron la sensación de no pertenecer.
Sin embargo, hubo algo que siempre se mantuvo intacto: sus ganas de cantar. “Empecé a bailar desde los 4 años y luego me interesé por cantar. Desde niña ese era mi sueño. Incluso, en el día de las profesiones me disfrazaba de cantante porque era lo que quería ser”, recordó entre risas, mencionando que su disfraz favorito era el de Gloria Trevi.
Con el tiempo, los problemas familiares se hicieron más evidentes. Confesó que, incluso mientras estaba en la competencia, esos conflictos la privaron de asistir a algunos ensayos. Tras dejar el programa, decidió hacer una pausa en su carrera musical. Con apenas 20 años intentó resolver las tensiones en su casa, pero la presión, sumada a sus problemas de autoestima y a las inseguridades que arrastraba desde niña, la llevaron a una especie de “agujero”.
“Dejé de subirme a los escenarios, no volví a cantar ni siquiera en mi casa, por miedo de que Valery Álvarez ya no estaba, no valía, pensaba que yo no era nadie y que a nadie le importaba o nadie se acordaba de mí”, manifestó conmovida.
Renacer y aprender a empezar de cero
Después de la tormenta llegó la calma. Valery habla de varios “ángeles” que aparecieron en su camino para ayudarla a salir de ese hoyo emocional y recordarle su valor. “Es la familia que escogí”, comentó, refiriéndose a las personas que hoy la acompañan y sostienen.
“Tuve que empezar de cero, me perdí durante años y siento que ahora tengo mucha fuerza, mucha ilusión y muchos aprendizajes. Ya no es la misma Vale miedosa, indecisa, con muchísimo miedo que tenía al principio en el programa. Siento que ahora la Vale que está aquí sí es la Vale artista, que ha pasado por muchísimas cosas estos años, que ha perdido mucho y ha ganado mucho“, afirmó.
Para ella, este momento de su vida se parece al renacer de un ave fénix: siente que ha resurgido de las cenizas pese a múltiples dificultades, especialmente en el entorno familiar, y que ahora lucha por sus sueños con más impulso que nunca.
La cirugía y el cambio físico
Desde que le detectaron el padecimiento de tiroides en la adolescencia, los médicos la incluyeron en una lista de espera para someterla a una cirugía de manga gástrica. La llamada para la operación llegó mientras participaba en Nace una estrella, en el 2023, pero en ese momento decidió no operarse.
Hace un año volvió a recibir la llamada y esta vez tomó la decisión. El proceso no fue sencillo: requirió acompañamiento psicológico, pruebas para determinar si calificaba para el procedimiento y cambios drásticos en su alimentación. Debió seguir una dieta líquida durante un mes antes y un mes después de la cirugía. A partir de entonces, los cambios empezaron a surgir.
“Mi rostro cambió muchísimo, mis brazos y el resto de mi cuerpo también. Hasta el momento, un año después de la operación, llevo alrededor de 71 kilos perdidos”, comentó.

Ahora se encuentra en una etapa de pérdida de grasa y, más adelante, espera someterse a una operación estética para eliminar el exceso de piel. La disciplina ha sido clave en este proceso.
“Realmente es un proceso fácil si usted tiene fuerza de voluntad. Conlleva mucha disciplina. No es solo lo estético, es un cambio de vida”, dijo. Y a quienes están indecisos sobre someterse a un procedimiento así, agregó: “Si tienen la oportunidad y disciplina, háganlo. Te cambia completamente el humor, te da más confianza y salud. Mi mejor consejo es que el límite está en la mente”, agregó.
Para Valery, lo más importante es creer que sí se puede, fijar una meta clara y mentalizarse en que es posible alcanzarla.
El amor que apareció por sorpresa
A la par de su resurgimiento personal y artístico, llegó a su vida una persona muy importante: su novia, Karina. Se conocieron durante el programa Nace una estrella, pues Karina era amiga de otro concursante. En aquel momento no pasó nada, pero siguieron coincidiendo en eventos y, con el tiempo, el amor surgió. Oficialmente llevan siete meses de relación. Lo más curioso fue cómo la hizo pública.
La cantante subió una foto pensando que solo la verían sus “mejores amigos”, pero por error la compartió con todos sus seguidores. Aun así, Valery procura no exponer demasiado a su pareja, quien prefiere mantener un perfil más bajo. Para ella, Karina es una respuesta directa de Dios a sus oraciones.
“Es demasiado cariñosa, demasiado consentidora, demasiado alcahueta... Estoy demasiado contenta y me siento muy amada”, afirmó.
Además de Karina, otra persona también llegó a su círculo cercano para darle un apoyo incondicional: su mánager, Patricia Zamora, a quien ella ve como una madre. De hecho, de cariño le dice “ma”.
Sobre su orientación sexual, comentó que desde muy temprana edad supo cuáles eran sus gustos. Sin embargo, por motivos religiosos, intentó negar esa realidad y luchó contra lo que sentía.
Con el tiempo, comprendió que Dios no abandona y que Él “ama sea como sea”.
“Todos somos hijos de Dios... al final de cuentas, sea hombre o sea mujer, amar es amar, no importa, mientras usted la ame y respete, a nadie más tiene que importar”, enfatizó.
Un mensaje para quienes aún la recuerdan
A quienes le guardan cariño desde su participación en Nace una estrella, Valery les envía un mensaje lleno de gratitud y esperanza: “Les mando muchas bendiciones y les doy demasiadas gracias por el amor y por el apoyo a pesar de las situaciones”, mencionó.
Cuenta que todavía hay personas que se le acercan en la calle para saludarla, lo que le recuerda que ese afecto sigue vivo y que su historia conecta con quienes la han visto crecer.
“Las personas y Dios me tienen aquí y en cada presentación trato de retribuir ese amor. Siempre pongo alma y corazón para que lo disfruten y se sientan amados como yo me siento por ellos”, concluyó.
Su voz, que una vez fue símbolo de inseguridad y miedo, hoy es testimonio de resiliencia. Valery Álvarez se mira al espejo y reconoce a la artista que siempre soñó ser, una mujer que, pese a las tormentas, no renunció a cantar ni a la posibilidad de reconstruirse desde cero.
