
Que podamos ver a La Roca convertido en Maui ya es una razón suficiente para ir al cine a disfrutar de la versión live action de Moana, que llega este jueves 9 de julio a los cines de Costa Rica.
Casi 10 años después de que el exluchador de la WWE se robara el corazón del público con su voz, Dwayne Johnson finalmente se pone en la piel —y en los tatuajes— del carismático semidiós en Moana, en esta versión de carne y hueso del clásico animado de Disney.
No es solo volver a escuchar al fanfarrón héroe cantar De nada. Esta vez La Roca aparece completamente transformado, con una larguísima cabellera, el cuerpo cubierto por los icónicos tatuajes polinesios, usando una falda de hojas y, por supuesto, con su anzuelo mágico.
Para Johnson, interpretar de nuevo a Maui tiene un significado muy profundo que va más allá del regreso a uno de sus personajes más queridos. “No solo representa nuestras culturas polinesias sino que representa claramente a mi abuelo, el fallecido Gran Jefe Peter Maivia. Cuando comparas fotografías de mi abuelo, con todos sus tatuajes, su imponente físico y su larga y hermosa cabellera, con la imagen de Maui, el parecido es sorprendente”, manifestó el actor en las notas oficiales de la producción cinematográfica.
Para el artista, Maui representa el legado, la vida, el orgullo y la cultura.
El propio director del filme, Thomas Kail, aseguró que hubo un momento especial en el que supo que Johnson era todo lo que querían. “Estábamos haciendo una prueba de maquillaje y peinado. Cuando se puso frente a la cámara y se dio la vuelta con el cabello y los tatuajes, pensé: ‘Cuando lo tienes, lo tienes’. Dwayne tiene esa capacidad extraordinaria para conectar con chispa”, manifestó.
La nueva Moana
Si La Roca era una apuesta segura, la gran incógnita de la versión en carne y hueso de Moana era quién sería capaz de interpretar a la valiente protagonista.
La elección recayó en la actriz australiana Catherine Lagaʻaia, quien se quedó con el papel después de un largo proceso de audiciones que reunió a más de 32.000 aspirantes de todo el mundo. Para la intérprete, convertirse en la joven navegante también representó un compromiso con sus raíces.
“Poder representar a Polinesia, a las islas del Pacífico y, específicamente, a Samoa, de donde es mi padre, es algo con lo que siempre soñé. Hacerlo en esta película es un honor inmenso”, expresó.

Con Johnson y Lagaʻaia, participan en el filme más de 200 actores y actrices provenientes de distintas islas del Pacífico, una decisión con la que Disney buscó que la producción estuviera representada por personas de las mismas culturas que inspiraron la historia.
Moana: más que un remake
Aunque la película vuelve a contar la historia de la joven que responde al llamado del océano y desafía la prohibición de cruzar el arrecife para salvar a Motunui, detrás del espectáculo visual hubo un enorme esfuerzo por respetar las tradiciones polinesias.
Uno de los puntos más llamativos de la producción fue el diseño de vestuario, que estuvo a cargo de la tongana Liz McGregor, quien trabajó durante años junto con artesanos, museos y expertos de Samoa y Nueva Zelanda para recrear prendas auténticas.
Cada estampado que luce Moana tiene un significado específico. Los símbolos de sus vestidos representan las huellas de un ave marina antes de emprender el vuelo, una metáfora de su deseo de abandonar la isla y descubrir el mundo.
Su característica faja roja fue confeccionada artesanalmente y la guarda de su falda fue tejida completamente a mano por la artista Rowan Panther.

Maui tampoco quedó atrás. Su armadura ceremonial fue tallada a mano para contar la historia del semidiós y sus transformaciones, mientras que las enormes faldas hechas con hojas de la planta ti fueron confeccionadas diariamente por un grupo especializado de tejedores. Según McGregor, el traje que parece más sencillo fue, paradójicamente, el más complejo de realizar.
En total, el departamento produjo más de 2.000 prendas, todas confeccionadas especialmente para la película.
La autenticidad y el respeto por la cultura fueron prioridades para la producción desde el inicio. Disney conformó un Consejo cultural que fue integrado por lingüistas, antropólogos, especialistas en danza, tatuadores tradicionales y expertos en las culturas del Pacífico que acompañaron todas las etapas del proyecto.
Bajo constantes revisiones y asesoramiento, el consejo supervisó elementos tan importantes como los idiomas, las ceremonias, los tatuajes tradicionales de Maui, las coreografías, los movimientos de danza, los vestuarios y hasta la construcción de la aldea de Motunui.

Su participación también permitió que muchas técnicas ancestrales se incorporaran al rodaje, desde la elaboración de tejidos tradicionales hasta los sistemas de amarre utilizados para construir las canoas sin emplear clavos ni herramientas modernas.
Otro de los aspectos más recordados de la versión original de Moana fue su música y, en esta nueva entrega, los sonidos no perderán su protagonismo. La responsabilidad de esta arista vuelve a recaer en Lin-Manuel Miranda junto con Opetaia Foaʻi y Mark Mancina.
Al final, el gran atractivo de este regreso al océano no es únicamente comprobar cómo luce una de las películas animadas más queridas de Disney con actores reales. Es, sobre todo, ver a La Roca convertirse, por fin, en el Maui que durante años millones de personas solo habían imaginado detrás de una cabina de grabación.

