
Con una claridad que solo da el tiempo, sin ningún tipo prisa y sin estridencias, el dominicano Alex Ferreira estrenó el disco El arte de esperar; un trabajo que requirió paciencia para nacer, pero que al final llegó al mundo en el momento preciso.
Este álbum, que marca una etapa profundamente reflexiva en la carrera del cantautor, se presentará oficialmente en Costa Rica.
Que el disco se escuche por primera vez ‘en vivo’ en un concierto en nuestro país, no es algo circunstancial. Alex lo pensó mucho y quiso que sus seguidores ticos vivieran la salida a la luz de sus canciones porque, según él, los une un cariño muy especial.
“Tengo una relación no solamente musical, sino ya casi personal con Costa Rica. Me encanta ir, me encanta la cultura y me siento muy en casa ahí. No se me ocurre un mejor lugar para empezar esta aventura”, contó el artista en una conversación que tuvo con La Nación.
El concierto no será una presentación cualquiera. Ferreira, aunque también gusta de los espectáculos íntimos y acústicos a guitarra y voz, decidió que el alumbramiento en escenario de El arte de esperar fuera con todo. La experiencia será robusta, muy viva; todas las canciones respirarán distinto gracias a que el dominicano vendrá con su banda completa.
El show será el 17 de abril en El Mercado, en barrio La California, en San José. En esta ocasión aprovechará no solo para presentar las nuevas composiciones, sino también para recorrer sus discos anteriores.
Las entradas para este concierto están a la venta en el sitio alexferreira.com. El espacio es pequeño y cálido, así que el artista invitó a sus seguidores a buscar los boletos pronto para no quedarse fuera de la experiencia.
El arte de esperar, el disco que marca el tiempo de Alex Ferreira
En la entrevista con este medio, Ferreira habló ampliamente sobre su disco y el concepto que lo atraviesa: el tiempo.
No es una idea abstracta, sino algo constante. “Creo que la paciencia es una herramienta que siempre he utilizado a lo largo de mi vida; me ha traído cosas buenas. Este disco, por ejemplo, es un proyecto que coproduje con amigos, en el que me tomé mi tiempo”, comentó.
En ese mismo sentido, Ferreira dijo que para este disco grabó 30 canciones, de las cuales sobrevivieron solamente 10. Fue así porque Ferreira no solo se dio el espacio para crear, sino también para esperar, para escuchar lo creado.
“Todas las canciones que están en el disco fueron elegidas para armar este concepto que tiene que ver con el tiempo, que es como mi obsesión más reciente. Este disco lo he hecho con el tiempo a favor y con el tiempo en contra”, afirmó.
En el proceso y en la exploración de las ideas hay vida y cambios. Su paternidad, posiblemente, es el cambio más importante de todos, pues apareció como un punto de inflexión. “En términos personales, eso también enseña a ser un poco más paciente”, explicó.

Siguiendo con el hilo conductor, Ferreira se alejó de la lógica de la inmediatez de la industria, separándose de la exposición y de los algoritmos. Es decir, fue en contra de todo lo que ahora llamamos ‘moderno’.
“Es importante tomarse ese tiempo, sobre todo cuando hoy en día la industria musical parece que le exige a los artistas que estén constantemente publicando. Esta fue mi manera de combatir eso”, manifestó.
Al final, el resultado fue el que quería: un disco que no se encasilla y que tiene capas, texturas y viajes introspectivos. Hay elementos que son muy acústicos y otros más orgánicos; hay digital, hay electrónico, pero no deja de ser un disco de un latino, de un caribeño.
En esa historia está la mezcla que lleva en su vida: República Dominicana, España, Estados Unidos y México. Estas naciones son parte de las culturas que han forjado los sonidos de Ferreira y eso se nota en las canciones.
El artista es productor, músico independiente e ingeniero. Todas esas experiencias le dan una libertad creativa, pero en este caso decidió soltar un poco el control, o al menos, redefinirlo. “Sí quiero tener el control creativo, pero ahora estoy un poco más interesado en la crudeza de las cosas, en que suene vulnerable, que suene que tenga error. Creo que lo que es revolucionario, lo que se sale y resalta, es precisamente la crudeza y lo humano”, expresó.
Al final, el disco se convirtió en un punto de síntesis de su sonido y su recorrido. “Es muy importante en mi carrera, es el álbum en el que más he aprendido”, afirmó.
Posiblemente esa sea la clave del disco: no es un cierre, sino una apertura; es una invitación a escuchar con atención y sin prisa. “Me di a la tarea de intentar hacer una experiencia que se pueda escuchar de principio a fin”, explicó.
