
Ni hace comedia para agradar ni incomoda por el simple hecho de hacerlo; lo que busca el mexicano Carlos Ballarta sobre el escenario es complejo: observa lo que otros evitan y ahí es donde encuentra —en lo incómodo, lo absurdo y lo cotidiano— una forma de provocar risa.
El humorista regresará a Costa Rica el 23 de abril con su gira Naco Loading, un espectáculo que mantiene el sello que lo ha consolidado como una de las figuras representativas del stand-up comedy latinoamericano. Humor oscuro, crítica social y una frontalidad que no busca concesiones; con toda esa carga es que se presentará ante los ticos con una rutina afilada y madura.
Su estilo es único, irreverente y provocador. Es más fresco de lo que se puede esperar, pero detrás hay menos cálculo del que podría suponerse; así lo expuso el artista en una entrevista con La Nación previo a su presentación en nuestro país.
“La comedia es un género literario”, afirmó y a partir de ahí cuestionó la manera en que se analiza su trabajo, en especial al preguntarle si en él existen límites al tratar temas polémicos. “¿Por qué la gente piensa en esa pregunta en específico a alguien que se dedica a escribir comedia?”, reaccionó, explicando que a un escritor de drama o terror posiblemente no se le haría esta pregunta.
Y es que ese es precisamente el punto de partida; al hablar de límites, él afirma que no hay, porque el punto de partida es tener algo que decir. Justamente a partir de ahí es que su formación en el stand-up comedy quedó marcada: “Stand up and say something” (“Levántate y di algo”), explicó.
En el camino, el trabajo consistió en desarrollar una mirada propia sobre cualquier tema, por más complejo o incómodo que pareciera. Provocar risas a partir del racismo, la religión, la política, la violencia, la paternidad, la Iglesia, el Estado o la escuela no es fácil, pero él lo hace.
“Todo tema tiene material cómico y ese es el reto del comediante, que ve a través de una lupa para encontrar las partes graciosas de algún tema en particular”, dijo.

Esa búsqueda definió su carrera, pero también su evolución. Ballarta no concibe la comedia como algo estático; él más bien insiste en que su obra muta en la medida en la que él mismo, como persona, cambia. Es un proceso que describe como inevitable, que incluso tiene a la paternidad como parte esencial de los últimos tiempos.
Ejemplos de esa evolución son convertirse en padre, modificar hábitos o simplemente atravesar etapas de la vida. Todo influye en su manera de contar chistes; no es una estrategia, es una consecuencia de su propio proceso de vida.
“Tu forma de ver el mundo se ve reflejada en la escritura”, manifestó.
El vínculo entre vida y comedia se sostiene en su identidad escénica. Su presencia (o personaje) está marcada por el uso de lentes oscuros, que nació de un temor inicial a mirar al público, pero que se convirtió en un rasgo definitivo de su personalidad sobre el escenario. Sobre la tarima, su estilo también se reconoce por la forma en que articula ideas incómodas sin perder el ritmo ni la intención humorística.
El Carlos Ballarta sobre tarima es diferente al del diario vivir
De todos es sabido que un personaje artístico puede diferenciarse mucho de la persona que le da vida. Eso pasa también con Ballarta, quien contó que, aunque su posición y opinión de los temas que toca en sus espectáculos son suyas, quien habla frente al público es alguien diferente.
Hay un contraste evidente. “No soy tan vocal en mi vida privada, no me gusta generar discusión”, admitió.
El Carlos íntimo prefiere reservar su versión más confrontativa para el escenario. El del día a día se mueve en un espacio más introspectivo, donde muchas veces comienza su proceso creativo, a partir de conversaciones consigo mismo.

“La comedia está ahí en todos lados, te está llamando de manera constante”, agregó.
Su manera de escribir no es lineal; incluso hay distracciones que juegan a su favor. Confesó que, mientras escribe sobre un tema en específico, surgen ideas que no estaban previstas, pero que a la postre terminan funcionando mejor.
Su proceso creativo es, en muchas ocasiones, impulsivo.
Su espectáculo en Costa Rica no presentará cambios estructurales, pero sí algunos ajustes sutiles en el lenguaje; esto lo aplica en cada país donde actúa, ya que aprendió a lo largo de sus giras internacionales que una palabra puede marcar la diferencia entre la comprensión inmediata y una pausa que rompa el ritmo del chiste.
“Lo que uno quiere es que la gente, en su mayoría, entienda el 100 % de las palabras que se usan en tarima”, aseveró, por lo que su preparación es intensa antes de cada show. Planear el show implica adaptar términos, buscar sinónimos y evitar referencias muy localistas. Un cambio mínimo puede abrir nuevas posibilidades dentro del material.
“Es un trabajo bien bonito la comedia, como un rompecabezas que puedes armar de diferentes formas”, expresó.
En ese recorrido creativo, Costa Rica no es un destino ajeno, y por eso Ballarta asegura que le resulta especialmente cercano reencontrarse con los ticos.
“Siempre me han tratado muy bien. Se siente una vibra muy linda, muy cálida”, manifestó.
Esa conexión, precisamente, es clave en un espectáculo que no promete comodidad, sino una experiencia única para quienes han seguido su trabajo: risas que aparecen, muchas veces, en el mismo lugar donde surge la incomodidad.
El show de Ballarta será el 23 de abril en el CIC Ande, en Belén. Las entradas están a la venta en el sitio publitickets.com; los precios son: ¢28.000 en segundo piso, ¢37.000 en primer piso y ¢47.000 en VIP.
