
En los 90 bailábamos sin filtros, sin miedos y sin pedir permiso. Lo hacíamos al ritmo del pop latino y nos sabíamos de memoria las coreografías que inundaban salones de baile, fiestas y conciertos. Nadie pensaba en grabar el momento con un teléfono celular; lo importante era vivir la experiencia. La música no era fondo: era protagonista. Eso, justamente, es lo que se vivirá el 7 de febrero, cuando en Parque Viva una explosión noventera llene el escenario y evoque recuerdos de pantalones baggy y rayitos de colores en el cabello.
En Costa Rica, antes de que llegaran los años 2000, se bailaba sin descanso una canción que podía definir una fiesta entera: 1-2-3. “Tú que siempre estás feliz, no te preocupaste, no hubo más problemas si las manos levantaste”. ¿A qué la recuerda y de paso se emocionó? Con el éxito 1-2-3, los argentinos de El Símbolo se colaron en nuestro país con un baile que era pura alegría, letra positiva, un ritmo contagioso y, además, la voz de un galán que enamoró a muchos.
Más de 25 años después, Frank Madero, cantante de El Símbolo, recuerda aquella época con cariño, respeto y responsabilidad, pero con la convicción de saber que su voz fascinó y contagió a Argentina, Latinoamérica, Estados Unidos y hasta Europa.
El artista, junto a su grupo, es uno de los invitados a la primera edición del Viva los 90s Fest, que también contará con la presencia de Azul Azul (Bolivia), Charly Sosa (Uruguay), The Sacados (Argentina), Los Rabanes (Panamá) y a Tapón, La Kuarta, Grupo Requete y Pato Barraza por Costa Rica.
Así, el público tendrá asegurada una jornada llena de emociones, al ritmo de himnos latinos como La bomba, Mayonesa, Bikini a lunares amarillo, My commanding wife, Creada a mi manera y Cautiva del mar. ¡Qué montón de éxitos!

En entrevista con La Nación, Frank Madero mostró su emoción por regresar a suelo tico para compartir con sus fans, a quienes recordó como los más fiesteros que ha conocido en su carrera.
“Hace muchísimos años que no volvía, así que va a ser un placer reencontrarme con el público”, confiesa.
Sus recuerdos del país están cargados de imágenes intensas: programas de televisión, discotecas, fiestas, entrevistas, amigos y noches largas donde la música era el idioma común. “Uno de los públicos que más me prendió siempre fue el de Costa Rica. Hacíamos los shows y la gente cantaba todo”, dice.
Un símbolo noventero
Hablar de El Símbolo remite inevitablemente a su éxito más reconocido: 1-2-3 (Todos para abajo), una canción que ha sido etiquetada muchas veces como one hit wonder. Sin embargo, Frank lo ve desde otro lugar. “Fue toda una carrera. A lo largo hubo otros temas que también se instalaron en la gente y se hicieron clásicos”, explica.
Para sostener sus palabras, enumeró otros títulos que activan fácilmente la memoria colectiva: No te preocupes, Levantando las manos, Canta y Reversa.
Esos éxitos lo mantienen en el escenario, viviendo con más fuerza que antes y disfrutando de su trabajo de una manera muy diferente, porque ahora le canta tanto a la gente que creció escuchando sus canciones en casetes y CD como a quienes heredaron el gusto en listas de reproducción familiares.
En el escenario ocurre algo curioso, explica Frank: “La gente empieza a decir: ‘Ah, este tema también lo conozco’”. Es ahí donde se rompe el mito del único éxito y aparece una realidad más amplia: una generación que se sabe las canciones, aunque no siempre recuerde los nombres, porque las vivió.
A más de un cuarto de siglo de aquellas glorias noventeras, Frank disfruta al máximo del público que llega a sus espectáculos: padres, madres, hijos e incluso nietos. “Vienen madres de 40 con hijos de 20, se sacan fotos juntos. Es una locura. Se hereda”, comenta emocionado, dejando ver que nada de eso es casual.

Desde el inicio, Frank pensó la música de El Símbolo como algo transversal. “Cuando componía las letras trataba de que fueran para todo público. Desde los más chiquititos hasta los más grandes. Quería justamente llegar a todas las generaciones y ser un símbolo de alegría para todos”, afirma. Para el artista, no se trataba de contar lo que pasaba en un momento específico, sino de crear emociones duraderas.
La magia de los años 90
La música pop latina de los 90 se vivía de manera muy diferente a como se consume actualmente. Había una relación distinta, sin redes sociales ni plataformas digitales. La radio, la televisión y el boca a boca eran fundamentales. “Había que esperar al fin de semana para que en la discoteca pusieran la música. Había un montón de temas que solo escuchabas si estabas prendido a la radio o a la televisión. En la discoteca te quedabas hasta seis horas escuchando o tenías que comprar el CD. Tenía otro valor escuchar música”, asevera. Esa experiencia, manifiesta, también es parte de la nostalgia.
Además, el baile merece un punto y aparte, porque fue un elemento clave. Las coreografías no eran un complemento, eran parte del fenómeno y El Símbolo tiene una medalla en eso. Frank afirma que se inspiró a ponerle baile a la música durante una gira que realizó en Brasil; ahí vio que los cantantes se quedaban atrás del escenario mientras los bailarines al frente acaparaban todas las miradas.
Él fue también el coreógrafo de El Símbolo. “Si las bailaba yo, cualquiera las hacía. La idea era que todo el mundo bailara el tema”, expresa con una amplia sonrisa. En los 90, la música no se miraba desde el celular, se vivía con el cuerpo.

Hoy, El Símbolo sigue girando por el mundo. Países como España, Paraguay, Chile y hasta India son parte de un recorrido nostálgico que vivirá también Costa Rica. “Yo no termino de estar agradecido con el público. Con toda esa generación que sigue coreando los temas, bailándolos, escuchándolos en Spotify y que ponen las canciones para hacer gimnasia o en sus fiestas, reuniones y casamientos”, agrega feliz.
Detalles del Viva los 90s Fest
Viva los 90s Fest no será solo un concierto; será un reencuentro emocional con una época en la que la música se esperaba, se compartía y se bailaba en grupo. Es una reunión de amigos en una celebración intergeneracional, un espacio para volver al lugar donde muchos fueron felices.
Además de las agrupaciones y artistas que estarán en el escenario, el festival también presentará un show especial de AXE, a cargo del brasileño Neto Rangel.
Las entradas están a la venta en el sitio eticket.cr. Los precios y localidades son:
- Tavarúa y La Hacienda: ¢21.000.
- Tragaldabas: ¢27.000.
- Sambuca: ¢29.000.
- Colococo y El Cuartel: ¢34.000.
La fiesta será tremenda, porque los 90 no fueron solo una década: fueron una forma de sentir la música. El festival promete alegría con canciones que no envejecen, recuerdos que no se borran y siguen vigentes.
