La vida los hizo hermanos, la comedia los formó como colegas; las risas son su vehículo para hacer felices a los demás y también a ellos mismos. Kurt y Stephan Dyer son la muestra perfecta del dicho “lo que se hereda no se hurta”.
Ambos, nunca mejor dicho, son la prueba de que la pasión por algo puede más que el dinero, que los puestos de trabajo y que cumplir con las expectativas de los demás.
A punta de chistes y una chispa envidiable, los Dyer rompen esquemas y han labrado con su comedia un trayecto de éxito que los ha llevado a grandes escenarios.
Curiosamente, aunque hagan a cientos reír, confiesan que ninguno de los dos es el más gracioso de la familia; ese título se lo dejan a su hermano Alexis (el del medio y quien se dedica a la mecánica). “Nos deja en el piso volcados. La gente lo recuerda a él como alguien extraordinariamente gracioso”, reconoció Kurt.
Pese a que “no son los más chistosos de la familia”, las vidas de Kurt y Stephan se desarrollan en la comedia y el arte.
Kurt se ha destacado como músico y humorista, principalmente en el ámbito nacional. Sus presentaciones combinan la comedia con la música, la versatilidad que tiene como instrumentista y la capacidad de interpretar diferentes géneros y artistas en cada show.
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Stephan, por su parte, ha desarrollado su carrera humorística en el extranjero. Desde que era joven vive y trabaja en Canadá, así que sus espectáculos han calado no solo en ese país norteamericano, sino también en Europa, Estados Unidos y tarimas latinoamericanas.
Hermanos y colegas: los lazos de Kurt y Stephan Dyer
Kurt y Stephan tienen 48 y 37 años, respectivamente. Esos 11 de diferencia marcaron mucho la relación que forjaron desde pequeños. Para Kurt, ser el hermano mayor de Stephan lo ayudó a practicar para ser papá, aunque con una que otra “metida de patas” en el camino.
Cuando Stephan tenía unos seis años, su padre se fue a vivir a El Salvador. “Yo me quedé con una figura medio paterna con él, no en cuanto a buen ejemplo, pero al menos el hombre mayor en la casa”, contó Kurt.
Con este recuerdo salieron a la luz varias anécdotas e imágenes de los dos creciendo y aprendiendo juntos. “Fuimos muy cercanos. Tengo varias memorias de Kurt jugando básquet o fútbol conmigo. Haciendo figuras con fichas de dominó y filmándolas con la primera cámara de video que tuvo. Siempre defendiéndome de Alexis”, contó Stephan.
La convivencia de hermanos duró hasta que el menor se trasladó a vivir a El Salvador y después a México, pero los lazos siguieron muy fuertes, pese a la distancia.
En la adolescencia de Stephan, su hermano mayor le compartía música y videos. “No tenemos estilos de comedias similares, pero sí gustos parecidos. Yo le compartía poesías, Kurt tocaba canciones en la guitarra y me dejaba cantarlas. Los primeros escenarios a los que yo me subí en la vida, fueron con Kurt”, manifestó Stephan.
Años más tarde, lo que hizo Kurt para perseguir su sueño de ser artista y dedicarse por completo a hacer feliz a la gente, también fue una especie de premonición de lo que pasaría con Stephan.
En el 2009, Kurt renunció a un importante puesto de ejecutivo en la compañía Procter & Gamble para dar el salto oficial y de lleno a los escenarios. Poco más de 10 años después, el hermano menor hizo lo mismo: se retiró del puesto de Senior Manager en Scotiabank Toronto, para emprender con el humor.
“En los ojos de mis tatas fue como ‘este mae me va a hacer orgulloso, lo voy a mandar a un colegio en Canadá, lo voy a mandar a estudiar allá para que sea lo que yo siempre quise.’ Y este mae fue como ‘sorry, voy a renunciar.’ Eso fue un bombazo para mi tata”, contó Kurt.
En el caso de Kurt, la familia lo esperaba, porque él ya tenía una carrera artística de varios años; en el de Stephan fue toda una sorpresa.

Stephan, claramente, dio “un salto al vacío”, comentó Kurt. Él renunció al alto puesto bancario junto a un compañero, quien se convirtió en su socio y cómplice cuando fundaron juntos la escuela de comedia Malpensando.
-“Kurt me escribió en el grupo de WhatsApp de la familia: ‘Yo sé que te va a ir increíble’”
-“¿Yo dije eso?"
-“Sí”
-“¡Wow! ¡Qué buen hermano soy!"
“En mi familia no tenemos un ejemplo del logro de lo que hizo Stephan. No conozco a nadie en mi familia que haya tenido un salto al vacío como él, con esa determinación, y que finalmente le vaya tan bien. Es un ejemplo para todos”, manifestó orgulloso Kurt.
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Admiración de hermanos: Kurt y Stephan Dyer, comedias a su estilo
Los hermanos se quieren y se respetan, pero también se admiran uno al otro en sus estilos de comedia y arte.
El menor ve en el mayor un ejemplo, pero también es recíproco.
Entre los recuerdos infantiles de Stephan están las imágenes de su hermano Kurt viendo Seinfeld, El Chavo del 8 o Saturday Night Live. “Fueron horas de horas viendo, estudiando y disfrutando”, afirmó Stephan.
Sobre el estilo de su hermano mayor, aseveró que artísticamente su versatilidad es admirable. “Su comedia es observacional y muy bien escrita. Nadie o muy poca gente en Latinoamérica o en el mundo puede hacer lo que Kurt hace en cuestión de música, escritura, comedia, sketch, edición o fotografía. Es casi que el paquete completo y eso es muy difícil de encontrar”, explicó.
Su forma de hacer comedia no es mainstream, es original y auténtica. “Nunca va por el punch fácil”, agregó Stephan.
Además, afirmó que lo admira como padre.
Kurt, por su parte, tampoco se quedó corto en las palabras para describir el talento de su hermano menor. “Stephan es como extraterrestre. Él nació siendo un carajillo muy perfecto”, dijo.
Kurt comentó que su hermano tiene cualidades que él quisiera para sí mismo, como ser disciplinado y estudioso. “Lo que le faltaba era encontrar su nicho en la barra de la comedia y lo encontró, y ahora está más fuerte que nunca. Hace siete años nadie creía en él, pero él sí y eso es más que suficiente”, aseveró.

Lo definió como una persona inherentemente buena, amorosa y detallista. “Es un ejemplo para cualquier persona que quiera convertirse en lo que quiere ser, porque él empezó desde abajo”, agregó.
Kurt dijo que su hermano es “mega estúpidamente inteligente” y que por eso encontró la fórmula para hacer el mejor producto que podía en el contexto ideal. “O sea, yo ni con las horas de horas escenario que tengo, tengo el talento de Stephan para manejar un público”, manifestó.
Hacer reír, la meta de los hermanos Kurt y Stephan Dyer
Una canción de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, dice que “siendo tan escasos los momentos en que nos podemos divertir, vivan los payasos, los buenos payasos”, alabando la difícil profesión de hacer reír a los demás.
Esa profesión es de la que viven los Dyer, la cual es un trabajo que se basa en la felicidad, en la carcajada; pero que al mismo tiempo es cosa seria.
Stephan comentó que, de cara a presentar una rutina, siempre va enfocado en enfrentar de forma correcta al público que lo espera. “Sí, es una responsabilidad, pero creo que la confianza viene de haberlo hecho muchas veces”.
“A pesar de que de vez en cuando todavía tengo un poquito de nervios, simplemente digo: ‘¿Cuáles son las probabilidades de que esto no vaya a funcionar si ya funcionó 1.000 veces? Soy ocho veces mejor comediante que hace años’”, reflexionó.
Para él, lo importante es el orden óptimo de los chistes, de la rutina. Hay que saber alternarlos o eliminarlos según la recepción del público. “Todo lo considero como una bendición, porque ya estoy a un nivel en el que de 100 veces, tal vez cuatro me van muy mal o mal”, afirmó Stephan.
Kurt, por su parte, hizo una linda analogía sobre la comedia y la importancia de ella en su vida. “Siempre hice la equivalencia de hacer reír como recibir amor. Esa es un arma de doble filo, porque es exponerse ante la gente buscando amor a través de la risa y, cuando no se ríen, sentís lo contrario al amor”, dijo.
Para Kurt, su arte es una pulsión de vida y se manifiesta agradecido con el público que aprecia lo que hace.
En la misma línea de Kurt, Stephan añadió que es horrible no obtener las risas esperadas. “Es espantoso cuando no te va bien”, afirmó, pero fue enfático en decir que hay dos tipos de comediante: el que le echa la culpa al público o el que se cuestiona si se preparó bien (estar presente, hidratado o ver el video después de la presentación para tomar notas).
“Cada público es un microuniverso (…). Me fascina analizar a la gente (…). Hay eventos buenísimos, eventos más o menos, eventos malos. Yo trato de dar lo mejor que puedo dentro del pánico escénico que siempre voy a tener”, manifestó Kurt.
En resumen, la comedia es para los Dyer un trabajo que requiere análisis y disciplina. Más allá de sus estilos, muy diferentes entre sí, los dos hermanos han demostrado que en el humor el éxito no se improvisa, sino que se construye con talento y determinación.
Agradecimiento especial a El Social, en las inmediaciones del parque Morazán, por facilitar sus instalaciones para la sesión de fotos.
