Tobias Ovares. 23 noviembre, 2019
'Única mirando al mar' es protagonizada por Grettel Cedeño en el papel de Única Oconitrillo. Fotografía: Cortesía de Fabián Mena.
'Única mirando al mar' es protagonizada por Grettel Cedeño en el papel de Única Oconitrillo. Fotografía: Cortesía de Fabián Mena.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC, 2019), en Costa Rica, el 21% de los hogares se encuentra en situación de pobreza. Sumado a lo anterior, nuestro país se mantiene en la lista de las diez naciones con mayor desigualdad del mundo. Sobre estos ejes –pobreza y desigualdad– gravita la adaptación escénica de la novela Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras Castro.

El espectáculo se sitúa en un espacio sacudido por los conflictos entre dos personajes colectivos: los buzos del extinto “relleno sanitario” de Río Azul en Desamparados y una pandilla oligárquica integrada por periodistas, políticos, religiosos y fanáticos futboleros. En medio de todos, Sísifo –personaje exclusivo de la versión teatral– aparece como instrumento represor contra los pobres y símbolo de sus atormentadas existencias.

La dirección de Jaime Hernández recupera los sucesos más importantes de la novela, sin que la anécdota llegue a ser lo primordial. El énfasis recae en las acciones y corporalidades de los personajes que habitan ese universo de ficción. Por ejemplo, los oligarcas acechan como si fueran aves de rapiña, la pareja de novios se mueve en el registro de la danza y Sísifo transita con una rigidez, a cuestas, que lo transforma en un autómata.

Estos cuerpos construyen sensaciones de extrañeza alrededor de los personajes realistas como Única o su esposo Mondolfo. La mezcla bien equilibrada de caracteres empuja los hechos hacia una especie de realismo expandido que permite entender la lucha de clases como fenómeno histórico concreto y también como un valioso insumo para la exploración artística, sin caer en poses dogmáticas o lastimeras.

Hernández acierta en el diseño de acciones simultáneas que le permiten al público liberar su mirada a fin de tejer su propia secuencia de acontecimientos. Además, administra con buen tino los ritmos e intensidades, sin permitir que el escenario se agote o vacíe de sentidos. En general, destaco su esfuerzo y el de su equipo para preservar –con actitud humanista– la dignidad de los personajes menos favorecidos.

La obra se apoya en la notable banda sonora compuesta por Bernal Villegas. La música incidental amplifica, exitosamente, la tensión dramática de las escenas más conflictivas. Las canciones –con letra de Fernando Contreras– abren el mundo interno de los personajes para dejar fluir esa compleja mezcla de sentimientos provocados por las vivencias inmediatas.

En su conjunto, las canciones podrían funcionar, con total independencia, como una ópera de gran belleza melódica y lírica. Sin embargo, fueron evidentes los fallos en el canto de algunos intérpretes. Las pifias de afinación se complicaron por la falta de micrófonos que habrían evitado el sobreesfuerzo de competir contra fondos pregrabados, en especial aquellos con instrumentos de percusión.

Única mirando al mar esboza las contradicciones de un país en el que la justicia plena es una utopía. La puesta reafirma la idea de que algunas de las experiencias escénicas costarricenses más relevantes de los últimos años (La isla de los hombres solos, 2016; Mamita Yunai, 2018 y El sitio de las abras, 2018) se fundamentan en narrativas que abordan el tema de nuestras vergonzosas asimetrías sociales.

Ficha artística:

Dirección: Jaime Hernández.

Texto y adaptación: Fernando Contreras.

Actuación: Grettel Cedeño González (Única), Erick Córdoba López (Mondolfo), Arturo Campos Solano (Bacán), Winston Washington Cummings (Oso Carmuco), Carlos Rodríguez Delgado (Sísifo), Marián Li (Llorona), Ana Paula Rivera Villarreal (Novia), Gabriel Araya Herrera (Novio).

Diseño de escenografía y utilería: Francesco Bracci.

Diseño de luces: Jody Steiger.

Diseño de vestuario: Rolando Trejos.

Música original: Bernal Villegas Soto.

Coreografías: Ana Paula Rivera Villarreal.

Asesoría coreográfica: Jimmy Ortíz.

Preparador vocal: José Arturo Chacón.

Diseño gráfico: Mariela Richmond.

Asistente de vestuario: Verónica Quesada.

Asistente de dirección: Arturo Campos Solano.

Producción: Compañía Nacional de Teatro.

Espacio: Teatro de La Aduana.

Fecha: 15 de noviembre del 2019.