Cultura

Ara Malikian, el virtuoso violinista que toca Bach y Led Zeppelin, aterriza en Costa Rica: ‘La música es emoción’

El intérprete de origen libanés no hace distinciones en la música: es un maestro del repertorio clásico, así como un imponente intérprete de temas populares. Malikian conversó con 'Viva’ con miras a su concierto del 8 de junio en el Teatro Melico Salazar

Sería muy sencillo describir a Ara Malikian como un músico rebelde. Ya con solo tocar clásicos de la música sinfónica, como Chaikovski, Mozart y Vivaldi, con un look desenfadado –melena suelta, camisa sin mangas, tatuajes expuestos– podría valerle la etiqueta de subversivo.

Como si fuera poco, este violinista libanés es atrevido no solo con su apariencia, sino también con su repertorio. En sus conciertos y discos suele alternar títulos usuales de la música clásica con piezas populares de distintas latitudes. Uno puede encontrar entre sus presentaciones canciones de Led Zeppelin, Radiohead, Björk, Guns N´Roses, Andrés Calamaro y Enrique Bunbury, por citar algunos ejemplos.

Incluso así, no sería justo encasillarlo en el adjetivo de rebelde por una sencilla razón: no cree que la música deba polarizarse entre lo masivo y lo académico.

Con un ambicioso concierto de dos horas, Malikian y su banda se presentarán en Costa Rica el 8 de junio en el Teatro Popular Melico Salazar, como parte de la gira Royal Garage Tour. El músico conversó con Viva antes de su llegada al país.

–Su repertorio abraza música de todo tipo. ¿En qué momento de su vida supo que quería dedicarse a tocar una sinfonía de Bach y también música de carácter masivo como Guns N’ Roses, por ejemplo?

–Fue poco a poco. Crecí al principio en el mundo más clásico, pero por obligación tenía que ganarme la vida y empezaba a tocar en clubs y en bodas... Así, descubrí otro tipo de música que abrió mi horizonte y concepto de la música. Luego, durante muchos años, viví en el mundo de la música clásica, pero rápidamente vi que este mundo no era lo que me satisfacía; necesitaba algo más, aprender algo nuevo. Poco a poco, abrí mi horizonte y mi mente; gracias a muchos viajes que emprendí, descubrí muchas culturas y conocí instrumentistas diferentes que me enriquecieron hoy día.

–¿Fue una decisión difícil darse cuenta que quería ser parte de ambos mundos musicales?

–No, al revés. Fue de un modo muy natural. No lo decidí buscar, fue como la casualidad de la vida que, donde iba, me encontraba con algo que me hacía feliz. Fue muy fácil y me dejé llevar.

–Imagino que algún sector conservador podría criticar esa apertura a tocar música clásica y popular en un mismo concierto. ¿Cómo maneja usted esas críticas?

–Por supuesto que hay mundos que a veces se vuelven muy cerrados como el clásico, el jazz, el flamenco, el tango... Es cuestión de conceptos. Mi concepto es abrir la mente, aprender, siempre hacer algo que me inspire. Hay personas que te critican pero es normal. La crítica te hace crecer, te enseña y he aprendido, después de tantos años, que para quien yo toco es para el público que viene a verme y para mí. No toco para aquellos que vienen a criticar. Creo que estos críticos son una minoría que no es tan importante; lo importante es el público que viene. Tú como artista tienes el deber de hacerlos felices, por eso me entrego con cuerpo, alma y corazón. El público que viene no te va a reclamar si la interpretación que has hecho es fiel o no al manuscrito del compositor. Lo que el público quiere es emocionarse. La música es emoción.

–Ante una paleta de posibilidades tan amplia, ¿cómo elige su repertorio para los conciertos y lo que decide grabar en discos?

–Es verdad que es difícil porque hay tanta música maravillosa que es complicado escoger solo lo que uno puede poner en un disco o en un concierto. En el último disco, por ejemplo, había tantas cosas por incluir que hicimos un doble CD y lo mismo en el concierto. El concierto en Costa Rica será de dos horas y media: es un largo viaje musical en que hay mucha música de diferentes estilos. Por eso, veo el concierto como un viaje de épocas, culturas y emociones.

–Aprovechando esta percepción de la música como un viaje, ¿qué le ha aportado Latinoamérica a su identidad musical?

–La verdad que me cambió la vida; primero, personalmente y luego, artísticamente. Descubrí la música latinoamericana cuando empecé a vivir en España, hace 20 años, donde conocí muchos músicos de la región y la verdad es que hasta entonces mis conocimientos de Latinoamérica eran muy básicos. A partir de ahí, empecé a tocar con músicos latinoamericanos y descubrir esta música fue un día y noche. Fue un cambio radical de inspiración muy grande. Hoy, a pesar de que no he nacido en un país latinoamericano, me siento de algún modo de la región porque me siento muy cercano a la cultura, la gente y a su música.

–Regresando al tema sobre su apertura musical. ¿Qué opinión tiene de la enseñanza sinfónica? ¿Cree que aún es muy conservadora?

–Creo que se está intentando abrir más al público. Hay muchos proyectos que permiten llegar a más gente, en especial a jóvenes. Eso está muy bien y es esperanzador. En Europa, hay lugares con mayor tradición y les cuesta abrirse al público de masas y de jóvenes, pero creo que el cambio va a venir. Creo que la música clásica ha existido hace siglos y no hay riesgo de que desaparezca. Lo único es que va a suceder un cambio y va a estar en manos de jóvenes más innovadores. Pasará lo que tenga que pasar; es inevitable y es la ley de nuestra sociedad, de nuestra vida. Las cosas siempre crecen y evolucionan. Temprano o tarde será ese cambio.

–Ya que habla sobre la juventud, ¿por qué cree que a algunos jóvenes les cuesta conectar con la música sinfónica?

–Pues creo que por miedo, por miedo de lo que justamente te enseña este mundo tan cerrado de la música clásica. La música clásica no se puede apreciar si no la conoces, piensan algunos; entonces, los jóvenes tienen miedo porque no la conocen y les da miedo aventurarse. Pensar esto es una pena porque ninguna música hay que conocerla para disfrutarla. La música hay que sentirla y disfrutarla. En nuestros conciertos hemos visto la prueba porque tocamos Bach, Chaikovski, Mozart e, igual tocamos, Led Zeppelin, Guns N´ Roses, Björk, y el público que está acostumbrado a escuchar rock y pop de repente descubre a Vivaldi y queda impresionado. Esto es una muestra de que las músicas pueden convivir perfectamente.

–Hablando de jóvenes, usted ha compartido con públicos infantiles. ¿Cómo diferencia la experiencia de tocar conciertos para niños con los recitales dirigidos a adultos?

–Creo que el público infantil es el mejor público, es el que más me ha enseñado. Gracias a ellos, he aprendido y crecido. Los niños son muy sinceros, directos y, cuando tocas para ellos, te dan una reacción a la música, que si les gusta te lo muestran y si no, te lo dicen en la cara. Es maravilloso vivir la música con tal honestidad. Sigo haciendo estos conciertos porque yo los necesito más que ellos a mí. Es importante también para que los jóvenes tengan acceso a la música, sin importar si serán profesionales en esto o no en el futuro. Cuando un niño sabe apreciar la belleza del arte, pues crecerá como un ser más sensible y respetuoso.

–En el caso de los niños que aspiran a ser músicos, ¿cree que el talento se trae o se forma?

–Creo que todos los niños nacen con talentos. Lo que pasa es que se determina en su crianza. Por supuesto, es importante el entorno en que uno crece, con el trabajo y el sacrificio para ser músico. Como cualquier cosa en la vida, hay que trabajar, estudiar y sacrificarse, pero el talento está en todos los seres humanos.

–Muchos de estos jóvenes, en algunos casos, visualizan su futuro a través del respaldo de los concursos de talento. ¿Qué formación puede existir en estos formatos, si es que existe?

–Pues no soy partidario de los concursos de talentos. Creo que es un engaño que se hace a la sociedad. Para ser un artista no se puede formar uno en un mes o dos meses. Es cuestión de muchos años y muchos sacrificios. creo que estos programas están hechos para entretener unas horas y para pasar el tiempo. Es una pena porque he visto gente joven que ve los programas y lo que sueñan es con ser famosos de un día para otro. Ser artista no es ser famoso. Lo primero que hay que querer hacer es disfrutar tu arte, conocerte, aprender a hacer música, y la fama, si llega, es algo secundario. Estos programas son poco sanos si uno quiere convertirse en artista.

–Naturalmente, no existe un solo camino para convertirse en artista, pero qué le diría a estos jóvenes aspirantes.

–Lo primero no es un secreto: estudiar trabajar y dedicar mucho tiempo. Lo segundo es descubrir tu propia personalidad, tu voz, tu camino y no imitar a otros.

–La imitación es algo que suele ser usual en concursos de talento...

–Creo que sí, creo que viene de alguna manera programado. Todos estos concursantes cantan de una sola manera porque es lo único que ven. Eso, para mí, no es ser artista porque no estás buscando tu voz. Creo que para conseguir tu voz hay que hacer un trabajo de muchos años. Es de una vida entera, pero este proceso es lo que te hace feliz.

Disfrute el espectáculo

Malikian visitará el país para promocionar el disco Royal Garage con su banda, en la que se destacan Humberto Armas, Iván Ruiz, Georvis Pico, Iván Melón Lewis y Antonio Carmona. El concierto será en el Teatro Melico Salazar el 8 de junio, a las 8 p. m. Los tiquetes se pueden conseguir en eticket.cr. Los boletos para luneta, palco del primer piso y balcón del segundo piso cuestan ¢52.000; para el palco del segundo piso, ¢40.500; en el balcón del tercer piso, ¢34.500; en el palco del tercer piso, ¢27.000 y en galería, ¢23.000.

Jorge Arturo Mora

Jorge Arturo Mora

Periodista de cultura y sociedad para Viva, Áncora y Revista Dominical.

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