Jorge Arturo Mora. 24 julio, 2018
Camila Murillo entre semana cursa el noveno grado de colegio y los domingos se convierte en Heidi. Foto Jeffrey Zamora
Camila Murillo entre semana cursa el noveno grado de colegio y los domingos se convierte en Heidi. Foto Jeffrey Zamora

Aunque los altos árboles que la rodean no pertenecen a los Alpes y el lago que se postra detrás de Camila Murillo no es suizo sino el de la Sabana, se crea una extraña metamorfosis en una adolescente de solo 15 años.

Después de haber posado por media hora frente a una cámara inquieta, Camila Murillo solo se quita la peluca de su atuendo de Heidi, personaje que se ha colado en su vida casi de manera endogámica, desde que le dieron el papel protagónico en la obra que se montó en el Teatro Espressivo.

Con el cabello negro, lacio y largo, y la peluca caramelo, colocha y corta en las manos de su madre, la muchacha es una metáfora en sí misma. Del cuello hacia el cabello es Camila; del cuello hacia el talón es Heidi. No podría resultar más conveniente su atuendo a medio andar.

“Practicando las cualidades de Heidi, dándome cuenta cómo habla y cómo ve a las personas, me di cuenta que me parezco bastante a ella. Es muy activa, muy infantil a veces, así que no fue tan difícil como pensé”, dice Camila con la voz melosa.

Podría resultar increíble que, a tan temprana edad, Camila pueda compartir escenario con actores de largo aliento en las tablas como Gustavo Rojas, Luis Daell y Ana Clara Carranza.

Con el aroma a teatro musical, Camila baila, canta y actúa mientras es Heidi, una niña huérfana que vive con su abuelo en Suiza.

La pregunta que ella misma toma como remanente de toda la experiencia es: ¿dónde termina Heidi y dónde empieza Camila?

Como cuento mágico
Solo basta ponerse el vestuario de Heidi para que Camile adopte los gestos del personaje. Foto Jeffrey Zamora
Solo basta ponerse el vestuario de Heidi para que Camile adopte los gestos del personaje. Foto Jeffrey Zamora

Un viernes de marzo, Camila se despertó pensando que sería un día como cualquier otro. Iría al colegio, desayunaría con su familia y navegaría en internet algunas horas como si no pasara nada.

Todo estaba planeado para que un día ordinario se gestara hasta que una notificación al correo electrónico hizo vibrar el celular de Camila.

“Un día antes de la audición para Heidi, me llegó el texto de la obra”, recuerda entre risas Camila, a quien le contaron sobre las audiciones en su academia de baile. “Fue bastante caótico porque tenía que hacer todas las tareas y apenas terminaba me puse a practicar. No había experimentado con el canto pero me sentía un poco más cómoda con la parte del baile”, rememora.

La idea de estar frente a un escenario no sería algo completamente nuevo para Camila. Para su dicha, desde los 2 años baila, y a los 6 años comenzó a llevar clases de teatro en su escuela con el dramaturgo Fernando Thiel.

“Ya mi mamá y mi abuela sabían cómo era yo y me hacían ensayar varias veces. Si algo no salía, tenía que seguir dándole. Al final, logré aprenderme las tres escenas pero sí tenía un poco de miedo por lo que podría pasar”, recuerda.

Cuando pasaron las horas y Camila se enteró que estaba a punto de pisar el escenario del Teatro Espressivo para su audición, los nervios comenzaron a enredarse entre sus brazos. Sentía un temor atípico porque la situación lo ameritaba: de todas las aspirantes al personaje, ella era la única menor de edad y la única que no era actriz profesional.

“Incluso me sentía incómoda porque la siguiente muchacha más joven tenía 19, pero pasamos las escenas, me distraje y agarré la manera de sentirme bien. Como que solito se fue dando todo”, asegura.

“Camila ha demostrado mucha actitud desde pequeña. Es muy activa, extrovertida y sabe trabajar en grupo. El teatro no es solo texto, sino también ser espontáneo y ella lo entendió muy rápidamente”, dice el dramaturgo Fernando Thiel.

Camila, a manera de juego, imaginó que todo sucedía como un mundial de fútbol. Al comienzo, ocho muchachas aspiraban por el personaje. Después, la lista se fue acortando hasta que quedaron dos “finalistas” y la circunstancia cambió: Camila debía compartir escenario con los candidatos a tomar los roles de Clara y Pedro, amigos de Heidi en la obra.

“Yo estuve desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde en pura audición. Al final, nos preguntaron la disponibilidad de ensayos y al día siguiente me llamaron. Todo pasó demasiado rápido y, a partir de ahí, todo fue ensayos hasta que estrenamos el 7 de julio. Convivir con los actores y encontrar el personaje durante todo este tiempo fue algo muy lindo, algo que no se olvida fácilmente”, confiesa la muchacha.

Lo que comenzó como ensayos los martes y jueves, con prácticas de canto los sábados, se agigantó con las semanas. Según el recuerdo de Camila, el último mes fue de ensayos diarios y su rutina cambió. Sin victimizaciones ni nada similar, Camila dividió sus días entre el colegio, ensayos que comenzaban a las tres de la tarde y terminaban a las ocho de la noche, y elaboración de asignaciones colegiales a partir de las nueve.

“Las últimas semanas hubo un nivel de cansancio que nunca había sentido, sobre todo porque se cruzó con la semana de exámenes. A veces era caótico, pero también queda esa satisfacción de poder dejar bien la obra”, dice Camila con humildad.

Día a día
Camila Murillo aún no sabe si su futuro estará en el teatro. La pregunta le asusta pero a la vez la entusiasma. Foto Jeffrey Zamora
Camila Murillo aún no sabe si su futuro estará en el teatro. La pregunta le asusta pero a la vez la entusiasma. Foto Jeffrey Zamora

Como si se tratara de una película, esta muchacha recorre a diario los pasillos de su colegio con la mente dividida en dos: lo que diría Camila y lo que diría Heidi.

Cada hora, en medio de ajetreos con útiles escolares y libros llenos de biología y ejercicios matemáticos, Camila piensa cómo puede mejorar su interpretación cada fin de semana.

Para la misma muchacha le resulta chistoso pensar tanto en un nombre que hace unos meses apenas le sonaba.

“Yo nunca había visto nada de Heidi”, dice Camila grácilmente. “Mis papás son fanáticos de ella, como la mayoría de adultos que conozco, pero para la audición tuve que ver la película que está en Netflix y algunos episodios de la serie. Como tarea de los ensayos, leí el libro para saber cómo la describían, y ya me siento toda una experta en Heidi”, bromea.

“Sí sabía quién era y por supuesto había escuchado lejanamente lo de ‘abuelito dime tú’, pero de ahí en fuera no conocía nada”, dice Camila y ríe.

Es muy sorprendente la capacidad de juego que tiene Camila, la retención de marcaciones, y la interacción con otros personajes. Tiene como una dulzura muy especial, algo que sale de manera orgánica", dice la directora Gladys Alzate.

El día del estreno (el 7 de julio) la joven actriz se llevó una sorpresa. Sus conocimientos e interés por la Heidi la llevaron al nivel de haberse aprendido todas las líneas del resto del elenco, razón suficiente para fumigar los nervios de su cuerpo.

“Empecé a pasar corrido por todos los papeles y desapareció la preocupación. Del pánico, empecé a tener otros temores como que el vestuario fallara o algo así, pero todo salió bien”, recuerda.

Las risas incontrolables de los niños que llegaron a mirar el espectáculo poco a poco hicieron estabilizar cualquier temblor en su cuerpo nervioso y el disfrute de la actuación, el canto y el baile fue plenitud espontánea.

Además, el compromiso y la inmersión por el significado de Heidi en su vida llevó a Camila a dotar su interpretación con otro nivel de compromiso.

“A mí me parece que Heidi representa muchos valores y prioridades que los niños pueden identificar. Siento que el mensaje de la obra es que no se necesitan distracciones para la vida, sino la familia, sea el abuelo para Heidi, sea la abuela para Pedro, sea el padre para Clara. Hay cuestiones sociales y culturales que encierran al final a toda la familia”, afirma Camila.

Personalmente, la muchacha no difiere mucho de la filosofía de vida de Heidi.

“Ha sido un proceso de mucho crecimiento para mí, que me expone a muchas cosas y a un público muy diferente. Me ha hecho pensar en cosas que no había podido explorar, incluso en la pregunta de si quiero dedicarme a esto más adelante”, confiesa. “Lo importante es que lo disfruto bastante y por dicha no soy la única”; dice con una sonrisa fija.

Sobre el espectáculo
Gustavo Rojas (izquierda) interpreta al abuelo de Heidi. Foto: Cortesía Daniela Fernández
Gustavo Rojas (izquierda) interpreta al abuelo de Heidi. Foto: Cortesía Daniela Fernández

Heidi es la nueva producción del Teatro Espressivo. Con una adaptación de José Fernando Álvarez, el libreto se apega fuertemente a la obra original, que recrea la historia de una niña huérfana llamada Heidi que llega a vivir con su abuelo en los Alpes suizos.

Con una vocación por la admiración a la naturaleza, Heidi recrea las amistades con Pedro, un niño pastor de ovejas; y Clara, una niña en silla de ruedas.

Bajo la dirección de Gladys Alzate, y un elenco completado por Gustavo Rojas, Bryan Vargas, Andrea Miranda, Nicole Laurent, Ana Clara Carranza, Luis Daell, Jonnie Obando y Laura Barquero, este espectáculo infantil se presenta en el Teatro Espressivo, ubicado en el Centro Comercial Momemtum Pinares. La entrada para la obra es de ¢10.000 para infantes menores de 12 años y ¢15.000 para adultos. Los tiquetes se pueden adquirir en boleteria.espressivo.cr o en la boletería del teatro. También se puede reservar llamando al 2267-1818.

Heidi estará en cartelera hasta el 7 de octubre, con funciones los domingos a las 11 a. m. y 2 p m.