Víctor Fernández G.. 2 noviembre
Rami Malek como Freddie Mercury. 20th Century Fox
Rami Malek como Freddie Mercury. 20th Century Fox

Bohemian Rhapsody es una película que se vende sola, sin necesidad de mucho empuje para convencernos de ir a verla a una sala de cine. Estar frente a una obra que aborda la vida del mítico Freddie Mercury y su inmortal banda, Queen, ya es suficiente para seducir aún al más casual de los espectadores (y ni qué decir de todos los que hemos llorado algún campeonato al compás de We Are the Champions).

Tras ver la película –de estreno este fin de semana en los cines de Costa Rica y el mundo– hay más argumentos a su favor para echar a mano. Es cierto que la cinta dista de ser perfecta (ni aspira a serlo), y que podríamos debatir por horas sobre las amplias licencias que sus autores se toman frente a la verdadera historia de Queen, pero eso es para los puristas. Bohemian Rhapsody es tan buena como sus circunstancias lo permiten (el drama interno de la producción fue demencial), y para quienes lloramos la partida de Mercury es bienvenida.

Antes de enumerar 10 rasgos notables de la película del director Bryan Singer (aunque su paternidad está en disputa), es bueno advertir que en adelante encontrará abundancia de detalles sobre la trama, que si bien está basada en historia real y documentada, no por eso carece de agradables sorpresas. Entonces, con la debida alerta de spoilers lanzada, entremos en materia.

1. Rami Malek

Malek es un actor de referencia para la actual generación de consumidores de series de televisión de alta calidad, gracias a su asombroso trabajo protagónico en Mr. Robot, serie dramática por la que ya ganó un premio Emmy. Sin embargo, es claro que para el gran público que asistirá a ver Bohemian Rhapsody, Rami es un descubrimiento.

El actor estadounidense hace un trabajo maravilloso en su encarnación de Freddie Mercury, al punto de que uno bien puede olvidar que se trata de una interpretación y termina la película creyendo que tuvo al mismísimo Freddie frente a los ojos todo el tiempo. Sin ser fan a muerte de Queen, Malek se metió de lleno en el estudio de su personaje y copia a la perfección los movimientos y expresiones del cantante. Su actuación es por mucho lo mejor de la película y a nadie debería extrañar el que sea favorecido con postulaciones en la próxima temporada de premios cinematográficos (de por sí, sabido es el gusto de los votantes de las distintas academias por las actuaciones en biopics musicales de alto perfil).

Joe Mazzello (John Deacon), Ben Hardy (Roger Taylor), Rami Malek (Freddie Mercury), y Gwilym Lee (Brian May). Foto: Alex Bailey/Fox.
Joe Mazzello (John Deacon), Ben Hardy (Roger Taylor), Rami Malek (Freddie Mercury), y Gwilym Lee (Brian May). Foto: Alex Bailey/Fox.

2. El soundtrack

Partamos de un hecho indiscutible: Queen es uno de los mejores grupos de rock de todos los tiempos. En virtud de una aclaración tan obvia, es lógico que la banda sonora de la película sea espectacular.

La selección de canciones bien pudo ser un clon de los múltiples discos de éxitos de Queen y aún así quedar bien, pero afortunadamente va más allá. Si bien es inevitable incluir algunas de las canciones referentes del cuarteto, también hay espacio para sorpresas y novedades. En una movida inteligente, la producción uso los audios originales de Queen en las escenas musicales, dejándole a los actores el reto de acoplarse a la actuación de Freddie y compañía. Esto abrió la puerta a que el soundtrack contenga insignes grabaciones en directo, incluyendo cuatro de las siete canciones que Queen interpretó en el concierto benéfico Live Aid, de 1985, siendo esta la primera vez que se ponen a disposición del público en formato de audio (de Live Aid hablaremos más adelante).

Otro aporte curioso es la inclusión de una nueva versión de Doing All Right, a cargo de Smile, la banda que Brian May y Roger Taylor tenían en la década de los 70, previo a conocer a Mercury. Para la ocasión, los dos músicos volvieron a grabar el tema junto a Tim Staffell, el vocalista de Smile y quien, sin querer, con su salida propició la formación de Queen.

Y, para rematar, el disco también incluye una particular versión del clásico tema musical de los estudios 20th Century Fox (productores del filme), arreglada y grabada por May y Taylor.

3. Canciones protagonistas

Bohemian Rhapsody es tanto la historia de Freddie Mercury como de sus canciones. El protagonismo está compartido casi por iguales entre el carismático artista y la obra que nos dejó, y ese es uno de los grandes aciertos del filme.

La película se desarrolla de mano de las canciones, y su cronología está marcada por la aparición de algunos de los temas más insignes de Queen. Así, la cinta nos mete en la historia (romantizada, si se quiere) de los procesos de gestación y grabación de los clásicos Killer Queen, Bohemian Rhapsody, The Love of my Life, We Will Rock You, Another One Bites the Dust y I Want to Break Free. Además, la historia cumple en reconocer el aporte individual de los distintos integrantes en la creación de esos temas (Deacon con su línea de bajo para Another One Bites the Dust; May potenciando la interacción de la audiencia en We Will Rock You, y el genio desatado de Mercury en la perfeccionista grabación de Bohemian Rhapsody). Además, hay que aplaudir el buen espíritu de la banda en reconocer que en medio de tanto éxito, también hay canciones suyas que son un mal chiste (I’m in Love with my Car, por ejemplo).

4. El humor liviano

Desde que se anunció el plan de hacer un filme sobre la historia de Mercury, sus responsables fueron claros en que no sería en la línea sombría y muy dramática de otras biografías musicales llevadas al cine (Ray, Walk the Line o Straight Outta Compton, por mencionar algunos ejemplos), sino en un tono más ligero y si se quiere familiar, siempre con el objetivo de preservar la leyenda de Freddie, no de derribarla.

La vida de Freddie Mercury tuvo mucho más drama de lo que el filme admite; eso no se discute. Sin embargo, el centrarse en los aspectos más positivos y livianos de su historia funciona en este caso, a sabiendas de que la película apunta a ser un éxito de taquilla por encima de un favorito de la crítica.

Este tratamiento permitió a los guionistas impregnar los diálogos de un humor permanente, dándole oportunidad al público de reírse – y con frecuencia– de lo lindo. Las extravagancias de Mercury son balanceadas con los comentarios punzantes e ingeniosos de sus compañeros de banda, dando pie a intercambios propios de una buena comedia.

5. El culebrón del cambio de director

El drama que le falta a Bohemian Rhapsody en la pantalla le sobró en el set de rodaje. La película primero pasó por un largo proceso de preproducción, con cambios frecuentes de personal. Originalmente, Sacha Baron Cohen sería quien le daría vida a Mercury, pero abandonó el proyecto tras “diferencias creativas” con los integrantes sobrevivientes de Queen.

Cuando finalmente la película empezó a rodarse en setiembre del 2017, con Bryan Singer en la silla de director, todo parecía ir sobre ruedas. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año estuvo a punto de colapsar, luego de que Singer fuese despedido por Fox tras haberse ausentado sin explicación del rodaje por varios días. En aquel momento, el efecto Harvey Weinsten sacudía la estructura hollywoodense y Singer fue uno de los muchos poderosos mencionados por la prensa como un posible abusador, tras años de acusaciones de parte de muchachos hacia el director por supuestas agresiones sexuales (ese mismo mes un joven lo demandó por presuntamente haberlo violado cuando era menor de edad). Además, múltiples versiones surgieron sobre el mal ambiente generado por el cineasta entre el equipo de la película, y, en particular, su pésima relación con Rami Malek.

Con un tercio de la película aún por rodar, Dexter Fletcher fue llamado como director de reemplazo, aunque al final Singer fue acreditado como el único director del filme, dadas las reglas de la Unión de Directores de Estados Unidos (Fletcher aparece como productor ejecutivo).

Bryan Singer recibió crédito como director de la película, aunque fue despedido a medio rodaje. El cineasta desapareció del ojo público desde entonces. AP
Bryan Singer recibió crédito como director de la película, aunque fue despedido a medio rodaje. El cineasta desapareció del ojo público desde entonces. AP

6. May, Taylor y Deacon

Nadie discute que vender la película como “la historia de Freddie Mercury” es correcto. Sin embargo, el filme también deja claro que Queen fue ante todo un grupo, y que el guitarrista Bryan May, el baterista Roger Taylor y el bajista John Deacon son tan importantes en el legado de la banda como su flamante vocalista.

Como es costumbre en el manejo de cualquier producción que involucre a Queen y su obra, May y Taylor tuvieron un rol activo en el filme, tanto como asesores como productores. Y también como es usual, Deacon se abstuvo de involucrarse, manteniéndose firme en su retiro de la escena musical y pública, y solo ligado con Queen en temas de negocios (aunque May confirmó que el bajista sí se mostró de acuerdo con el proyecto y dio su visto bueno).

Los tres músicos tienen su espacio dentro del largometraje para mostrarse, aunque sus historias personales quedan completamente de lado ante el peso de la biografía de Mercury. Aún así, Bohemian Rhapsody hace honor a Queen como banda, y eso se agradece.

7. Un tema generacional

Estamos ante una película que aspira a ser para casi todas las edades y que, esperamos, sea la puerta de entrada para las nuevas generaciones a la obra de Mercury. Sin embargo, es innegable que hay que haber vivido a Queen, para captar toda la esencia del filme.

Mi primer contacto con Queen fue siendo niño en los 80, cuando el video de Another One Bites the Dust era condenado por casi-satánico (posíblemente por la gorra con cachos que usaba Freddie). Sin embargo, los que entonces éramos niños tuvimos nuestra oportunidad de nutrirnos de Queen como colegiales a partir del repunte de popularidad de la banda derivado de la muerte de Freddie, en 1991 y que alcanzó su pináculo con el espectacular concierto en homenaje al artista, en el que las estrellas de nuestras generación (Guns N' Roses, Metallica...) rindieron tributo a Queen y sembraron su obra en una nueva camada de fans.

La película es fácil de digerir, cualquier puede verla. Sin embargo, hay algo ya incrustado dentro de todos los mayores de 30 años que provoca lágrimas, risas y aplausos en muchos pasajes de la película. Los que pidieron alguna vez a la radio que les pusieran para grabar We Are the Champions lo saben.

8. El abordaje de la sexualidad de Freddie

Cuando el primer tráiler de Bohemian Rhapsody se liberó meses atrás, hubo alarma entre la comunidad LGTBI ante la posibilidad de que tanto la sexualidad de Mercury como su muerte a causa del sida estuviesen disminuidos. Afortunadamente, la película no le huye al tema.

Freddie fue bisexual (aunque la película es específica en identificarlo como homosexual) y una de las primeras víctimas notables del sida. Todo eso es sabido. El artista, sin embargo, siempre fue hermético sobre sus preferencias sexuales y se cuido de no confirmar o negarlas ante los medios. Igualmente, su reconocimiento público de que padecía sida se dio apenas 24 horas antes de su muerte.

La película es igual de cauta que Mercury en el manejo del tema, sin ponerle especial énfasis. Aún así, no esconde que Mercury mantuvo múltiples relaciones con hombres a lo largo de su vida, así como que fue uno de los tantos miles de gais que sucumbieron ante la epidemia del sida que impactó con fuerza a esa población en los años 80. Ni él ni el mundo de aquel entonces podían sospechar que 25 años después, la vida de un homosexual podía ser presentada desde una perspectiva positiva en una película pensada para ser vista por todo el planeta.

9. El chiste de Mike Myers

La película está llena de pequeños guiños, diseñados especialmente para el disfrute de los fanáticos de Queen. Sin duda que en esa línea la mejor broma está en la pequeña pero memorable participación del actor canadiense Mike Myers, quien interpreta al desesperante ejecutivo de la disquera EMI que se niega a promocionar Bohemian Rhapsody y asegura a los músicos que aquella canción de seis minutos y coros extraídos de la ópera nunca será un éxito.

El personaje de Myers es una creación de los guionistas, inspirados en muchos ejecutivos discográficos que descalificaron en su momento el trabajo de Queen. La ironía está en que Myers, en 1992, fue uno de los responsables de relanzar a Queen en las listas de popularidad, y muy en especial a Bohemian Rhapsody, tema que volvió a los primeros lugares por segunda ocasión. Myers es el protagonista de la exitosa comedia Wayne’s World, que incluye la memorable escena en la que los personajes cantan a todo galillo la canción dentro de un auto (doble puntaje por ello a la línea de la nueva cinta, en la que Myers les dice a los de Queen que Bohemian Rhpasody no es el tipo de música que haría a un adolescente sacudir la cabeza dentro de un carro).

Según explicó Myers recientemente a Stephen Colbert, Wayne’s World originalmente utilizaría una canción de Guns N' Roses para la escena del auto, pero él insistió en que tenía que ser BR, al punto de que incluso amenazó con renunciar a la película si no se incluía la tonada de Queen.

El mundo desde entonces está en deuda con Mike Myers.

10. Live Aid

Celebrado el 13 de julio de 1985, Live Aid es considerado uno de los conciertos más importantes de todos los tiempos. Organizado por el músico Bob Geldof como un llamado a enfrentar la hambruna en África, reunió en una sola jornada en dos escenarios –Londres y Filadelfia– a lo mejor del talento musical disponible en aquel momento: The Who, Phil Collins, Madonna, Sting, Black Sabbath, Bob Dylan, Duran Duran, Elton John, The Beach Boys, David Bowie, U2, y la terrible reunión de los miembros sobrevivientes de Led Zeppelin.

En medio de aquel derroche de grandes nombres, los historiadores coinciden en que fue Queen el que se robó el show.

Live Aid es uno de los puntos altos en la historia de Queen, y posiblemente la última gran presentación en vivo de Mercury, cuya salud empezaría a deteriorarse en los años siguientes. Por esto, la película da gran preponderancia a aquella actuación, al punto de recrear con fidelidad milimétrica cuatro de las canciones a como la banda las tocó en el estadio de Wembley: Bohemian Rhapsody, Radio Gaga, Hammer to Fall, y We Are the Champions, además de la imperdible secuencia “Ay-Oh”, en la que los miles de espectadores repiten el cántico de Mercury. La película omite de su recreación a Little Thing Called Love (posiblemente por los evidentes problemas de audio que sufrió el grupo durante su interpretación), y We Will Rock You, que recibe su espacio propio en la cinta durante su proceso de grabación (May y Mercury esa misma noche volvieron al escenario del Live Aid para interpretar Is This the World That We Created?, que no es parte de la película).

La recreación de los 20 minutos de Queen en el Live Aid es por mucho el segmento más notable y emotivo de la película. Es imposible al verlo no sentirse inmerso en el concierto e incluso sumarse al coro multitudinario en Radio Gaga. La producción reprodujo el escenario en sus dimensiones reales y reunió a cientos de extras para la escena, aunque buena parte de la fanaticada fue generada, con extraños resultados, mediante computadora.

Aquí la película manipula sin empacho los tiempos, pues muestra que Mercury le contó a sus compañeros de grupo sobre su diagnóstico de VIH positivo durante los ensayos previos al Live Aid, cuando es sabido que el cantante se enteró de su condición hasta 1987. Esta licencia sin duda le dio una tremenda carga de emotividad a la participación de Queen en el megaconcierto para efectos de la película.

Queen en Live Aid es considerada una de las actuaciones en vivo más memorables de la historia y posiblemente los 20 minutos mejor aprovechados en los archivos del rock and roll. La película rinde un justo homenaje, y nos devuelve a los tiempos en los que cuatro virtuosos eran suficientes para sacudir al mundo desde una tarima, sin necesidad de luces, efectos o pantallas.

El jueves en la noche, al terminar la función en el cine Magaly, la sala en pleno aplaudió de buena gana. No sé ustedes pero yo, ahí mismo, prometí que volvería a ver Bohemian Rhapsody en cines... se lo merece.