William Venegas. 2 noviembre, 2018
Gwilym Lee (Brian May) y Rami Malek (Freddie Mercury) protagonizan el filme. Foto: Alex Bailey.
Gwilym Lee (Brian May) y Rami Malek (Freddie Mercury) protagonizan el filme. Foto: Alex Bailey.

Con la banda Queen en la grupa, la vida de Freddie Mercury está contada con doble filo por la bien lograda película Bohemian Rhapsody (2018), y se presenta con aguda entereza gracias a la excelente actuación de Rami Malek.

La dirección se la acreditan a Bryan Singer, pero lo cierto es que los productores lo sustituyeron por Dexter Fletcher, mientras a Singer lo acusaban de “comportamiento errático”. Igual, el actor Rami Malek vino a sustituir al actor primeramente pensado, Sacha Baron Cohen, para éxito personal del primero.

El doble filo de la película se muestra con su visión del personaje central, porque Freddie Mercury es visto unas veces con la bondad cristiana del Sermón de la Montaña, pero en otras es retratado con la dureza con que Jesús expulsó a los mercaderes del templo.

Con esa contraposición, Bohemian Rhapsody logra que amemos al personaje, pero que, igual, nos indigne en los momentos más tontos de su conducta. Desde ambas posibilidades, entendemos no solo al personaje, sino que se hace nuestra la música que lo caracteriza: es su unidad.

Eso es lo mejor del filme. Algunos críticos lo cuestionan por su exceso musical, pero debemos entender que esa melodía operático-roquera es también signo protagónico de la película, esto es, vale como personaje abstracto y está más allá de las fórmulas roqueras simples.

Ello nada tiene que ver con si nos gusta o no ese tipo de música: en el filme es recurso para contextualizar el drama de Freddie Mercury y, por ende, el de la banda Queen. No solo para contextualizar, también refuerza los tonos contrastados del filme.

Sin menospreciar la comedia llevada al sarcasmo, Bohemian Rhapsody va desde la intimidad sentida del melodrama (por ejemplo, la historia de amor entre Mary Austin y Freddie Mercury) hasta el más apretado tono trágico. Para su bien lograda construcción dramática, la banda Queen viene a ser el coro clásico que entona los ditirambos con su música.

La puesta en imágenes se llena no solo de fuerza e intensidad con su narración, a la que se le puede acusar de cierto abuso con las elipsis, sino que pareciera que la película toda se empapase de sudor, ese que salta contagioso con las melodías del grupo Queen.

Con la metamorfosis de la incipiente banda Smile, el filme es más débil al principio, pero luego crece y crece hasta lograr su cumbre narrativa y visual con la importante presencia de Queen, el 13 de julio de 1985, en el Live Aid, en Londres, en el estadio Wembley.

Dicho concierto fue acto generoso de los roqueros para combatir la indignante hambruna en Etiopía. Hoy, ese concierto es recuerdo y es parte de esta buena película; lo malo es que las hambrunas persisten en África. No se pierdan Bohemian Rhapsody y ojalá puedan repetirla.

Título original: Bohemian Rhapsody

Estados Unidos, 2018

Género: Drama

Dirección: Bryan Singer

Elenco: Rami Malek, Lucy Boynton

Duración: 134 minutos

Cines: CCM, Cinépolis, Nova, Cinemark, Magaly

Calificación: CUATRO estrellas ( * * * * ) de cinco