
Carolina Jaikel no habla desde la resignación; lo hace desde un lugar al que llegó después de tocar fondo.
Este Viernes Santo, la esposa del exfutbolista Bryan Ruiz apareció en una entrevista frente a la comunicadora Lizeth Castro en el programa Desde el alma y narró el momento cuando los médicos del MD Anderson Cancer Center, en Houston (Texas), le dijeron que no había cura.
“Nos hablaron de tiempo… no de cura”, resumió.
Jaikel padece cáncer de pulmón con metástasis ósea en el sacro.
Desde que recibió el diagnóstico, ha compartido los detalles de su tratamiento en redes sociales —para inspirar a otras personas, indica ella— y el 31 de enero reveló en Instagram que su enfermedad se encuentra en fase 4.
“Cuando uno transita la vida con un diagnóstico de un cáncer fase 4 —que los doctores dicen que no se cura— cada día es un milagro”, escribió entonces.
No obstante, fue en la entrevista divulgada en línea este Viernes Santo cuando describió la escena que marcó un antes y un después: la primera cita en el MD Anderson.
“Lo que puedo ofrecer es un poco de tiempo y calidad de vida”, le dijeron.
“Yo estoy en fase cuatro. Al principio, lo que intentan es alargar lo más posible y dar la mayor calidad de vida a los pacientes”, explicó Jaikel en la entrevista a Castro junto a su esposo.
En esa etapa, los médicos aún esperaban resultados de un escaneo corporal completo orientado exclusivamente a detectar tumores adicionales.
El panorama que manejaban era sombrío: el tumor principal estaba en el pulmón derecho y la metástasis había llegado hasta el sacro izquierdo. Eso significaba que el cáncer había recorrido el cuerpo entero.
“Podían haber tumores en cualquier otro lado —detalló—. Y había bastante probabilidad de que se fuera al cerebro. Un 25%, 30%, y no lo sabíamos en ese momento.”
Dos horas de rodillas
Ese día fue, según Jaikel, el más difícil de su vida.
“Cuando a uno le dicen ‘tiempo y calidad de vida’… ese fue el día más duro.”
Al volver al hotel donde se hospedaban, ella y Bryan Ruiz tenían un pequeño altar improvisado. Ahí se arrodillaron. “Bryan y yo debemos de haber llorado dos horas. Por lo menos yo. Bryan, entre lloraba y… dos horas de rodillas.”
La imagen de sus dos hijos —de siete años y de casi nueve— era lo que les pesaba. “¿Qué hace uno con eso? Solo entregárselos a Dios.”
Ruiz, presente en la entrevista, no era ajeno al desconsuelo, pero su esposa lo describe con una entereza que ella misma tardó en comprender.
“Él siempre estuvo súper positivo. Había algo en él… Ahora vuelvo a ver para atrás y creo que él siempre ha estado mucho más agarrado de Dios que yo en ese momento.”
Lo que vino después contradijo el escenario que los médicos habían anticipado. Los resultados del escaneo total no mostraron tumores adicionales: solo los dos ya conocidos. La misma asistente médica que había dado el primer pronóstico quedó desconcertada.
“Ella misma se sorprendió de sobremanera de que no había otro tumor. Solamente había dos, entonces podíamos ir con todo a atacar los tumores, principalmente el sacro”, narró Jaikel.
Era una ventana que los médicos no esperaban. “Médicamente, más bien estaban esperando encontrar otro tumor. Era prácticamente un 90% de posibilidad.”
Jaikel reconoció que en aquel primer momento estaba devastada, mientras su esposo procesaba la situación de otra manera.
“Brian siempre está esperando lo mejor. A él lo más triste que le ponía era verme a mí de la manera en que yo estaba.”
