
Un grupo de jóvenes en Estados Unidos decidió abandonar sus dispositivos modernos durante un mes. Ellos participaron en el desafío “Un mes offline” para alejarse de las redes sociales. La iniciativa busca reducir los efectos nocivos de la tecnología en la salud mental.
Jay West, analista de datos de 29 años, relató que al inicio buscaba su celular en el bolsillo por inercia. Él explicó que la experiencia resultó liberadora y que aprendió a aceptar el aburrimiento como algo positivo. Durante este tiempo, los participantes utilizaron aparatos de tapa muy sencillos.
Rachael Schultz, de 35 años, tuvo que pedir direcciones a ciclistas en la calle ante la falta de mapas digitales. Por su parte, Lizzie Benjamin escuchó música en discos compactos grabados por su padre. Bobby Loomis indicó que antes del reto ni siquiera lograba terminar de ver un programa de televisión sin distraerse con la pantalla.
Científicos alertan desde hace tiempo sobre la relación entre la adicción al celular y la ansiedad. Un tribunal de California dictaminó en marzo que plataformas como Instagram y YouTube son responsables de generar esta dependencia. Según una encuesta de YouGov, el 66% de las personas entre 18 y 29 años desea pasar menos tiempo frente a las pantallas.
Kostadin Kushlev, investigador de la Universidad de Georgetown, afirmó que alejarse del teléfono inteligente mejora el bienestar personal. Él señaló que los beneficios en la capacidad de atención perduran en el tiempo. En varios campus universitarios ya existen grupos que promueven estas “dietas” digitales.
Josh Morin, organizador en Washington, considera vital ofrecer alternativas sociales atractivas para romper el hábito. Su programa incluye reuniones semanales en bares para fomentar la vida comunitaria. La empresa Dumb.co opera actualmente este proyecto.
La inscripción al programa tiene un costo de $100. Este monto incluye el préstamo de un celular viejo con funciones básicas como llamadas y mensajes. La empresa espera alcanzar los 1.000 participantes durante el mes de mayo.
Graham Burnett, profesor en la Universidad de Princeton, comparó esta tendencia con el surgimiento del movimiento ecologista de 1960. Él cree que este es el inicio de una transformación cultural profunda. Kendall Schrohe, de 23 años, concluyó el reto en enero y eliminó su cuenta de Instagram.
Schrohe ahora se orienta en su barrio sin ayuda digital y lidera su propio grupo de apoyo. Ella comentó que siente optimismo ante lo que considera el comienzo de un movimiento importante para la sociedad.
