
Con el precio del combustible “por las nubes”, profesores y estudiantes de la Universidad de Costa Rica (UCR) investigan si un gas conocido hace 200 años podría resultar la “cura milagrosa” para reducir el gasto en gasolina y diésel de la entidad y, de paso, alargar la vida útil de los motores.
Se llama oxihidrógeno, un gas en extremo inflamable que serviría como aditivo para motores de gasolina y diésel. El truco sería adaptar al vehículo una celda con agua, de la cual se extrae este gas.
El experimento cumple un año en fase de laboratorio en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería. Lo lidera el profesor Pedro Casanova Treto y los estudiantes de Ingeniería de Biosistemas, Randall Astorga Agüero y Óscar Badilla Sánchez. La idea parece simple; probar que funciona es otra cosa.
Casanova explicó que ya crearon un prototipo de celda, la cual se alimenta desde un tanque con agua destilada mezclada con electrolitos. Un electrolito es una sustancia con iones libres que sirven como conductores eléctricos.
Al aplicarse un potencial eléctrico de 13,8 voltios a la celda, cuando el líquido pasa por allí, el electrolito genera un proceso de electrólisis en el agua que descompone sus moléculas y las transforma en oxihidrógeno (una mezcla de dos gases: oxígeno e hidrógeno).
Casanova agregó que, en próximos meses, crearán una celda más pequeña. Esta se adaptará a un vehículo donado por la UCR para hacer mediciones de potencia en el motor y de emisión de gases.
El reto. Su meta es confirmar que, al mezclar el aditivo con el aire de admisión que ingresa a las cámaras del motor, es posible mantener la potencia pero con menos combustión a base de hidrocarburos.
El grupo insiste en que ya confirmó que el oxihidrógeno sí sirve como combustible y genera emisiones más limpias en forma de vapor de agua. Esto, explican, conserva mejor las partes del motor.
Cuando perfeccionen la celda electrolítica y la pongan en un carro, desean extender el accesorio a toda la flotilla vehicular de la UCR.
Siendo conservadores, dijeron, esta adaptación podría ahorrarle a la entidad 10% de gasto en combustibles. No obstante, Casanova agregó que “literatura científica documenta ahorros de hasta 50%”.
Además, el diseño de la celda hará que solo cuando se encienda el vehículo, se genere el gas. Según se acelere, así variará el volumen generado. Al apagarse el automóvil, se interrumpirá la producción. Esto, señaló, agrega seguridad al sistema, a diferencia de vehículos impulsados con celdas de hidrógeno las cuales, opina, son de más cuidado por ser altamente inflamables.
“Lo que hacemos no es nuevo. Ya se vende esta clase de adaptación pero sin garantía o prueba de que funciona. Nuestro fin es confirmarlo y documentar los resultados”, sostuvo Casanova, ingeniero mecánico experto en energías renovables. En el mediano plazo, la meta es crear una celda de electrólisis con nanopartículas de níquel como electrolito, las que incrementan la eficiencia en la producción de oxihidrógeno.
Lo que sí descartan es patentar las invenciones. Su afán es investigativo y su objetivo es publicar artículos científicos de sus hallazgos. Anhelan divulgar el conocimiento al público y que los posibles beneficiados circulen sobre asfalto tico.
