Sergio Salazar. 18 julio, 2019

La llegada de las ciudades inteligentes a Costa Rica pareciera cada vez más distante. Al menos así quedó evidenciado en el informe “Hacia la Sociedad de la Información y el Conocimiento 2019”, del Programa Sociedad de la Información y el Conocimiento de la Universidad de Costa Rica (Prosic-UCR), dado a conocer recientemente.

Según este documento, a la fecha, ninguna ciudad costarricense puede ser considerada una ciudad inteligente ya que los proyectos que buscan esto en el país están desarticulados. Además, existe “una falta de claridad con respecto a lo que debe ser considerado como una ciudad inteligente”.

El Plan Nacional de Desarrollo 2015- 2018 (PND) y el Plan Nacional de Desarrollo de las Telecomunicaciones 2015-2021 (PNDT), consideran que para tener una ciudad inteligente, se debe digitalizar la misma, pero difieren en los componentes que deben conformar cada ciudad.

Por su parte, el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2015-2021 (PNCTI) considera a la inteligencia comunitaria como el punto de partida.

Un largo trayecto

La búsqueda por implementar ciudades inteligentes en Costa Rica se ha librado en tres frentes: los esfuerzos gestados por entidades del Gobierno Central, los esfuerzos de las municipalidades y las soluciones tecnológicas desarrolladas por el sector privado.

Entre estos esfuerzos, el estudio rescata el trabajo que desde el 2015 comenzó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt), en el que se realizó una investigación en torno a las experiencias de los demás países, en sus intentos por instalar este tipo de urbes.

El resultado de estas mediciones se publicó en el Índice de Ciudades Inteligentes 2016, cuyo principal resultado fue que en ese momento ningún cantón costarricense podía ser considerado como una ciudad inteligente por la baja digitalización de los centros educativos, así como la carencia de infraestructura con banda ancha y el escaso apoyo a las pequeñas y medianas empresas.

La razón detrás de este señalamiento es que para la Contraloría “la instancia (Micitt) no estableció preliminarmente las fases del proyecto y tampoco definió las especificaciones requeridas para el indicador propuesto en el PND”.

Esfuerzos positivos

Ahora, si bien no se ha logrado establecer una Ciudad Inteligente, los esfuerzos individuales han presentado resultados muy positivos.

Un ejemplo de esto son los proyectos impulsados por el Consejo de Transporte Público para recopilar información sobre las rutas y la distribución espacio-temporal de los autobuses a través de un Centro de Gestión y Control Operativo.

O bien, el convenio con las municipalidades de San Carlos, Montes de Oca, San José y Alajuela para poner a disposición un sistema de cámaras para monitorear las vías de tránsito

También, la empresa Radiográfica Costarricense ha puesto en manos de los costarricenses postes inteligentes que incorporan el suministro electrónico y redes wi-fi, postes eólicos auto-sostenibles, reconocimiento facial y de placas, entre otros.

Los expertos del Prosic señalan que todos estos proyectos son importantes aportes en el camino hacia las ciudades inteligentes “sin embargo, estos se caracterizan por constituir acciones aisladas que no tienen relación entre sí”, reduciendo de esta manera el potencial impacto y alcance que podrían tener si tuviesen algún grado de articulación.

De todos los proyectos puestos en marcha, la Estrategia de Transformación Digital hacia la Costa Rica del Bicentenario 4.0, es la que mayor integración presenta.

El problema reside en que esta estrategia no nació para generar un marco de referencia en torno a ciudades inteligentes, aunque muchos de sus ejes y líneas de acción podrían ser implementadas para cimentar las bases para desarrollar proyectos de este índole a nivel municipal.

En su inicio, las ciudades inteligentes nacieron como modelos de sostenibilidad ecológica, como una opción que vela por dar solución a los desafíos vinculados con las emisiones de carbono y gases contaminantes, buscando a la vez una adaptación al cambio climático. Foto: Shutterstock
En su inicio, las ciudades inteligentes nacieron como modelos de sostenibilidad ecológica, como una opción que vela por dar solución a los desafíos vinculados con las emisiones de carbono y gases contaminantes, buscando a la vez una adaptación al cambio climático. Foto: Shutterstock

Para concluir el informe, los investigadores señalaron que las experiencias exitosas internacionales así como el análisis de las iniciativas de ciudad inteligente identificadas a nivel nacional, dejan claro que para tener proyectos de este tipo es necesario contar con una visión de desarrollo territorial integral que no es única para todas las ciudades.

Se deben considerar aspectos como la geografía, la extensión territorial y las particularidades socio-históricas, culturales, políticas y económicas de cada zona.

Por ende, las ciudades inteligentes suelen ser muy diferentes entre sí aunque en ellas sea posible encontrar ciertos elementos o áreas comunes. Las soluciones creadas son distintas así como el modo en que se implementaron.

La construcción de una ciudad inteligente no puede ser entendida como un proceso a corto plazo, es un proceso ejecutado de manera paulatina y por fases o etapas, es un proyecto a largo plazo, explicaron los autores del informe.

El proceso para lograrlo implica el diagnóstico del estado de situación de los cantones en términos de ver sus necesidades, requerimientos, fortalezas, oportunidades, debilidades, amenazas y riesgos de las municipalidades.

Según los investigadores, es necesario desarrollar mecanismos que favorezcan la participación ciudadana, la rendición de cuentas y la inclusión de los habitantes de la región en la toma de decisiones.

Asimismo urge crear espacios de discusión para definir un término de ciudad inteligente que se adecue a las particularidades de Costa Rica.

¿Qué son las ciudades inteligentes?

La definición de una ciudad inteligente no es sencilla de redactar. Desde 1990 se ha hablado de este término, inclusive, en los años 50 se mencionan este tipo de ciudades.

En general, una ciudad inteligente tienen como elemento central las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), con las que es posible realmente hacer “inteligentes” a las ciudades.

Este tipo de urbes proponen la optimización de los servicios que brindan a la población, a través del desarrollo de sistemas que permitan una interconexión e integración de los recursos.

De igual manera, buscan incorporar soluciones tecnológicas digitales para crear y mantener de manera efectiva y eficiente las infraestructuras y ecosistemas, para beneficio socioeconómico de la población, garantizando de esta manera, una mejor calidad de vida.

La idea de este tipo de ciudades es utilizar la tecnología para dar solución a una mayoría de problemas urbanos como lo pueden ser: la creciente concentración de la población, el aumento de los niveles energéticos o el incremento de la demanda en seguridad.

El estudio “International Issues & Slovak Foreign Policy Affairs: European research and innovation for smart cities”, señala que el diseño de estas soluciones tecnológicas se debe basar en cinco áreas:

  1. La dinámica urbana: monitorear la ciudad a través del diseño de indicadores que permitan conocer el desempeño de esta y las transformaciones sociales, económicas y ambientales que suceden a lo interno.
  2. La gestión pública: identificar las medidas, requerimientos y tecnologías que puedan ayudar al cumplimiento de objetivos de política pública.
  3. Análisis de los recursos urbanos disponibles.
  4. Adaptación a cambios medioambientales: Generar modelos de evaluación de impacto del cambio climático para mejorar la toma de decisiones.
  5. Impacto en los servicios públicos de la ciudad: Analizar la oferta y demanda en infraestructura de servicios públicos, que puedan ser claves en el funcionamiento de la ciudad.