Marco Marín. 12 julio
De acuerdo a la Oficina de Prensa del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), las víctimas debían prestar servicios sexuales que eran pagados directamente a la sospechosa. Las mujeres cobraban ¢20.000 por hora y recibían un porcentaje de parte de la mujer arrestada. Foto: OIJ
De acuerdo a la Oficina de Prensa del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), las víctimas debían prestar servicios sexuales que eran pagados directamente a la sospechosa. Las mujeres cobraban ¢20.000 por hora y recibían un porcentaje de parte de la mujer arrestada. Foto: OIJ

Una mujer de 63 años, administradora de una sala de masajes en el paseo Colón, en San José, fue detenida este miércoles como sospechosa del delito de proxenetismo.

La captura estuvo en manos de oficiales de la Sección de Delitos contra la Integridad Física, Trata y Tráfico del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), quienes encontraron en el local comercial a tres mujeres de nacionalidad costarricense, una nicaragüense y una venezolana.

Ellas, en apariencia, debían prestar servicios sexuales que eran pagados directamente a la sospechosa. Según el OIJ, cobraban ¢20.000 por hora, pero solo recibían un porcentaje menor de parte de la arrestada.

De acuerdo a la Policía Judicial, la investigación se inició hace varios meses y, tras una serie de vigilancias y seguimientos, los agentes lograron determinar que la mujer –cuya identidad no trascendió– utilizaba la sala de masajes como mampara para prostituir a sus congéneres.

Durante el operativo los agentes también pudieron decomisar importante evidencia como efectivo y celulares.

Al cierre de esta edición se informó de que la sospechosa fue remitida con un informe al Ministerio Público para determinar su situación legal.

El mes pasado, seis jóvenes con edades entre los 20 y 30 años, que eran ofrecidas para servicios sexuales, fueron encontradas por agentes del OIJ dentro de una casa allanada en Escazú.

Los oficiales detuvieron en el sitio a una mujer de 32 años, de apellidos Castro Aráuz, como sospechosa de proxenetismo.

Según explicó en aquel momento Luis Ávila, subdirector del OIJ, Castro usaba las redes sociales para ofrecer empleos de masajistas a las muchachas. Empero, una vez que las jóvenes llegaban a la entrevista de empleo, en la sala de masajes, las amenazaba o las convencía para prostituirse.