Reinaldo Picado Miranda, exmilitar de la resistencia nicaragüense exiliado en Costa Rica, arreglaba el portón de una casa, en San José, el 14 de setiembre de este año, cuando fue atacado a balazos. Por “un descuido”, el portón había quedado abierto y él permanecía agachado en el corredor de la vivienda, recogiendo escombros, cuando sintió el impacto de dos proyectiles en las costillas.
“Estuvimos metiendo material y seguramente alguno de los enemigos que me estaban siguiendo me miró y empezaron a darme cacería”, teorizó.
En cuestión de segundos, recibió otros dos impactos y tuvo que ser trasladado de emergencia a un centro médico de la capital.
El ataque le dejó dos heridas de bala en las costillas y otras dos en el brazo izquierdo. Desde entonces, intenta recuperarse de las lesiones, recibe atención médica y forma parte del programa de víctimas y testigos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), pues su vida corre peligro.
Picado, también conocido como el comandante Omar, no duda en responsabilizar a la dictadura nicaragüense de Daniel Ortega y Rosario Murillo por el atentado, que la Policía Judicial mantiene en investigación.

“No me van a silenciar. No lo van a lograr. Mientras yo pueda hablar o respirar, siempre voy a seguir en la lucha, siempre voy a estar con ese ánimo y ese espíritu alzando la voz y denunciando los crímenes que han estado cometiendo (en Nicaragua)”, dijo.
Picado, fundador de la Resistencia Campesina Azul y Blanco, una organización humanitaria creada en Costa Rica por exiliados nicaragüenses, relató a La Nación que ha sido víctima de persecución durante años en territorio costarricense, pero los ataques en su contra se han intensificado en los últimos meses.
El disidente aseguró que fue víctima de otro atentado a finales de junio de este año, el cual logró frustrar.
Según su relato, caminaba hacia una parada de autobús en Tres Ríos, en La Unión de Cartago, cuando un vehículo azul lo interceptó. De este descendió un hombre armado, a quien alcanzó a ver de reojo.

Picado continuó caminando mientras el sujeto lo seguía, hasta que se detuvo y logró sujetar la mano del hombre antes de que este pudiera disparar.
Ambos forcejearon durante unos segundos hasta que el gatillero, después de lanzar un insulto, huyó del lugar. Este caso también está en manos de la Policía Judicial.
Reinaldo afirmó que el sospechoso está detenido desde hace dos semanas. Según indicó, las autoridades a cargo de la investigación le comunicaron que el sujeto, en apariencia, pertenece a una organización criminal asentada en Guanacaste.
Solicitud de extradición
Este opositor al régimen sostiene que, entre 2018 y 2021, la dictadura le extendió múltiples propuestas para que regrese a ese país, bajo la promesa de que no le sucederá nada.
“Lo que hay es una persecución política. La Rosario (Murillo) siempre ha querido persuadirme a mí misma manera, pero nunca lo ha logrado, porque soy una persona que me he caracterizado por tener una misma cara. Mi familia ha sufrido, hemos sufrido; yo no puedo permitir que un sinvergüenza venga a sobornarme para que trabaje con ellos, eso yo no lo permito”, afirmó.
El Ministerio Público de Nicaragua solicitó en 2022 la extradición de Reinaldo por dos homicidios ocurridos ese mismo año en ese país. Se trata del mismo caso por el que fue acusado el opositor Douglas Gamaliel Pérez Centeno, quien fue detenido extraditado desde Costa Rica a Nicaragua el 16 de febrero del 2024.
Desde entonces, no existen pruebas de vida de Pérez Centeno y organizaciones de derechos humanos, como el Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua, han denunciado que el disidente continúa en condición de desaparición forzada.
En esa misma solicitud de envío figura Pedro Javier Fernández Sandoval, quien fue detenido en Costa Rica en febrero del 2025, luego de que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo solicitara su arresto. Fernández fue liberado un año después.

En 2022 Reinaldo también fue detenido por la policía costarricense. Su aprehensión se reportó el 18 de octubre de ese año y desde entonces, afirmó, mantuvo un enfrentamiento con las autoridades en el que intentaba demostrar su inocencia, mientras el régimen nicaragüense insistía en que fuera enviado a ese país.
Picado atribuye las acusaciones en su contra a que representa una figura que el régimen busca apartar del camino.
El 27 de noviembre del 2024, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede en Washington D. C., notificó al Estado costarricense que había otorgado medidas cautelares a favor de Reinaldo.
Dicha Comisión solicitó a Costa Rica adoptar las medidas necesarias para garantizar los derechos a la vida y a la integridad personal de Picado, por lo que pidió abstenerse de deportarlo, expulsarlo o extraditarlo hasta que las autoridades valoraran el caso, ante el posible riesgo para su vida e integridad física en caso de que fuera privado de libertad en Nicaragua, “en el contexto actual de ese país”.
Tras 948 días detenido, Reinaldo fue liberado el 23 de mayo del 2025. El opositor contó a La Nación que una vez que la Comisión se pronunció y logró salir de la cárcel, la pareja que encabeza la dictadura lo tomó como una derrota y, por ese motivo, esperaba que Ortega Murillo intensificara la persecución en su contra.
“Estaba seguro de que, al no poderme llevar, iban a intentar matarme”, dijo mientras lucha por recuperarse.
