
La parroquia de San Antonio de Padua, en Bribri de Talamanca, recibe esta mañana a familiares y compañeros para dar el último adiós al oficial Gerson Rosales Cascante, asesinado en Batán de Matina de un disparo en la cabeza, el pasado 13 de mayo.
Las investigaciones preliminares señalan que Gerson fue atacado como represalia del grupo encabezado por el prófugo Jonathan Pérez Méndez, alias Tan, pues en los meses previos a su asesinato, la Policía ejecutó una serie de operativos que culminaron con el decomiso de droga al menudeo.
Este viernes, a las 9 a. m. la iglesia se llenó de vecinos, familia, una delegación de la Escuela de Hone Creek, uniformados de Fuerza Pública, Guardacostas y el Organismo de Investigación Judicial y un féretro de madera caoba con la bandera de Costa Rica cubriéndolo y encima, el quepis de Gerson.


El sacerdote que está oficiando la misa tiene cinco años de estar en esta parroquia. Cuando llegó se encontró a Gerson en la comunidad y en ocasiones lo recibió a él y a sus compañeros en el albergue de la iglesia, donde podían pasar la noche.
La iglesia era el refugio para Gerson y los otros agentes porque las instalaciones de Fuerza Pública de Bribri no tenían las condiciones para recibirlos.
Ellos, como agradecimiento, chapeaban el zacate o limpiaban el lote de la iglesia. “Jovenes con valores que tienen claro hacia donde tiene que ir”, así lo recuerda.
Según el relato del sacerdote, Gerson era un hombre que no se dejaba sobornar, un hombre de valores, derecho, correcto y, quizás muchas veces por eso, incomprendido.
De inmediato, se vuelve hacia la esposa y al hijo del oficial y les manifiesta: “Ustedes no han perdido a Gerson, Dios ha ganado un hijo para él. Él los cuidará, él los va a proteger”.
Curiosamente, en estos cinco años de vínculo, fue el mismo sacerdote quien bautizó a Gerson, le dio su primera comunión, lo confirmó y luego lo casó. Ahora dirige la misa de su funeral.

Papá y policía
Gerson Rosales, de 28 años, papá de un pequeñito de cuatro años que iba con él a todas partes en su tiempo libre, llevaba casi nueve años sirviendo a la Fuerza Pública.
Apenas había cumplido tres semanas de servicio en Batán, pues concursó por una plaza en esa comunidad, a cambio de un mejor salario. Sus ingresos prácticamente se duplicaron, gracias a las nuevas responsabilidades, y le permitían reunir ¢1 millón mensual para atender a su familia y, quiza, seguir con sus proyectos deportivos para niños.
Hoy, su nombre se suma a la lista de 60 policías del Ministerio de Seguridad Pública fallecidos en el cumplimiento de sus labores desde el año 2000.
La tarde del jueves, el Ministerio de Seguridad le rindió honores en la capilla de la Fuerza Pública, situada en las cercanías del barrio Naciones Unidas, en San José.
Posteriormente, su cuerpo fue trasladado hasta el cantón de Talamanca, en Limón, donde creció y vivió.
Por este caso, las autoridades han detenido a tres sospechosos de apellidos Mora González, Vílchez Rocha y Menocal Vílchez. Este último sería el gatillero que disparó contra el oficial.
Al respecto, Marlon Cubillo, director de la Fuerza Pública, reconoció que hay un duelo en la institución por la pérdida de un compañero “ejemplar” y que, por su compromiso con Gerson, las operaciones en Batán continuarán, hasta detener a todos los involucrados en el crimen del oficial.
Además, clamó por más legislación que les permita ser más diligentes en el cumplimiento de sus acciones contra el crimen organizado.

Concluida la misa, la bandera que cubría el ataúd fue doblada y entregada a los familiares, quienes declinaron dar declaraciones. Poco antes de las 11 a. m. el cortejo partió hacia el cementerio de la localidad.


