Carlos Arguedas C.. 24 enero
Juan Francisco Cabezas Solera dijo: “Tengo las pruebas para demostrar que todo obedeció a un desperfecto mecánico de la máquina Alcyon CGR II y así empezar a limpiar mi nombre”. Foto de Carlos Arguedas.
Juan Francisco Cabezas Solera dijo: “Tengo las pruebas para demostrar que todo obedeció a un desperfecto mecánico de la máquina Alcyon CGR II y así empezar a limpiar mi nombre”. Foto de Carlos Arguedas.

Juan Francisco Cabezas Solera, un radiofísico condenado por la mortal sobreirradiación de pacientes ocurrida entre agosto y octubre de 1996 en el Hospital San Juan de Dios (HSJD), inició una serie de acciones, con las cuales pretende probar su inocencia en el caso.

Como un primer paso para lograr su objetivo, este hombre, de 74 años, presentó desde el 24 de junio del 2019 una millonaria demanda en el Tribunal Segundo Colegiado de Primera Instancia Civil de San José contra la empresa General Electric Company (GE). En ese proceso judicial el objetivo es establecer que la tragedia radiactiva se debió a una falla en la máquina.

Hay que recordar que Cabezas descontó seis años de prisión pues el Tribunal de Juicio de San José, el 1.° de agosto del 2001, lo señaló responsable de 16 homicidios culposos al considerar que la sobreirradiación fue consecuencia de un error humano en la calibración del equipo.

“Tengo las pruebas para demostrar que todo obedeció a un desperfecto mecánico de la máquina Alcyon CGR II y así empezar a limpiar mi nombre”, dijo Juan Cabezas a La Nación.

La demanda civil se encuentra en la audiencia preliminar, que está suspendida en espera de que se incorporen algunos elementos probatorios solicitados por el tribunal.

(Documental) Recuerdos de una tragedia: La bomba de cobalto

Paralelamente, el radiofísico también solicitará a la Sala de Casación Penal una revisión de la sentencia que lo mandó a prisión. “Creo que no se hizo una valoración correcta de varios informes, pero eso lo explicaré en otra oportunidad cuando se tenga toda la documentación lista”, añadió.

Finalmente, en una tercera etapa, claro si en los procesos civil y penal obtiene un resultado positivo, planea entablar una demanda contra la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), por los presuntos daños y perjuicios causados por el despido sin responsabilidad patronal, según anunció.

Duro recuerdo

El caso de los sobreirradiados lo dio a conocer el presidente de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Álvaro Salas Chaves, el 11 de octubre de 1996.

Aquel día, el funcionario anunció que entre el 26 de agosto al 27 de setiembre de 1996, un total de 115 pacientes con cáncer atendidos en el servicio de radioterapia del HSJD fueron expuestos a radiaciones hasta un 73% más elevadas de las que debían recibir.

La radioterapia es un tratamiento contra el cáncer en donde se usan dosis altas de radiación para matar las células enfermas y detener su propagación.

En aquel momento se calificó lo sucedido en el centro hospitalario como el segundo accidente radiactivo más importante en el mundo, luego de la tragedia de una central rusa en Chernobyl en 1986.

En un debate que concluyó el 30 de agosto del 2001, el Tribunal de Juicio de San José condenó a Juan Francisco Cabezas a descontar seis años de prisión al encontrarlo responsable de 16 homicidios culposos en concurso ideal. En esa ocasión lo absolvieron de otros 14 homicidios culposos y de 59 delitos de lesiones culposas. La Sala Tercera confirmó la pena el 12 de agosto del 2003.

(Documental) Recuerdos de una tragedia: La bomba de cobalto

Desafío

Juan Francisco Cabezas siempre alegó que no tuvo responsabilidad en el hecho, pues en su criterio el accidente se debió a un desperfecto de la máquina Alcyon II, versión que ahora intenta que sea reconocida judicialmente.

“En el San Juan de Dios mi misión era la de calibración de las máquinas y la de planificación (...) de los tratamientos. Luego de 24 años de trabajo donde se realizaron infinito número de calibraciones, donde nunca se dio una alteración por sobreirradiación, resulta que había que cambiar las fuentes de las unidades de radiación.

“Se hicieron casi simultáneamente, en una (máquina) de fabricación canadiense y otra de fabricación francesa, la Alcyon II. Los técnicos de las fábricas hicieron las calibraciones de ambas unidades.

“La canadiense no dio problemas (...) pero la Alcyon, un par de semanas después empezaron a aparecer efectos en los pacientes.

“Lo que hicimos fue parar la unidad. Realizar una nueva calibración. Se hicieron las correcciones pero a la Alcyon II le cambiaron la fuente de cobalto. Los técnicos hicieron la revisión y dijeron ‘la máquina está lista para operar’.

“Hubo pruebas de que la responsabilidad no era mía, sino que era una falla de la unidad, pues algunos pacientes salían con porcentajes altos, en otros era menos y en algunos salían bien.

“Eso se debió a que la fuente de radiación en ocasiones se quedaba atascada, que era algo que nosotros no podíamos ver porque era a lo interno”, explicó Cabezas.

Para fundamentar esa argumentación, dijo que con la asesoría de varios abogados del bufete Lara Legal Corp se aportó al expediente contra GE un estudio firmado por el físico Jorge Luis Morales López, de febrero del 2000, el cual concluyó: “El equipo Alcyon II no está apto para reanudar su uso clínico”, pues encontró mal funcionamiento de la máquina.

Precisamente, la Alcyon II luego de la sobreirradiación no volvió a operar y el Ministerio de Salud inició, en noviembre del 2013, el proceso de extracción de la máquina, la cual se envió en mayo del 2014 a Alemania, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica.

La Alcyon II fue donada al Hospital San Juan de Dios en 1992. En octubre de 1996 la clausuraron tras el accidente radiológico. El Ministerio de Salud inició, en noviembre del 2013, el proceso de extracción de la máquina, la cual se envió a Alemania el 23 de mayo del 2014. Foto archivo LN.
La Alcyon II fue donada al Hospital San Juan de Dios en 1992. En octubre de 1996 la clausuraron tras el accidente radiológico. El Ministerio de Salud inició, en noviembre del 2013, el proceso de extracción de la máquina, la cual se envió a Alemania el 23 de mayo del 2014. Foto archivo LN.
Respaldo en conciliación

Paralelamente, Cabezas y sus abogados dijeron que se aportó a la demanda contra GE, el expediente completo en el cual la empresa General Electric y las familias de 56 pacientes de cáncer sobreirradiados, llegaron a una conciliación en el año 2014.

Lo anterior porque ahí exoneran a Cabezas de responsabilidad. “Todo ese expediente se aportó. Ahí está la manifestación de los representantes de las víctimas, que con base en esos estudios se determina que no fue responsabilidad mía”, agregó.

Cuando se informó sobre esa conciliación, los abogados Édgar Odio y Mario Pacheco, representantes legales de GE negaron que la empresa aceptara la responsabilidad en el accidente.

“Si bien es cierto, GE llevó a cabo una conciliación para dar por finalizada la demanda que fue presentada en su contra, este hecho no conlleva, como equivocadamente ustedes interpretan, que hubiese admitido ser responsable por ese suceso tan lamentable”, dijeron los abogados en aquel momento a La Nación.

Asimismo, sostuvieron que en el juicio penal se evidenció que el estado electromecánico de la Alcyon II nada tuvo que ver con el incidente.

Aunque ahora se intentó obtener la versión de los abogados del bufete Facio & Cañas, que representan a GE en esta nueva demanda, se recibió una respuesta de Filipe Xavier, director de Comunicaciones de GE Healthcare Latin American, en la cual precisó: “GE Healthcare no comenta sobre litigios pendientes”.

En la demanda de Cabezas contra GE solamente se está a la espera de la reanudación de la audiencia preliminar, donde se podría llegar a una conciliación. Si no se da, el tribunal admite o rechaza prueba y se señala una fecha para la realización de una audiencia complementaria, en la cual se evacua toda la prueba en el expediente y después el tribunal dicta sentencia.

“Limpiar mi nombre”

Juan Francisco Cabezas Solera, en la conversación con La Nación, insistió que su mayor anhelo es limpiar su nombre.

¿Cuál es la pretensión esencial suya?

– El objetivo es limpiar mi nombre y llevar la verdad sobre los hechos que sucedieron en el Hospital San Juan de Dios. Las autoridades del momento me achacaron todo el problema sucedido, pero posteriormente hemos demostrado que lo que sucedió fue un mal funcionamiento de la Alcyon II de General Electric.

¿Por qué ahora?

– Porque mucha gente recuerda ese hecho y hubo un escarnio muy grande y publicaciones y hechos que van en contra de mi forma de ser y a mi familia involucraron. Eso es algo que hay que limpiar. La gran mayoría de las víctimas y familiares de las víctima ya lo manifestaron en la demanda contra GE, que ellos consideran y está seguros de que yo no tuve nada que ver.

¿Resiente algo de la Caja?

– Lo que resiento de la institución y de los funcionarios en aquel momento, a quienes yo les había dedicado 24 años de mi vida trabajando, obviamente la institución me pagaba por eso, es que yo fui leal y lo que resiento es que, en pocas palabras, se hayan quitado el tiro y me hayan pasado toda la responsabilidad a mí y que hayan ajustado pruebas, testigos y todo para que me sentenciaran y que el show mediático que se dio en esa ocasión tuviera pan y circo y yo fui el centro del asunto.

¿Qué hizo usted después del juicio?

– Cumplo seis años de prisión y cuando salgo me incorporo a trabajar privadamente. Afortunadamente tengo otra profesión. Soy graduado del Instituto Interamericano de Terapia sin Drogas y del Centro de Técnicas Homeopáticas de la Universidad de Montreal, Canadá. Soy homeópata inscrito en el Colegio de Biólogos. Mi código es 537 y ejerzo esa profesión.