Michael Soto Rojas se volvió una cara conocida en los últimos cuatro años, pues fue la voz y el rostro de la Seguridad en Costa Rica. No hay quien no reconozca su cabeza rapada y su voz pausada que habla de narcotráfico, bloqueos callejeros, trabajos tácticos, análisis e investigación. Lo que quizá pocos conocen es su pasión por viajar y por la lectura, ni su fascinación por el más criollo de nuestros platillos, el gallo pinto.
Desde pequeño supo que quería marcar una diferencia en su familia, ya que su abuelo, su mamá y sus tíos fueron policías de Fuerza Pública. Aunque ya se había acostumbrado a ver uniformes tendidos en los alambres de ropa y ellos intentaban guiarlo por ese camino, él no tenía en mente ese mismo futuro.
“Una de mis hermanas mayores se metió a trabajar al OIJ y fue investigadora. Cuando mi mamá me dijo: ‘Mira, ya no te puedo ayudar con los estudios’, mi hermana me preguntó: ‘¿por qué no te metes al OIJ?’ Yo le respondí: ‘No me suena, quiero hacer algo diferente’. Pero ella me dijo: ‘Como no tenés cómo pagar los estudios, metete a trabajar al OIJ, ahí estudiás y, cuando te gradués, te salís y ya’”, contó Soto.
“Efectivamente me metí, y 31 años después todavía estoy aquí. Pero, bueno, tengo que agradecerle al OIJ todo lo que tengo: mi casa, mi familia, mis estudios, mi estabilidad. Estoy muy agradecido y se convirtió en una pasión, en una vocación. Dios tenía esto para mí, y me siento contento y orgulloso”, añadió”.
A Michael Soto le gustaba la Administración de Empresas, pero la necesidad de pagarse sus estudios lo llevó a ingresar en las filas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) cuando apenas salió del colegio. Hoy, más de tres décadas después, este ha sido su primer y único trabajo.
Luego de su gestión como ministro de Seguridad (2018- 2022), Soto regresó como jefe de Planes y Operaciones (OPO) y tiene como recargo la Subdirección interina del OIJ.
Sentado en la oficina que pertenecía al exdirector del OIJ, Walter Espinoza (ya fallecido), y que utiliza momentáneamente mientras se elige al nuevo jerarca, recordó su crianza y sus primeros años de vida en los barrios del sur de San José, específicamente en Paso Ancho. Allí creció, en una casa humilde, con sus tres hermanos mayores y su madre.

Recorrido profesional
En sus inicios, fue investigador básico; estuvo en la oficina regional de Quepos y luego se trasladó a la Sección de Homicidios y Drogas, donde se especializó durante varios años. Conforme pasó el tiempo, decidió estudiar Derecho, carrera de la que se graduó en 1999; continuó aprendiendo y en el 2004 concluyó sus estudios en Criminología y finalmente en el 2016 obtuvo una maestría en Administración Pública.
Su trayectoria incluye la jefatura de oficinas como Liberia, Limón y San Carlos, y ha trabajado en secciones como Fraudes, Secuestros, Homicidios, Robo de Vehículos y la de Planes y Operaciones, relacionada con grupos tácticos, inteligencia y análisis criminal, entre otros.
A lo largo de tantos años de experiencia, ha presenciado y trabajado en numerosas escenas e investigado diversos casos. Recuerda algunos que marcaron su carrera profesional, como el incendio del Hospital Calderón Guardia, en el 2005, la fuga de privados de libertad de la Reforma en el 2011 y el secuestro de la Embajada de Chile, entre otros.
“El incendio del Calderón Guardia fue muy impactante para mí, tal vez por eso lo recuerdo. Murieron 19 personas, gente inocente, a manos de una persona con un trastorno de la personalidad, que perdió el control de la situación. Llegar a esa escena, ver esa cantidad de cuerpos, hablar con las familias, entrevistar a testigos, siempre causa un impacto muy fuerte”, narró el exministro.
“También recuerdo un caso en el precario Triángulo de la Solidaridad, en Calle Blancos. Estaba yo muy cerca, comiendo en una sodita, cuando me avisan sobre una situación de posibles fallecidos por violencia intrafamiliar. Cuando llegué al lugar, encontré a dos niños fallecidos por arma blanca a manos de su padre, y la madre también fallecida. Son casos que te van marcando, algunos uno los recuerda y causan nostalgia, pero también da alegría cuando se logra detener a algún delincuente reconocido”, comentó.
Sus pasiones
Pese a que su trabajo le demanda mucho tiempo y disponibilidad, porque incluso en fines de semana o en horas de la madrugada recibe llamadas de que “ocurrió un homicidio, un caso delicado, enfrentamientos a disparos, allanamientos u otros”, ha encontrado momentos para desestresarse y disfrutar de sus pasiones.
Una de ellas es la lectura, en especial de temas policiales, criminales y de seguridad, por ser asuntos que creció escuchando desde niño, cuando se volvía el tema de conversación de las reuniones familiares y que, en su criterio, fue algo que influyó en su gusto por la materia.
“Disfruto mucho de la lectura, colecciono libros que tienen que ver con homicidas en serie, el perfilamiento criminal, el narcotráfico. Entonces, hasta mis hobbies tienen que ver con esto mismo. Cuando veo películas, tienen que relacionarse con esto mismo (...). A veces cuando uno está muy agotado, llega a la casa a ver una peliculita, una serie, comerse algo, tomarse un vinito”, dijo.
Al preguntarle por su escritor favorito, contestó que prácticamente ha leído todo lo escrito por el norteamericano Robert Ressler, un exoficial de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés). Fue él quien inició con el análisis del perfilamiento de los homicidas en serie.
Además, le gusta mucho el colombiano Gabriel García Márquez cuando decide leer sobre temas distintos al policial, especialmente la novela El Coronel no tiene quién le escriba.
Trotamundos
Otro de sus pasatiempos, que es el que probablemente más le llama la atención, es viajar. Esta afición, según dice, lo ha llevado a sacrificar otras comodidades o caprichos, como no tener un carro lujoso, por ejemplo. Y así ha logrado visitar todos los continentes, las siete maravillas del mundo moderno y a estar en aproximadamente 50 países.
“Prácticamente, todo lo he recorrido mochileando. Literal. Con una mochilita, durmiendo en hostales muy baratos, comiendo barato, con la intención de abarcar muchos países, pero no pasándola tan cómodo. Dios me ha dado muchas oportunidades de poder satisfacer ese gusto que tengo desde hace muchos años. Lo he hecho solo porque no he encontrado quién vaya conmigo, o con compañeros de acá”, sostuvo.
Lo que más le gusta de estas experiencias es el choque cultural, ver a personas con diferentes creencias religiosas a las suyas (él es cristiano), como ir a un templo budista y escuchar el mensaje que allí se da, caminar por el centro de las ciudades para tener contacto con la gente y comprender por qué una vaca es considerada sagrada y detiene el tránsito.
Asegura que es difícil decidirse por un país favorito, pero uno de los que lo atrapó fue India, por la multiplicidad de creencias, su gastronomía, su impresionante población y la coexistencia de extrema pobreza y opulencia.
“Me gustó mucho poder ver animales que uno no está acostumbrado como los elefantes, cómo los cuidan, poder subir en uno a darse un paseíto. El Taj Mahal es una cosa impresionante, no es lo mismo verlo en fotografías que estar ahí, entender que es una gran tumba mortuoria, un edificio con esa belleza, lugares históricos impresionantes. A India he ido dos veces y creo que volvería, porque todo es muy llamativo”, mencionó.


A esta lista se suma otra faceta poco conocida del exministro: su plato favorito, el gallo pinto. Se declara un “fanático y apasionado” de este plato y lo puede comer al desayuno, almuerzo y cena. Dice que le encanta saborear el chile dulce, el culantro y la cebolla que le ponen. De hecho, los fines de semana, visita la feria del agricultor y el supermercado, para luego llegar a prepararse el pinto en su casa.
Analítico
En cuanto a los deportes, el jefe de la OPO reconoció que es un fiel seguidor del Club Sport Herediano (CSH). Incluso recordó que fue uno de los últimos temas de conversación sobre los que bromeó con el exdirector del OIJ, Walter Espinoza, antes de que este falleciera.
Sin embargo, cuando se trata de practicar deportes, no es tan apasionado, aunque reconoce que intenta hacerlo al menos dos veces a la semana, por salud.
Prefiere los ejercicios de bajo impacto, como caminar distancias cortas temprano en la mañana, para luego estar en su oficina desayunando a las 5 o 6 a. m.
En su actual oficina, no mantiene ningún objeto personal más que su taza con té, una botella de agua y un suéter con el logo del OIJ. Empero, en la de OPO, en San Pedro de Montes de Oca, tiene una colección de 50 gorras policiales de todo el mundo.
Conforme avanza la conversación, demuestra que esa voz pausada, que no es altisonante, define su personalidad. “Siempre he tratado de ser analítico, creo que mi carrera en la Policía ha sido por analizar más a profundidad las cosas, no me he caracterizado por ser un policía. Yo siempre fui el gordillo de la oficina, pero traté de marcar la diferencia en ser acucioso con la investigación. Entonces, siempre me dieron casos grandes, complicados; yo era el que hacía los informes, mientras los compañeros hacían los allanamientos”.
