
“Es como una película de terror, para mí ha sido impactante”, dice sin titubeos, pero con una voz baja Marilyn Espinoza, la madre de Nadia Peraza. Entre el bullicio de la carretera, está junto a su esposo, Juan Cortés Araúz, en las afueras de los Tribunales de Heredia, donde se lleva el juicio que busca esclarecer la muerte de su hija.
Minutos antes, dentro de la sala de juicio, esta pareja escuchó los detalles sobre el hallazgo del cuerpo de Nadia, narrados por dos agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que indagaron el caso y dieron con ella después de que estuvo tres meses desaparecida.
Nadia fue desmembrada y sus restos almacenados en frascos, telas, loncheras y bolsos dentro de una refrigeradora ubicada en el patio frontal de una casa en San Pablo de Heredia.
Otras partes de su cuerpo aparecieron dentro de una bolsa plástica en un cafetal, a menos de 100 metros de la última casa que ella habitó, en el Bajo Los Molinos, en San Rafael de Heredia.
Pasaron ya casi dos años desde que esta pareja recibió la noticia del fallecimiento de Nadia y coinciden en que atravesar el juicio no es revivir los acontecimientos, porque el caso ha permanecido muy presente en sus vidas desde entonces. Más bien, ahora están apenas conociendo algunos detalles que antes prefirieron no saber y todas sus emociones se intensifican.

“No he podido comer bien, cuando yo voy a la carnicería a comprar carne, a mí me da miedo, no sé. No puedo ver la carne, aunque yo no vi nada del cuerpo, a mí también me ha afectado. De muchas maneras me ha afectado”, afirmó la madre a La Nación.
El 18 de febrero, cuando inició el juicio, previsto para extenderse inicialmente hasta mediados de abril, Marilyn fue la primera testigo en dirigirse al Tribunal. Lo hizo acompañada de un psicólogo del Poder Judicial y en una ocasión pidió unos minutos de receso para salir de la sala.
Ante los jueces, describió la relación sentimental de su hija con Jeremy Buzano Paisano, el único sospechoso de asesinarla. A él lo recuerda como un sujeto dominante. Según narró, la relación estuvo colmada de discusiones, golpes, llamadas a la Policía y visitas del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) para proteger a una niña que procrearon estos dos jóvenes y que nació en agosto del 2021.

Incluso, durante el embarazo de Nadia, las agresiones persistieron y, en una ocasión, la madre asegura haber visto a su hija con el labio partido. Además, los familiares estaban al tanto de que la joven estaba inmersa en un círculo de violencia, pues en ocasiones, desde el cuarto que compartía con el sospechoso, se escuchaban golpes y altercados.
Marilyn y su esposo, padrastro de Nadia, afirman que desde el fallecimiento no descansan. Durante los últimos dos años, conscientes de que podían conocer los detalles en el expediente, prefirieron mantenerse al margen y, más bien, se han preparado psicológicamente para asumir el momento del juicio y sobrellevar el hecho de que durante semanas deben sentarse a solo metros de Buzano Paisano.
El protocolo de cualquier debate exige que el imputado esté presente en la sala de juicio, escuchando atentamente cada una de las etapas e intervenciones. La sala cuatro de los Tribunales, donde se lleva a cabo el juicio, es pequeña y esto implica que Buzano está sentado a menos de tres metros de Marilyn, su esposo y del resto de sus allegados.
Buzano está esposado y siempre custodiado por dos oficiales de cárceles del OIJ. Aun así, Marilyn afirma que estar tan cerca de él le genera temor, pero de inmediato encuentra tranquilidad en que el sujeto permanece bajo vigilancia y es poco probable que se suelte. También, dice, la invade la cólera. “Estarlo viendo ahí, más que está tan tranquilo, como si no hubiera pasado nada”, dijo.

El contacto visual entre Buzano y los familiares de Nadia es prácticamente inexistente. El joven permanece cabizbajo la mayoría del tiempo, aunque un poco inquieto. Mueve sus pies y, de vez en cuando, apoya los codos en sus piernas y coloca su cara entre sus manos. Al salir, tampoco se encuentran. Marilyn y su familia abandonan primero la sala, y también bajan la cabeza.
Pese a ello, la simple presencia pesa y es uno de los aspectos más duros para los padres de Nadia. “Estar ahí en la misma sala con él. Eso demuestra lo fuerte que ha sido, como madre y como persona”, dice el padrastro de Nadia, Juan Cortés, en referencia a doña Marilyn.
Para Juan, la tragedia que azotó a la familia se sintió, de alguna forma, ajena. No porque Nadia fuera una persona apartada; por el contrario, estaba muy presente en sus vidas.

“¿Cómo era posible que fuera a hacerle eso a la madre de la bebé? Todo ese tipo de sentimientos encontrados. De que si lo hizo, o no lo hizo, por qué lo hizo. Era lo que ella (Marilyn) me preguntaba al inicio, hace dos años, cuando no podía dormir. No podía contestarle”, reflexiona el padrastro.
Todavía es difícil encontrar respuestas. “Ahora, en este juicio que estamos escuchando, revolcando detalles del proceso, cómo fue, es remover todo eso. Ahora se remueve con más fuerza. Especialmente para ella (Marilyn)”, agregó.
Justicia por Nadia y por su hija
El padrastro de Nadia fustigó la tardanza en el proceso de investigación. Nadia desapareció el 20 de febrero del 2024 y sus restos aparecieron hasta el 17 de mayo de ese mismo año. Durante casi tres meses sus familiares afirman que la buscaron, sin respuestas.
Juan explica que, en cualquier caso, el primer sospechoso debería ser la pareja o algún allegado, y las autoridades judiciales tardaron dos meses en llegar a su casa a hacer preguntas.
“Eso es un impasse, bastante grande, el imputado pudo haber desaparecido pruebas y otras cosas. Ese sentimiento de posesión, la tenía en la casa, para decir, ‘yo la tengo’”, dijo.

La hija de Nadia tiene hoy cuatro años. Vive bajo custodia de Marilyn y Juan incluso desde antes de que Nadia falleciera, producto de varios episodios de violencia doméstica que culminaron con la intervención de la Policía y del Patronato.
La pareja cuenta que la niña ya no recuerda a su madre y que solo al inicio, cuando caminaba frente a la última casa en la que vivió con Nadia, en el Bajo Los Molinos, la señalaba. Ellos cuentan que han procurado que la menor tenga una infancia tranquila, rodeada de cariño, juegos y educación.
Además de buscar justicia por su hija, es por esta menor que esperan la pena máxima de prisión para el imputado, 50 años según lo establece la legislación costarricense. De esta forma, dicen, el sospechoso purgará condena y, conscientes de que quizás no estén vivos para ver el momento en que salga de prisión, la niña ya será mayor de edad y tendrá la capacidad de tomar sus decisiones.
“Para todos ha sido horrible, ha sido doloroso”, sentenció la madre de Nadia.
