Hugo Solano C.. 19 septiembre
Los millones de metros cúbicos de rocas volcánicas, arena, arbustos y lodo quedaron a merced de las lluvias en una zona deshabitada. Foto: CNE.
Los millones de metros cúbicos de rocas volcánicas, arena, arbustos y lodo quedaron a merced de las lluvias en una zona deshabitada. Foto: CNE.

El deslizamiento ocurrido el 26 de agosto a las 4:02 a. m. en el volcán Irazú, además de obligar a mover torres de transmisión, ha requerido varios sobrevuelos de inspección en la cuenca del río Sucio y el aviso a los municipios de la parte baja del río, sobre el efecto del material en el cauce.

El informe elaborado por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) y el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) confirma que se desprendieron unos 25 millones de metros cúbicos, el equivalente a lo que cargarían dos millones y medio de vagonetas.

Aunque gran parte de ese material quedó en la base de la pared norte, donde nace el río Sucio, las fuertes lluvias caídas y las que se esperan en esta temporada han comenzado a trasladar paulatinamente parte del material hacia el río Sucio.

De acuerdo con el geólogo Blas Sánchez, de la CNE, aunque por ahora no implica un riesgo mayor, debido a la capacidad de asimilación de esa cuenca, más adelante se podrían requerir canalizaciones y dragados pues al quedar mucho material en el fondo, el río pierde profundidad y las aguas se pueden desbordar más fácilmente en casos de lluvias extremas.

(Video) Científicos confirman que una nueva zona de deslizamiento se formó tras el colapso

Por lo anterior advirtieron a las municipalidades de Pococí y Sarapiquí sobre esas futuras labores que deberían considerar.

Sánchez descartó que el material caído afecte otras cuencas y aunque los pronósticos mencionaban la posibilidad de que una parte alcanzara las nacientes del río Reventado, la cantidad fue ínfima.

“La probabilidad es casi que despreciable, pues la cantidad de material que cayó hacia Prusia fue mínima. Con las visitas y sobrevuelos se vio que ahí solo se generaría un poco de lodo hacia una quebrada que nace al pie de la zona, pero con esa cantidad no hay chance de que se forme un flujo hacia Cartago”, explicó.

En el 2017 el pronóstico de los científicos Rolando Mora y Marina Pirulli indicaba que cuando ocurriera ese deslizamiento, un bloque podría caer hacia Prusia, “el cual podría disparar lahares si coincide con la época lluviosa, algunos de ellos podrían alcanzar los diques de Taras de Cartago”, sin embargo, esa parte no tuvo mayor afectación.

El 9 de setiembre, en un monitoreo aéreo, se corroboró que las lluvias arrastran parte de lo que cayó del Irazú al río Sucio. Aquí su paso por finca dos de Río Frío. Foto: Cortesía: CNE.
El 9 de setiembre, en un monitoreo aéreo, se corroboró que las lluvias arrastran parte de lo que cayó del Irazú al río Sucio. Aquí su paso por finca dos de Río Frío. Foto: Cortesía: CNE.
Otra masa inestable

Blas Sánchez dijo que hay otros 260 metros lineales, en la zona de torres, donde las grietas que aparecieron a raíz del desprendimiento se han ido incrementando por la intensa deformación en el coloso cartaginés, que está a 3.432 metros sobre el nivel del mar.

Varias grietas son de pocos metros pero otras alcanzan decenas de metros de extensión y se interconectan evidenciando un nuevo bloque de inestabilidad y movilidad, cuyos estudios apenas se inician.

“Se trata de cárcavas o huecos que han venido evolucionando y creciendo. En el acantilado de casi 300 metros que quedó al descubierto han caído otros bloques, pues eso quedó fracturado y hay bloques como cuñas que se desprenden y caen”, agregó.

Los huecos de hasta tres metros que quedaron en las paredes forman una especie de conductos alineados de norte a sur que se conectan entre sí y cuando llueve la escorrentía pasa por ahí e incrementa la erosión y con los días la deformación, la amplitud y el ancho van creciendo.

Lo anterior les llevó a alertar sobre la urgencia de que este mismo año al menos nueve torres y casetas sean movilizadas, ya varios concesionarios comenzaron a hacerlo.

Además comenzó un proceso de medición de las grietas como las del paredón recién caído, cuyo proceso de desprendimiento duró siete años.

Tras el gran colapso de agosto, los científicos comenzaron el seguir el rastro de otra zona que comenzó a perder su estabilidad en lo alto del Irazú. Foto: Cortesía Blas Sanchez.
Tras el gran colapso de agosto, los científicos comenzaron el seguir el rastro de otra zona que comenzó a perder su estabilidad en lo alto del Irazú. Foto: Cortesía Blas Sanchez.
En cascada

El informe final elaborado por seis geólogos y vulcanólogos sobre lo acontecido en agosto, confirma la existencia de un nuevo bloque inestable, debido a la descompresión producida por el colapso.

Algo similar ocurrió en diciembre del 2014, cuando un deslizamiento quedó registrado en casi todos los sensores sísmicos del Valle Central.

La pérdida de este volumen contribuyó a la inestabilidad de la ladera que cayó en agosto pasado cerca de las torres de telecomunicaciones.

Sismo disparador

Las lluvias intensas, pero sobre todo el sismo del 24 de agosto en Jacó, con magnitud de 6,2 grados, adelantaron la caída inminente.

El bloque pasó de moverse algunos centímetros por día una semana antes de la ruptura, hasta los 50 centímetros por hora antes del rompimiento.

La mayor parte del material se depositó en la cuenca del río Sucio, aunque también ocurrió una caída considerable en la margen izquierda, colindando con el cerro Retes y un pequeño deslizamiento hacia Prusia.

Temblor del 24 de agosto aceleró caída

CIFRAS EN CANTIDAD DE BLOQUES CAÍDOS SEGÚN DÍA

FUENTE: OVSICORI-CNE    || INFOGRAFÍA/ LA NACIÓN.

Después del 26 de agosto el número de eventos detectados por los sismógrafos disminuyó rápidamente. Ocurrieron al menos 15 deslizamientos menores, uno particularmente apreciable en la parte sur del borde, la tarde del 27 de agosto.

Actualmente el área cercana a la corona del deslizamiento está llena de grietas y es la de mayor riesgo.

Hay otra zona de peligrosidad intermedia que debe de ser vigilada para establecer con precisión su nivel de estabilidad y su tendencia.

Por agujeros como este en la cima del Irazú, el agua de lluvia arrastra cenizas y va minando el suelo con lo que forma bloques aislados que van sumando a nuevos deslizamientos. Foto: Cortesía Blas Sánchez.
Por agujeros como este en la cima del Irazú, el agua de lluvia arrastra cenizas y va minando el suelo con lo que forma bloques aislados que van sumando a nuevos deslizamientos. Foto: Cortesía Blas Sánchez.