
El nivel de agua en la laguna del volcán Poás ha bajado en varios metros su nivel y podría desaparecer en pocos días.
Así lo confirmó el vulcanólogo Geoffroy Avard, del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), quien estuvo el jueves en el lugar y determinó que la temperatura del agua también bajó, lo que significa que hay menos aporte de calor por la actividad interna del cráter.
Al mermar la lluvia, el agua que corre por las laderas hacia el cráter cesó y poco a poco se evapora la que permanece en el fondo, cuyo color, “verde ballena”, causa admiración a los científicos porque es muy poco usual.
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“Es bonito, se ve bien cuando el sol pega directamente. Yo lo había visto verde antes, pero era más oscuro, no tan intenso como ahora”, dijo Avard.
El flujo de gas también es sumamente bajo, lo mismo que la sismicidad, por lo que todo está dentro de las condiciones normales que llevaron a la reapertura del Parque Nacional a la visitación turística en agosto pasado.
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Según el científico, el nivel de los gases como dióxido de azufre es de 250 toneladas por día, es decir, la cuarta parte de las 1.000 toneladas que emitía hace un año.
Cuando reapareció la laguna, en enero del año pasado, el flujo de gas disminuyó bastante, razón por la cual se estima que si ese cuerpo de agua desaparece, los gases que actualmente son atenuados saldrán con más facilidad y existe la posibilidad de que se incrementen.
En el lago prevalecen montículos de azufre, así como chimeneas que generan borbollones de lodo, similares a las pailas que se observan en el volcán Rincón de la Vieja, en Liberia.
El lago está disminuyendo muy rápido y queda en las orillas una capa de lodo enorme, lo que hace imposible acercarse al borde para sacar muestras de agua.
Los vulcanólogos tuvieron que lanzar una botella desde unos cinco metros de distancia para recoger agua y determinar en el laboratorio el contenido de cloro, azufre, y demás componentes que permiten conocer lo que acontece a lo interno del lago.
“Los lagos cratéricos tienen una dinámica muy cambiante de su temperatura, acidez y altura, cuya medición se debe realizar de manera periódica, para prevenir cualquier cambio en la actividad interna”, afirmó Avard.
El científico invitó a los turistas a visitar el coloso que ofrece cambios constantes y que en esta época está muy despejado.
Afirmó que posiblemente por los cambios en el sistema de reservación y las disposiciones de seguridad, durante sus incursiones ha percibido que el turismo ha bajado mucho.



