
“Siempre asombrada por la naturaleza y la belleza de Costa Rica”, escribió Jaclyn Naomi Smith, una militar canadiense, dos meses antes de desaparecer de su propia casa en Punta Cacique, en Playas del Coco. Han pasado cuatro años y casi cinco meses desde entonces.
La noche del 17 de agosto del 2021, Jaclyn dejó atrás su anillo de bodas, su celular y todas sus pertenencias. Hoy, 1.600 días después, sus padres, Gordon y Colleen, todavía no encuentran explicaciones concretas sobre lo que pudo haber ocurrido con su hija, ni entienden cómo, tan ilusionada con sus proyectos, solo desapareció de su casa.
“Ella nos hubiera llamado para este punto, no se hubiera ido de la casa sola, ella amaba ese lugar”, lamentó su padre.

Las pistas sobre su posible paradero son escasas. Días después de que se perdió su rastro, surgió una alerta de que alguien usó una de sus tarjetas de crédito en un supermercado, pero esto no condujo a nada. Ninguna cámara registró sus pasos y ni siquiera se sabe con precisión qué ropa vestía. Más allá de un par de sandalias azules que hallaron voluntarios durante una de las jornadas de búsqueda y sin certeza de que sean suyas, no hay rastro de la mujer.
Aquel agosto del 2021, Jaclyn tenía 40 años y estaba en proceso de aplicar a la ciudadanía costarricense, pero no alcanzó a recoger los documentos, pues llegaron a la oficina local una semana después de su desaparición. También disfrutaba de la casa que había construido con esfuerzo, a pocos minutos de la playa.
Girasoles altos y erguidos adornaban la entrada de su hogar, y con entusiasmo mostraba a amigos y familiares cómo crecían las plantas de su jardín, donde pasaba gran parte de sus días. Eso fue lo último que le enseñó a sus padres por videollamada, dos días antes de que se perdiera su rastro.
Hoy su nombre figura entre las 36 personas que desaparecieron sin dejar pistas en Costa Rica en los últimos cinco años.
Militar y atleta
Jaclyn creció en una granja en la ciudad de Abbotsford, en Columbia Británica, la provincia más occidental de Canadá. Era la hermana del medio y entre ella y sus dos hermanas apenas había dos años de diferencia. En la escuela y en el colegio encontró su pasión por el deporte, que prácticamente guió el resto de su vida.
Su padre, Gordon, recuerda que desde muy joven participaba en competencias de triatlón y también en torneos de paddle surf en Canadá. Además, obtuvo cinco All American Awards en atletismo, los galardones de mayor prestigio que se otorgan a los mejores atletas universitarios.

Estudió Kinesiología en su provincia natal y también en una universidad en Vancouver. Se formó como instructora de yoga, fue socorrista por un tiempo y, cuando cumplió 26 años, ingresó al ejército de Canadá, en la ciudad de Calgary, en la provincia de Alberta.
Poco después continuó su entrenamiento físico en una base militar en Ontario, al este del país, y fue más o menos en esa época, recuerdan sus padres, cuando Jaclyn conoció a quien eventualmente se convirtió en su esposo.
El hombre, de apellido Ferland, también formaba parte de la milicia y permanecieron juntos por varios años, hasta que en 2018 contrajeron matrimonio ante sus familiares, frente al mar, en Playas del Coco. Tras el retiro de Ferland del ejército, por un presunto caso de estrés postraumático, la pareja decidió comenzar su vida en Costa Rica.
Amantes del sol, el calor y la playa, eligieron el país como destino para su retiro.

“Parecía que les iba bastante bien allí, pero luego, en los últimos años, las cosas no transcurrieron tan bien para ellos”, afirmó su padre.
Después de contraer matrimonio, construyeron una casa grande, de fachada amarilla, con una enorme terraza y un jardín, en un vecindario rural con casas distanciadas entre sí. Sus vecinos, cuentan sus padres, apreciaban mucho a su hija y ella disfrutaba pasar tiempo afuera. “Salía a correr a diario, era muy entrenada, hacía paddle board, andaba en bicicleta. Le encantaba ejercitarse todos los días”, dijo Gordon.

Sus padres afirman que la relación entre Jaclyn y su esposo era compleja, pero prefirieron no revelar detalles. Sin embargo, sí acreditaron que en alguna ocasión su hija se fue a dormir a un hotel después de algún conflicto, pero siempre se comunicaba a la mañana siguiente.
Ese no fue el caso la noche del 17 de agosto. En apariencia, poco antes de desaparecer, Jaclyn tuvo una discusión con su esposo y hasta el momento no se sabe cuán severo fue el altercado. Sus padres tienen únicamente la versión de su yerno, quien les avisó, hasta dos días después, que Jaclyn se fue de la casa y nunca más regresó.

Desde que sus padres se enteraron, le insistieron al hombre que acudiera a poner la denuncia y así lo hizo. Gordon y Colleen se mudaron por cuatro meses a Costa Rica y pusieron en marcha labores de búsqueda para intentar encontrar algún indicio. La pareja llegó a ofrecer hasta ¢5 millones a quien revelara alguna información que ayudara a encontrarla.
Una amiga de Jaclyn abrió una página de Facebook, por medio de la cual se coordinaron los esfuerzos. Voluntarios se unieron para examinar la zona de playa, pegar carteles en el centro de Playas del Coco e indagar las zonas montañosas alrededor de su casa. Incluso revisaron sitios donde solían aglomerarse zopilotes y acudieron a las autoridades cuando se reportó el hallazgo de algún cuerpo.

“Desde entonces no se sabe nada. Nada se ha encontrado hasta ahora”, insistió su padre.
El caso de Jaclyn lleva años estancado. Cuando ocurrieron los hechos, el expediente se asignó a un agente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de apellido Guevara, de 47 años; no obstante, fustigan que la labor de las autoridades no fue tan exhaustiva como hubieran querido.
La familia cuenta que los investigadores a cargo del caso llegaron a la casa de Jaclyn hasta semanas después de que se le vio por última vez y que no revisaron a fondo la vivienda, ni decomisaron los teléfonos celulares, tabletas u otros dispositivos electrónicos. También lamentan que no se revisaran las cámaras de seguridad de la casa, pues Ferland afirmó no recordar las claves para acceder al sistema y no se insistió más sobre ello.

En diciembre del 2024, el agente Guevara fue arrestado por sus propios colegas como sospechoso de los presuntos delitos de concusión y divulgación de secretos. De acuerdo con el Ministerio Público, el caso del agente continúa en investigación dentro del expediente 24-000012-1957-PE y al hombre no se le impusieron medidas cautelares por razones médicas.
“Hablábamos con ella cada domingo, ella ya nos hubiera contactado. No hay ropa, zapatos, nada de ella. No hay nada”, reiteraron una y otra vez los padres, evidentemente angustiados.
La ausencia de Jaclyn es dolorosa para sus allegados, y el paso del tiempo solo alimenta la incertidumbre sobre lo que pudo haber ocurrido. No conocer su paradero los lleva a pensar que quizás alguien le hizo daño y falleció en algún lugar; aún así, mantienen una luz de esperanza de encontrarla con vida.

“Siempre esperas recibir noticias de una oportunidad, pero ¿por qué se estaría escondiendo?”, lamentó su madre.
Aún cuatro años después, continúan a la espera de respuestas y se toman muy en serio cuando alguien alerta que la vio en algún sitio. Entre lágrimas, su madre explicó que la más reciente llegó hace tan solo algunas semanas, el 26 de diciembre, cuando un hombre les comunicó que creía haberla visto en San José.
Mensajes y llamadas como esta han llegado ya muchas veces desde que Jaclyn salió de su casa, pero ninguna de ellas fue concluyente. “Intentamos darles seguimiento para encontrarla”, lamentó su padre.
“No hay palabras para describir cómo nos sentimos, pero nuestros corazones pesan y la extrañamos. Esperamos respuestas en el futuro y todavía trabajamos en el caso. Con amor, mamá y papá”, escribió Gordon el pasado 17 de agosto, como lo hace en cada cumpleaños, cada Navidad y en cada aniversario de su desaparición.
