No todo lo que llega a los outlets entra al país sabiendo exactamente qué es. Parte de la mercadería se importa en cajas cerradas, compradas en lote, cuyo contenido solo se confirma cuando el contenedor se abre en Costa Rica.
Con una especial proliferación después de la pandemia, las autoridades le han puesto el ojo a estos establecimientos comerciales que ofrecen toda clase de artículos, desde tiliches en cajones hasta electrodomésticos, a precios bajos, pero en algunos casos sin claridad de cómo fueron declarados en aduanas o cuánto pagaron de impuestos.
Los outlets importan por medio de un modelo llamado embalajes consolidados, que consiste en una carga en la que la mercancía no viene paletizada ni separada por producto, sino mezclada en cajas cerradas, cuyo contenido detallado no siempre se verifica físicamente antes del envío.
La mayoría de esta mercadería es enviada desde Estados Unidos y China para llenar los estantes de este tipo de tiendas.
“Se monta en un contenedor y quien compra ese contenedor no tiene certeza de cuáles son los productos que contiene. Saben que más o menos vienen productos varios de saldos de inventario de Amazon, de Target, de tiendas de ese tipo, pero no saben exactamente cuáles“, explicó Ricardo Carvajal, director ejecutivo del Observatorio de Comercio Ilícito, entidad de la Cámara de Comercio de Costa Rica.
“Por eso es que después vienen y se ponen en cajones y la gente va y busca. Pero si usted no sabe exactamente qué es lo que viene en ese contenedor, es incapaz de hacer correctamente una declaración aduanera de importación”, agregó Carvajal.
Según Carvajal, esto les permite a los importadores declarar montos mucho más bajos que el costo real de los productos u operar gracias al contrabando de artículos no declarados. Afirmó que la Cámara de Comercio tiene varios años denunciándolo, pero “las acciones han sido muy limitadas”.
El 11 de setiembre pasado, el Ministerio de Hacienda y la Dirección General de Aduanas anunciaron que implementarían nuevos procedimientos para la revisión de mercaderías importadas, con prioridad en los outlets, donde habría inspecciones artículo por artículo y la posible aplicación de cierres temporales a los negocios que incumplan las normas.

En Costa Rica hay 480 importadores de outlets entre formales e informales, según las estimaciones de Aduanas, entidad que aseguró que se detendrán todos los contenedores con mercancías importadas por estos establecimientos para verificar si están en regla.
“Aduanas debe cumplir con su deber y el que trae el contenedor tiene que esperar. Que se asuste el que lo trae, posiblemente habrá denuncias penales y recursos de amparos”, advirtió en aquel momento Juan Carlos Gómez Sánchez, jerarca de la Dirección General de Aduanas.
La Nación consultó al Ministerio de Hacienda, el 27 de noviembre, sobre acciones tomadas para combatir el contrabando y la evasión en outlets, así como estadísticas de operativos realizados en estos establecimientos, sin embargo, al cierre de edición no se obtuvo respuesta.
Irving Malespín, quien fue director de la Policía de Control Fiscal (PCF) del 2014 al 2020, señaló que revisar estos contenedores es un desafío para las autoridades aduaneras pues cada chequeo puede tomar entre dos semanas y un mes.
“Habría que habría que revisar línea por línea, artículo por artículo de un contenedor de ese tamaño, y eso es una una locura. Operativamente es muy complejo. Si no hay un control adecuado, dentro de esas cajas se puede introducir cualquier tipo de objeto”, declaró Malespín.
El exdirector hizo la salvedad de que hay outlets que sí cumplen con todas las leyes y normas, pero la rápida multiplicación de estos negocios a partir del 2020 ha complicado la capacidad de respuesta de Hacienda.
Antes de la pandemia, los embalajes consolidados se importaban principalmente para las ventas “puerta a puerta”, que también fueron objeto de operativos de la PCF, explicó Malespín. Añadió que ese modelo luego se fue convirtiendo en los actuales outlets, cuando los problemas económicos de la pandemia llevaron a las personas a buscar opciones más baratas, sin importar la calidad del producto.
Los consumidores se exponen incluso a un mayor peligro con la compra de artículos de salud, que pueden ir desde labiales hasta medicamentos que no pasan por ningún control del Ministerio de Salud.
Aunque la estrategia de Hacienda consiste en incrementar las visitas a los locales, Malespín consideró que esa no es la solución definitiva, pues el problema viene desde los almacenes fiscales.
Es allí donde se dan las declaraciones a precios “ridículos”, y una vez que la mercadería sale del puerto o del almacén fiscal y llega a los locales, el producto ya pudo haber sido vendido, dispersado o incluso retirado del mercado, lo que reduce la efectividad de cualquier operativo.
“Esto trae una cadena donde están involucrados agentes aduaneros, funcionarios públicos, es todo todo un andamiaje, una máquina establecida y creada para un lograr un perjuicio para el Estado en beneficio de estos defraudadores”, aseguró.
