
Una ciclista de 40 años, ama de casa y madre de dos hijas, fue la víctima de un presunto acoso sexual, al parecer cometido por un chofer de bus en Florencia de San Carlos.
Los hechos ocurrieron 19 de febrero mientras la mujer (cuya identidad reservamos), entrenaba en ruta entre Florencia y Ciudad Quesada, al pasar por la punta norte de esa vía, habría sido tocada en un glúteo. El chofer de autobús que la atacó, identificado con los apellidos Duran Monge, de 31 años y oriundo de Florencia, fue detenido este miércoles por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), tras un mes de investigación.
La mujer, quien practica ciclismo desde hace más de siete años y entrena cinco días a la semana para participar en recreativas como la Vuelta al Lago, relató a La Nación detalles de la agresión que la marcó física y emocionalmente. “Cuando estaba cruzando la calle vi que venía una motocicleta, me pasé hasta la orilla y cuando iba detrás de una autolicorera que hay cerca, el tipo que venía en la motocicleta se me acercó y me golpeó bastante fuerte la nalga”, recordó.
El impacto fue tan fuerte que, al llegar a su casa y revisarse, descubrió la secuela física. “Noté que tenía la mano pintada en la nalga todavía”, contó. Ese detalle, sumado al apoyo de su madre y su esposo, la motivó a no quedarse callada y presentar la denuncia formal ante las autoridades.
El ataque ocurrió alrededor de la 1:55 p. m., cuando la ciclista regresaba de Florencia hacia Ciudad de Quesada, donde reside. Tras el golpe, el agresor aceleró su motocicleta y huyó del lugar. “Yo le grité, y del colerón, seguí unos cuantos metros. Cuando ya me abordaron todas las emociones, me detuve y decidí hacer un video en redes sociales”, explicó.

Acoso callejero
Aunque nunca antes había sido tocada mientras andaba en bicicleta, la víctima reveló que ha sido objeto de otros actos de acoso sexual durante sus entrenamientos. “Varias veces subiendo la misma punta norte me he topado vagonetas con tipos que están orinando y donde ven que yo me estoy acercando se voltean para que yo los vea. Me gritan cosas, me han mostrado sus partes”, detalló.
Sin embargo, este ataque físico la tomó completamente desprevenida. “Honestamente no me lo esperaba. De hecho, yo no suelo llevar nada”, admitió.
Tras el incidente, una amiga le regaló un táser (arma eléctrica no letal) y consiguió una cámara corporal para tratar de usarla durante sus entrenamientos. “Ahora, debido a eso, ya tengo cierto temorcillo al salir”, confesó, aunque reconoce que es difícil cambiar completamente su rutina porque entrena cinco días a la semana y no siempre puede hacerse acompañar.

Espera castigo
La ciclista, quien no compite pero participa en recreativas para mantenerse en forma y disfrutar del deporte, expresó su preocupación de que el caso se tome a la ligera. “No es una situación aislada, esto sucede mucho, y no solo a uno como ciclista, a niñas en los autobuses, en las pulperías”, advirtió.
Sobre el agresor, quien ya está detenido, fue clara en su deseo de justicia: “Sí quisiera que se le castigue bastante. Más que todo para que por lo menos la gente piense un poquito antes de faltar el respeto a otra persona en la calle, que les dé un poquito de temor”.
El Juzgado Penal de San Carlos impuso al sospechoso como medidas cautelares, firmar una vez al mes en ese despacho y abstenerse de perturbar a la víctima por ningún medio.
El acoso callejero es sancionado en Costa Rica mediante la ley del mismo nombre, vigente desde agosto del 2020. La ley 9877 tipifica el acorralamiento, el exhibicionismo y la masturbación en espacios públicos como las formas más severas de acoso sexual callejero. Dichas conductas fueron reclasificadas como delito en el Código Penal.
