
Maritza Solano es la creadora de los quesos Le Chaudron, una marca de quesos maduros artesanales que desde hace más de tres años se comercializa en el país.
La finca de Maritza Solano se parece a la de otros 400 productores de queso que viven en Santa Cruz de Turrialba y al igual que ellos maneja un promedio de 10 a 15 vacas en sus empinadas 3 hectáreas. La mayor parte del año una leve lluvia acompaña las frías madrugadas, cuando los lecheros se disponen a iniciar su ajetreada labor. Esa zona produce el 5% de la leche que se consume en el país. Aunque Maritza forma parte de esa estadística, su producto es muy diferente: ella es la creadora de los quesos Le Chaudron, una marca de quesos maduros artesanales que desde hace más de tres años se comercializa en el país.

Hacer algo diferente a lo que los demás hacen parece ser un buen inicio para emprender un negocio, pero esto no necesariamente implica ir contra corriente, sino más bien identificar una oportunidad y enfocarse en el objetivo y este es el caso de Maritza, la industria de los quesos no era extraña para ella. Sus padres fueron productores de queso fresco y muchas veces colaboró en el proceso de producción y venta. Cuando se casó, por el trabajo de su esposo vivió un tiempo en Suiza, donde despertó su interés por los quesos maduros.
A su regreso y con la idea clara de que en Santa Cruz era posible producir un queso diferente, Maritza comenzó por llevar un curso de manejo de leche en el Instituto Nacional de Aprendizaje, luego regresó a Suiza donde estudió el proceso de elaboración del raclette, un tipo de queso maduro que se fabrica en ese país desde la edad media. Aunque aprendió la receta a perfección y se armó de lo necesario para replicarla con los mismos estándares de calidad, el resultado no sería el de un queso suizo tipo raclette, sino más bien un queso tipo raclette de Turrialba y eso es muy bueno.

Según nos explica Maritza, la fabricación del queso es relativamente sencilla, lo que es muy difícil y requiere mucho esfuerzo, rigurosidad y trabajo, es su maduración. Lograr esa textura, esa piel delgada, ese sabor; requiere esmero y horas de trabajo en el cuarto de maduración.
Si se compara con un emprendimiento, tener una buena idea es solo el inicio, llevarla a cabo es su maduración. El negocio de Maritza ha superado los 3 años y se puede considerar maduro, con una marca que crece a buen ritmo.