
Mauricio llegó puntual a la sesión de fotos de nuestra portada de enero. Venía con un dolor de espalda que casi no le permitía caminar. Lo mencionó apenas entró, como un dato necesario para explicar por qué se movía con cautela. Pero en cuanto empezó el trabajo la concentración le ganó al malestar. Cada pose, cada ajuste, cada minuto frente a cámara lo enfrentó con aquél desafío físico, y aun así se mantuvo entregado.
Ese equilibrio entre fragilidad y determinación es parte de su esencia. Y quizá por eso su historia conmueve tanto.
Un origen marcado por la observación
San Ignacio de Acosta fue su primer taller. No había telas finas ni revistas de moda. Había pájaros, piedras, plantas, peces. Había silencio. Y en ese mundo simple, Mauricio aprendió a observar. Él mismo lo resume así: la naturaleza fue su primera maestra.

Esa sensibilidad temprana se convirtió en la base de todo lo que crea hoy. Sus colecciones parecen extensiones de un paisaje, no de una tendencia. Los colores nacen de la tierra; las texturas recuerdan musgos, cortezas, minerales; los detalles evocan insectos o formaciones rocosas. Para Mauricio, la naturaleza no es inspiración: es memoria.
Las mujeres que sostienen su historia
Hablar con Mauricio es volver siempre a tres nombres: su mamá, Doña Bixa Durán, y sus abuelas, Flor María Gamboa y Cristina Picado.
Ellas fueron su refugio y su estructura. Le enseñaron a trabajar, a ser agradecido y a mirar de frente los retos. No es casual que Miroca, su proyecto más reciente, sea un homenaje directo a ellas. En él converge todo: las primeras formaciones rocosas de Costa Rica y las mujeres que moldearon su vida.
En cada pieza se siente ese reconocimiento: una columna emocional que sostiene su obra.
“Miroca es un homenaje a las mujeres que me criaron”.
El giro inesperado
Mauricio no creció imaginando una vida en la moda. Su plan era estudiar contabilidad, igual que la mayoría de sus contemporáneos del Colegio Técnico Profesional de Acosta. Todo parecía encaminado a eso hasta que ocurrió un episodio mínimo, pero decisivo: una amiga, Natalia Mora, lo detuvo en un pasillo del colegio y le dijo que en el Taller de Corte y Confección faltaba una persona. Le pidió que se metiera con ellas. Y él aceptó.

Lo cuenta entre risas, aunque todavía se emociona al recordarlo: “Eso fue un mero error, pero eso me cambió la vida”. Al poco tiempo de entrar al taller, sus profesoras vieron algo que él no había identificado todavía. Llamaron a su mamá para decirle que lo apoyara y que lo impulsara a estudiar diseño, que ahí había futuro.
Ese gesto —el empujón de una amiga, la mirada atenta de unas profesoras— abrió una puerta inesperada. Una puerta que transformó por completo su destino.
Mauricio siguió explorando el diseño y, cuando terminó el colegio se mudó a San José para estudiar Diseño de Modas en la Universidad Creativa. Ahí formalizó lo que había empezado “por error”. Fue su primera formación profesional, la que lo introdujo de lleno al oficio.

Después vinieron años de trabajo en call centers y empleos que poco tenían que ver con la moda, pero que pagaban sus cuentas. Aun así, esa distancia no apagó su impulso creativo; por el contrario, lo hizo más terco, más constante. Hasta que llegó el momento de volver a su camino.
En 2018 tomó la decisión que lo devolvería a su vocación: lanzó su marca homónima. “La marca es mi lugar seguro”, dice. “Es el mundo de fantasía que creamos para poder vivir en este mundo tan complicado”.

Un año después, en 2019, presentó su debut en Mercedes-Benz Fashion Week. Fue evidente que no se trataba de un inicio tímido. Su propuesta aparecía clara, sólida, con una voz definida desde el primer desfile. Una semilla que germinaba con fuerza.
Una oportunidad que llegó sin aviso
Entre proyectos, una llamada inesperada cambió su panorama. Alguien con quien había trabajado años antes lo contactó para pedirle un encargo sin demasiados detalles. Enviaron algunas piezas. Se aprobaron. Luego llegó la verdad: eran para una gira de la cantante colombiana Karol G.

De pronto, su trabajo estaba en un escenario gigantesco. Ver sus diseños en movimiento, frente a decenas de miles de personas, fue un golpe emocional. Un momento que, según cuenta, todavía le cuesta comprender.
“Soy un chamaquillo de San Ignacio de Acosta; si yo puedo, todos pueden”, repite con la sinceridad que lo caracteriza.
La conexión con Karol fue inmediata. Él lo resume con humor: “somos un par de peloteros”. Ese vínculo permitió que su ropa llegara no solo a las bailarinas, sino también a la propia artista, quien desarrolló un cariño especial por sus corsets.
Terrasha: amistad y arte compartido
En la edición de enero 2026 aparece junto a Maurico Cruz la artista Terrasha. Su presencia no es casual ni decorativa. Ha sido una compañera constante en su camino creativo. Cantante, DJ y artista performática, Terrasha representa algo que Mauricio reconoce de inmediato: sensibilidad, fuerza y un compromiso auténtico con la expresión artística.

“Terrasha engloba lo que es la chica Mauricio Cruz”.
Cuando imagina a “la chica Mauricio Cruz Studio”, piensa en ella. No por un ideal estético, sino porque encarna la mezcla de curiosidad, energía y apreciación por lo hecho con detalle que define su marca.
Ella, a su vez, admira su capacidad para convertir una simple observación —una piedra encontrada en un viaje, un insecto diminuto— en una colección completa.

Su relación no busca etiquetas. Es una amistad que creció con los años y que ahora queda registrada también en esta portada, como un pequeño homenaje mutuo.
Un país que despierta y un diseñador que cree en su futuro
Para Mauricio, la moda en Costa Rica se encuentra en un momento especial. Considera que el país tiene terreno fértil para que surjan propuestas nuevas y creadores rigurosos. La facilidad para acceder a información, sumada al talento joven, lo llena de entusiasmo.
El 2025 fue un año largo. Miroca tomó más tiempo del previsto, pero también reforzó algo esencial para él: la colaboración. “Ahí está la fuerza”, afirma.
Con ese aprendizaje, mira hacia el 2026 con ilusión: quiere trabajar con más personas, abrir espacios y mantener vivo el impulso creativo que lo ha acompañado desde sus inicios.

A pesar de los reconocimientos, Mauricio conserva el asombro. Se reconoce en el niño que miraba pájaros, en el adolescente que entró a un taller por accidente, en el joven que trabajó en lo que pudo mientras esperaba su momento. Y se reconoce, también, en el hombre que sigue creyendo que el trabajo honesto transforma vidas.
Su historia es una historia de propósito, de raíces, de humildad, de gratitud. Y eso lo convierte en un creador imprescindible.
Créditos:
- Producción y textos Shirley Ugalde M.
- Fotos John Durán
- Styling Mauricio Cruz Studio
- Dirección creativa Mauricio Cruz y Augusto Ramírez
- Uñas Máximo Trejos
- Equipo de IECSA Súper Salón: Maquillaje Zulay de la Torre y Peinado: Charlotte Garro Rivera
- Apoyo redes sociales Alejandro Monge y Emma Hernández
- Agradecimiento especial a Clínica Beauty Skin Care.
