
Ya se sabe que muchos de nuestros actuales gustos por la comida y los principales recuerdos de la niñez están relacionados con lo que comíamos en nuestra infancia. ¿Quién no añora los postres de la abuela? ¿Habrá alguien que no eche de menos cierta comida que su madre le preparaba?
Tengo muy presente en mi memoria algunos sabores, los que añoro: unas costillitas de chancho con papa y achiote que hacía mi abuela paterna, al igual que su gallo pinto: tostadito. Es un viaje completo.
De mi madre, varios platos me siguen gustando mucho: su picadillo de papa con carne, las tortillas, su gallo pinto y creo que uno de mis platos favoritos es cuando prepara arepas.
Cuando hablo de arepas, no me refiero a las que hacen los venezolanos, no. En ese país le llaman arepa a una especie de tortilla de maíz gruesa, pequeña, un poco cruda al centro, que incluso se puede abrir y rellenar. Se parece más a un pan y así lo define el DRAE. Los mismo aplica para Colombia.
La palabra arepa viene del cumanagoto erepa. Los cumanagotos, según wikipedia, eran un pueblo indígena venezolano.
La arepa que se hace en nuestro país es más parecida al pancake anglosajón. Se elabora a partir de harina de trigo. La principal diferencia con la versión gringa: las del norte son saladas y las acompañan con dulce. Las ticas son dulces y se pueden acompañar o no. Solas, son un plato apreciable, cosa que no sucede con las panquecas, que sin el jarabe de maple o la miel de abeja están incompletas.
Como curiosidad, el DRAE indica que en Cuba la arepa es una "torta fina de harina de trigo, azúcar, vainilla y leche, frita, que se come caliente con sirope o almíbar", siendo entonces prácticamente igual a la tica.
Una de las virtudes de la arepa es la rapidez con que se prepara. A diferencia de las crepas, la mezcla de arepa puede utilizarse una vez se haga la mezcla, sin necesidad de reposo en la refrigeradora.
Ya sea con café al desayuno, con aguadulce o un chocolate caliente, las arepas son una opción que merece la pena persistan en las mesas ticas.
Les comparto mi adaptación a la receta de mi mamá, doña Maruja:
1 taza de harina
1 taza de azúcar
1 huevo
1 taza de leche agria
1/4 de taza de leche común
1 pizca de sal
1 cucharada de extracto de vainilla
Unos 30 gramos de mantequilla derretida
Preparación:
1. Caliente el sartén (entre más bajo sea el sartén será más fácil darles vuelta) a fuego medio alto.
2. Ponga todos los ingredientes en un cuenco y mezcle bien con un tenedor o con varillas por un par de minutos, cuidando que no queden grumos. Utilice una tacita de 1/4 o un 1/3 de taza de medida para echar la mezcla al sartén o una cuchara grande.
3. Engrase un poco el sartén con aceite vegetal o bien con mantequilla
4. Mi opción personal es vaciar la mezcla al sartén en forma de espiral, partiendo del centro hacia el exterior.
5. Dore por ambos lados (uno o dos minutos por lado aprox)
Acompañadas de mantequilla o natilla, son algo fuera de este mundo. Ricas y esponjosas.
Mi mamá suele agregarle algunas gotitas de limón. Yo siempre he prescindido de ese paso; pero lo tengo pendiente de probar. Otra variación que tengo pendiente es con esencia de coco en vez de vainilla. Como se suele comer al desayuno o al café no suelo agregar algún chorrito de ron, no obstante un buen ron oscuro, sin duda, redondearía el sabor.
Y solo por aquello, aclaro: mi mamá no la ponía ron. ¡Buen provecho!
