Ana Laura Torrealba. 8 marzo

La pandemia de la covid-19 ha constreñido a muchas familias al aislamiento. En familias con niños, esto significó la implementación de una rutina sin clases presenciales, amigos con quien jugar ni visitas a los abuelos. Este modelo de crecimiento con un cambio limitado entre ambientes puede afectar el desarrollo integral de los niños y niñas.

Socialización y desarrollo integral

La psicóloga infantil Helena Bolaños explicó que el desarrollo de los niños debe ser lo más integral posible. Hay habilidades psicosociales cuyo desenvolvimiento depende de la involucración de otros espacios distintos al hogar y de la interacción social con iguales.

Bolaños dice que hay ciertos temas y valores que los niños aprenden exclusivamente en la práctica social con otros niños. Algunos de ellos son la tolerancia y la experiencia de cometer errores fuera de la privacidad del ambiente familiar.

“El otro me hace a mí reflejo de lo que yo soy. Por eso, es tan importante que los chicos compartan entre ellos”, explicó Bolaños. Con esta frase, la psicóloga apunta a que la única manera en la que los niños puedan conocerse a sí mismos y reconocer en ellos características positivas o negativas, es mediante la interacción social con alguien que esté en su mismo nivel.

Andrea Calderón, educadora y directora del centro de estimulación temprana Super Babies, coincide en que la socialización en los niños en primera infancia es vital para su desarrollo y para la formación de sus destrezas sociales. Por eso, Andrea menciona que es responsabilidad de los padres de familia involucrar, en medida de lo posible, a los niños en situaciones de interacción social, siempre y cuando se tomen medidas de protección y distanciamiento.

Consecuencias del aislamiento

De acuerdo con la Dra. Rebeca Fernández, médico psiquiatra infantil, la manera en la que se vive la pandemia de acuerdo al contexto familiar y a los niveles de estrés que se manejen en casa pueden afectar de diferentes maneras a los infantes.

“El no comprender, sobre todo en un cerebro en desarrollo, qué es lo que está pasando, es algo que genera estrés. En los niños, como no tienen las habilidades verbales completamente desarrolladas, se presentan estrés y ansiedad mediante problemas de conducta”, explicó la Dra. Fernández. La psiquiatra agregó también que el aislamiento y el confinamiento son factores que pueden acentuar los problemas de comportamiento infantil.

Una consecuencia a corto plazo es la dificultad en la autorregulación de emociones. Esto está ligado a otro tipo de valores y conciencia moral como la tolerancia y el respeto, los cuales solamente se pueden dar en convivencia colectiva.

Bolaños concuerda con la doctora, y refiriéndose a los niños que viven o vivieron privados de otros ambientes ajenos al hogar, mencionó que “son chicos a los que esa parte de regulación de emociones se les va a dificultar un poco. Cuando estás con otros chicos tenés que sí o sí compartir. Y no solo compartir cosas tangibles, tenés que compartir tiempo, espacios y la dinámica de un grupo”.

Además, Bolaños añadió que “posiblemente sean chicos con dificultades para la socialización.” Hay hipótesis que sugieren que el tema de tener la iniciativa de acercarse e interactuar con el otro es algo que puede resultar muy intimidante para ellos.

Trastornos de apego y ansiedad de separación

De acuerdo con la doctora Fernández, para las familias que pasaron mucho tiempo en cuarentena, el cambio de rutina que acarrea la entrada a clases puede generar un shock, tanto en los niños como en los cuidadores. Este impacto puede ocasionar lo que se conoce como ansiedad de separación.

La ansiedad de separación es una aprehensión a dejar al cuidador. De acuerdo con la psicóloga Helena Bolaños, este fenómeno puede ocasionar ansiedad por la posibilidad de tener que despegarse en algún momento, lo que puede desarrollar una fobia a tener que salir y valerse por sí mismo.

Otra posibilidad es que el vínculo con la familia se vuelva tan intenso que los niños requieran la separación. El contacto exagerado puede también generar el efecto contrario al apego excesivo, y puede hacer que surja en ellos una necesidad de tener su propio espacio y actividades.

Acerca de este tema, la educadora Andrea Calderón compartió que “existe una ansiedad de separación como parte natural del desarrollo de los niños que empieza entre los 6 o 7 meses y se va eliminando por ahí del año y 4 o 5 meses.” Es casi un año de ansiedad de separación para los guardianes, y eso se puede repetir dependiendo del comportamiento que se tenga con el infante.

La convivencia en el confinamiento puede hacer que este proceso natural se alargue. Para evitar que esto suceda, Andrea recomienda que, de ser posible, se designen tiempos y espacios separados para cada miembro de la familia. El papel que juega la rutina es muy significativo, ya que el apego excesivo puede ser síntoma de la falta de una rutina adecuada y bloques de separación e independencia para cada uno.

Señales en los niños ante altos picos de tensión

El reaccionar ante estas situaciones a tiempo es muy importante. Es recomendable consultar a un profesional de la salud o psicología para evitar ataques de ansiedad en los pequeños.

Adicionalmente, si no se maneja bien la ansiedad podría tener secuelas como afectación en el rendimiento escolar, abandono del sistema educativo e incluso dificultad para enfrentar otros problemas de adulto.

La asesoría de un profesional para abordar la situación se debe apoyar desde el hogar con ayuda de los padres de familia.

Se recomienda que los adultos escuchen a los niños y les hablen en un lenguaje sencillo y apropiado para su edad. Además de mantener la calma, ya que los menores tienden a percibir el mundo tal como los padres lo perciben.

Es importante promover la actividad física tanto en los niños como los adultos; así como mantener rutinas como hora de levantarse, tiempos para estudiar, comer, jugar y descansar.

Los infantes pueden manifestar el estrés con las siguientes reacciones:

  • Trastornos en el sueño: dificultad para dormir, pesadillas, no querer dormir solo.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolor de estómago: gastritis, colitis, estreñimiento o diarrea sin causa aparente.
  • Enojo y rabietas.
  • Miedo a estar solo.
  • Temor a salir de la casa.
  • Más apego con los cuidadores y más demandantes.
  • Tristeza.
  • Dificultad para concentrarse.
  • No querer realizar cosas que antes le agradaban.
  • Hablar constantemente del tema.
  • Regresiones en el desarrollo: volver a orinarse en la cama, querer usar de nuevo pañales o chupón cuando se ya se había dejado.
¿Cómo manejar el estrés de los niños?

Calderón, en su experiencia como madre y educadora, confirma que el establecimiento de rutinas definidas es fundamental para el crecimiento. Especialmente durante la pandemia y con las clases virtuales, es primordial que los niños tengan claros sus deberes durante el día, y que tengan espacios y momentos específicos para realizar distintas actividades.

El modelo de aprendizaje en la infancia está fuertemente influenciado por la repetición. La rutina y la estructura generan en los niños un sentimiento de identificación de lo que está sucediendo y lo que sucederá en un determinado momento, así como de su posición en esas circunstancias.

Los hábitos que surgen de la repetición sirven también como una herramienta para disminuir los niveles de ansiedad en los niños. “El tener una rutina, o por lo menos explicarles lo que va a pasar durante el día, es una forma de respetarlos, empoderarlos y bajarles un montón la ansiedad”, agregó la educadora.

Otra valiosa herramienta que se puede utilizar para mantener los niveles de estrés bajo control es el diálogo. Para Helena Bolaños, hay que involucrar a los niños mediante la conversación para que se les haga menos pesado este retorno a clases.

Es importante preguntarles cómo se sienten, para que ellos puedan empezar a interiorizar lo que está sucediendo. Para poder procesar la información necesitamos externar lo que se siente para empezar un proceso de análisis para que puedan lidiar con la situación.

Consejos para los adultos
  • Lo primero que tienen que hacer los cuidadores es reconocer y aceptar  las posibles consecuencias de la crianza en el contexto de la pandemia. Las madres, padres y guardianes que lleguen a percibir consecuencias post pandemia deben tener conciencia de que no son las únicas personas pasando por el mismo proceso.
  • Es necesario acoplar las expectativas y entender que va a ser normal notar crisis de ansiedad, de apego, desapego, y dificultades sociales en los niños después de haber pasado una cantidad de tiempo significativa viviendo en distanciamiento social.
  • Una recomendación para lidiar con las preocupaciones que puedan surgir ante el retorno a clases, es el método semáforo. Este método  consiste en pasar por una autorevisión en la que se enlisten las preocupaciones que se están experimentando, y clasificar su gravedad de acuerdo con los colores del semáforo. Una vez que se pasa por ese análisis interno y se define el grado de ansiedad que provocan ciertas situaciones, el siguiente paso es pensar en soluciones alcanzables que ayuden a atenuar el estrés.
  • Es esencial saber reconocer las situaciones sobre las cuales se puede ejercer un tipo de control, y también las que sobrepasan cualquier alcance. Una vez que se detectan las cosas que no se pueden controlar, inicia el trabajo para dejarlas ir.
El conocimiento es clave
  • Las personas menores de edad merecen estar bien informadas sobre la covid-19. Todos en la familia tienen derecho a sentirse tranquilos, seguros y confiados y eso se logra con información.
  • Enséñeles a sus hijos e hijas sobre el cuidado que se debe tener siempre que se visita a un familiar, un restaurante o algún otro sitio y especialmente el centro educativo.
  • Modele en los niños conductas de cuidado para no infectarse de la covid-19 y, a manera de ejemplo para el niño, realice simulaciones en familia sobre la vivencia en el centro educativo.
  • Rotule cada artículo escolar con el nombre del niño, incluyendo la mascarilla. Dótelo de una bolsita o cajita donde podrá guardarla mientras ingiere algún alimento y enséñelo a usarla. Recuérdele que la mascarilla no debe ser colocada en cualquier sitio ni compartida con nadie.
  • Consulte en la escuela sobre las medidas que han tomado para garantizar la bioseguridad de los estudiantes y qué apoyo requiere de su parte para reforzarlas en casa.
  • Ofrézcale al niño apoyo en casa y ayúdele de nuevo a establecer rutina de trabajo escolar.
  • Si su hijo o hija presenta alguna dificultad emocional comuníquelo de inmediato al centro educativo para que reciba todos los apoyos requeridos.

Fuentes:

  • Andrea Calderón, directora del centro de estimulación temprana Super Babies (themommylifecr@gmail.com).
  • Helena Bolaños, psicóloga infantil (tel.: 8519-9191)
  • Rebeca Fernández, médico psiquiatra infantil (tel.: 8408-8738)
  • Marcela Lizano, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Fidélitas.
  • Sandra Sedó, pediatra de Servisalud (tel.: 2257-5500).