Revista Dominical

Perder a un padre por la covid-19; periodista Adriana Hernández comparte sus sentimientos

Marco Tulio Hernández Villalobos falleció a sus 57 años. Él era el hombre más orgulloso cuando veía a su hija informando sobre deportes en tele y radio, afición que él le heredó.

Don Marco Tulio Hernández Villalobos siempre fue un consumidor asiduo de noticias.

Sin embargo, sentía una emoción especial cuando en ellas aparecía Adriana Hernández Valverde, su hija, algunas veces informando y otras como protagonista. Adri, y sus hermanos Esteban y Nancy, fueron su orgullo.

Pero en esta ocasión, la historia que se cuenta es la de él, quien falleció el sábado 8 de mayo luego de estar en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), tras resultar contagiado por la covid-19.

Adriana -conocida periodista deportiva de TD Más y Teletica Radio y una de las pioneras en la cobertura de fútbol femenino en Costa Rica-, también se enfermó del nuevo coronavirus, pero superó la enfermedad. Lo mismo ocurrió con su novio, el director deportivo de esa misma emisora, Christian Sandoval, quien tras estar hospitalizado pudo recuperarse.

Adriana y Sandoval fueron parte de los periodistas deportivos que se contagiaron en Teletica.

“Papi se cuidaba como usted no se puede imaginar. Primero nos enfermamos Christian y yo. El Viernes Santo llevamos a almorzar a mis papás y a mi sobrinita (Mariana, a quien don Marco Tulio quería como una hija más). El lunes 5 de abril le dicen a Chris que está positivo, y yo empiezo a presentar síntomas”, cuenta Adriana.

“En mi casa mi mamá (doña Nidya Valverde) empieza con síntomas el domingo 11, los inician Mariana y mi papá (desde que Christian salió positivo y Adriana tuvo síntomas ella se aisló). Nos preocupaba mami porque ha sufrido neumonía y padece de los riñones e hígado. Justamente nos inquietaba porque se puso mal de los riñones y si comía vomitaba. Papi era asmático y diabético controlado. Los primeros días estuvo tranquilo. Mi mamá empezó con la tos. Todo esto pasaba mientras Chris estaba en el hospital, a él lo internaron el 12 de abril, día en el que me dan de alta”, continúa Adriana.

El día 15 don Marco Tulio amaneció más afectado: tenía tos y le faltaba el aire. Para no llamar a una ambulancia, pues en estos tiempos los servicios han estado más saturados, Adriana llevó a su papá a emergencias del Calderón Guardia. Lamenta que ese día el trato no fuera el mejor y que, aunque ella ofrecía propuestas, hicieron a su papá caminar bajo un fuerte aguacero en el que una sombrilla servía de poco.

Esa primera vez él quedó en observación y, tras unas horas, le dieron la salida. Cuando llegó al carro en el que Adriana le esperaba, le faltaba mucho el aire; él se nebulizó con su inhalador de bolsillo. Al llegar a la casa su esposa doña Nidya notó que estaba mal. Le midieron la saturación de oxígeno y el oxímetro marcaba 84. Los especialistas indican que es alarmante cuando el número baja de 90.

“Llamamos a la ambulancia. Llegaron en 40 minutos y se lo llevaron solito. No había llegado al hospital y le dijeron que esto (el virus) era más fuerte que el asma, que se devolviera. Nos recomendaron que alquilaramos un tanque de oxígeno. Desesperados esa noche mi hermano y yo encontramos un lugar para alquilar una máquina de oxígeno: gracias a Dios en ese momento teníamos las posibilidades. Me indicaron cómo ponerla y a papi empezó a subirle el oxígeno. Lo más que le subió fue a 88. El viernes lo llevamos de nuevo, porque llamamos a todas las líneas que brinda el ministerio de Salud y nos dijeron que si había que llamar la ambulancia 10 veces lo hiciéramos, porque una saturación menor de 90 no se puede tener. Ese viernes 16 lo dejaron internado. Él iba con oxígeno de 75”, detalla la periodista.

Inesperado adiós

Adriana habla de su vivencia y la de su familia porque cree que este relato puede servir para que otras personas concienticen sobre el impacto de la covid-19 en las personas enfermas y sus seres queridos. También cree que su papá, un hombre siempre feliz y trabajador, estaría de acuerdo.

Luego de que don Marco Tulio fue internado lo pudieron estabilizar. A él lo dejaron en un salón habilitado para pacientes con covid-19. Entre el viernes y el lunes siguiente él se comunicaba por sí mismo con su familia. A él le colocaron una cánula de alto flujo para ayudarle con la oxigenación. Por el traicionero virus se le elevó el azúcar en la sangre, pero sus signos vitales estaban bien.

“El martes supimos que lo van a pasar a UCI. El sentimiento es algo inexplicable. Sabíamos que seguro se sentía mal porque ese día no nos contestó más mensajes, o tal vez era que estaba dormidito. Cuando están en el salón covid los doctores no se comunican con nosotros. Papi solito nos avisa que va para la UCI. A él lo pasan y no lo intuban. Lo ponen boca abajo con tratamiento de previo a la intubación”, recuerda Adriana.

Al día siguiente, miércoles 21, antes de un partido, a Adriana le avisaron que su papá había hecho una videollamada para avisarles que lo iban a intubar.

“Yo estaba trabajando, cuando mi hermana me avisa empiezo a llamarlo desesperadamente. Aquí tenemos el celular de papi, tiene siete videollamadas mías pérdidas. Al final es muy triste porque fui la única que no pude despedirme de él en esa videollamada. Dijo que iba tranquilo, con paz, que lo que le iban a hacer era para su bien”, cuenta.

El doloroso relato de Adriana es, sin duda, muy cercano a la experiencia de miles de familias costarricenses que han perdido a sus seres amados por causa del letal virus, que tiene 14 meses de estar en Costa Rica.

“Luego de que lo intuban empiezan días angustiantes pero esperanzadores. Desde el día uno en que lo intuban nos llamaron a decir que el proceso fue un éxito. La doctora Tatiana Víquez, del Calderón Guardia, fue un ángel: nos llamó todos los días a decirnos cómo iba todo. Lo bonito era que todos los días papi iba en recuperación. El tratamiento de intubación lo ponen por siete días mínimo, a él se lo pusieron seis días porque iba bien. Se lo iban a quitar y le iban a hacer una traqueotomía.

“Papi pasó 22 días en el hospital. Desde el 28 ya no estaba intubado, pero sí sedado. Empezaron a despertarlo. Le sucedió algo en el riñón que tenían que controlar con tratamiento”, narra la hija.

Adriana continúa: “Todo iba bien hasta que el jueves 6 de mayo nos llaman para avisar que se complicó y que está delicado. Se siente como un balde de agua fría. Cuando le baja la sedación poco a poco va respondiendo a estímulos, él ya movía la cabeza, pero dicen que lo hacía inconscientemente y que no sentía dolor.

“Pasó que él se mordió la lengua. No sabemos si se dieron cuenta a tiempo, pero como les ponen anticoagulantes, la sangre estaba muy rala, entonces cuando se dieron cuenta que papi se había mordido la lengua ya se le había hecho una hemorragia, ya había perdido demasiada sangre y resulta que esa sangre no le bajó por el esófago, sino por las vías respiratorias. Tuvieron que correr porque un poquito de sangre se le fue al pulmón y sus órganos ya estaban con sangre. Al final tuvo una hemorragia interna. El jueves fue un día terrible, nos dicen que está complicado, que iban a intentar estabilizarlo”.

Luego de la noticia, Adriana y su familia se unieron en oración. Al igual que don Marco Tulio, todos en la familia han sido personas de mucha fe.

“Nos acercamos mucho más a Dios. Oramos y eso nos dio paz. El viernes nos llama la doctora y nos dice que está delicado pero un poco mejor.

Todas estas semanas yo estaba cuidando a Christian, pero ese viernes me quedé con mami. El sábado a las 5:06 a. m. sonó el celular, es un golpe horrible. Mi mamá se levanta y la llamada era del hospital: la doctora le dijo que a papi le dio otra hemorragia y no aguantó. Falleció a las cinco en punto de la mañana”, detalla Adriana. Ella resalta que si bien su papá murió y se complicó después de contagiarse del mortal virus, la causa de su muerte no fue esa: ya que sus pulmones estaban sanos.

En medio de momentos tan complicados, Adriana siente una singular fortaleza. Ella asegura que viene de Dios.

“Trato de ser la más fuerte en momentos así. Me tocó reconocer el cuerpo en una morgue. Era el único con sabanita blanca (pues en su acta de defunción se indica que la causa directa de su muerte no fue la covid-19). A la par había otros con bolsa verde, super amarrados. Es muy fuerte. Yo pude hacer el reconocimiento. Eso te ayuda a aceptar la realidad. Lo velamos y lo cremamos. Era lo que él quería. Hacemos gestiones para lanzar sus cenizas al muelle de Puntarenas. Él amaba la pesca. Era uno de sus hobbies”, cuenta.

Don Marco Tulio era un hombre deportista, cuidaba su alimentación y no le podía faltar su batido verde. Fue un trabajador incansable, por muchos años se desempeñó como agente aduanero.

Adriana se siente en paz porque sabe que su madre, ella y sus hermanos, siempre hicieron todo para que él fuera feliz y así fue.

“Es muy impactante cuando pasa algo así. Un día todo está bien y al siguiente la realidad cambia. Nada va a ser igual a pesar de la fortaleza. El dolor siempre va a estar. A mí el virus me dio leve, pero papi no ganó la batalla. A las personas les digo que se cuiden y amen a su familia. Tengo la bendición y tranquilidad de que papi fue feliz”.

Fernanda Matarrita Chaves

Periodista y Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Latina de Costa Rica.