Alejandro Jenkins. 8 diciembre
Foto: AFP.
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Stephen William Hawking, físico teórico inglés y profesor jubilado de la Universidad de Cambridge, murió el 14 de marzo, a los 76 años. Hawking dedicó la mayor parte de su carrera a la cosmología: la descripción matemática del origen, evolución y estructura del universo en su totalidad. Con Roger Penrose, demostró matemáticamente que la teoría general de la relatividad de Einstein debe fallar dentro de un agujero negro y al inicio del Big Bang. La estructura a gran escala del espacio-tiempo, libro que Hawking y George Ellis publicaron en 1973, sigue siendo de referencia obligada.

La principal contribución de Hawking a la física teórica data de 1974, cuando publicó un cálculo con el que demostró que los agujeros negros no pueden ser eternos ni completamente negros: las leyes de la mecánica cuántica (que rigen el comportamiento de la materia y la radiación a nivel subatómico) obligan al agujero negro a evaporarse lentamente al emitir un brillo tenue, la “radiación de Hawking”. Este resultado partió de trabajos previos del soviético Yakov Zeldovich y del mexicano-estadounidense-israelí Jacob Bekenstein. Como dijera de sí mismo el gran Isaac Newton (cuya cátedra universitaria en Cambridge sería ocupada por el propio Hawking tres siglos más tarde), si vio más lejos que otros fue al pararse sobre hombros de gigantes. La radiación de Hawking es esencial para comprender la termodinámica de los agujeros negros y plantea preguntas aún sin resolver en la teoría cuántica de la gravedad y de la información.

Hawking también fue uno de quienes calcularon que la “inflación cósmica” (planteada por Alan Guth) puede explicar la distribución de las galaxias. Con Jim Hartle, propuso una “condición sin frontera” para el estado cuántico del universo, idea que sirvió de desenlace a Breve historia del tiempo, fascinante obra de divulgación científica que Hawking publicó en 1988 y que lo dio a conocer al gran público. Ese libro atrajo atención tanto por sus explicaciones de cosmología como por la increíble historia personal que relata: A los 21 años Hawking fue diagnosticado con una enfermedad irreversible de las neuronas motrices y los médicos le pronosticaron dos años de vida. En esas condiciones terminó su doctorado, se casó, tuvo tres hijos y continuó su brillante carrera aún tras quedar casi totalmente paralizado, confinado a una silla de ruedas, capaz de comunicarse solo mediante una computadora arduamente controlada por el escaso movimiento que le quedaba en una mano.

Breve historia del tiempo, que leí y releí en mi adolescencia, alimentó mi propia ambición de formarme en la física teórica. Aunque nunca conversé directamente con Hawking (algo que hubiera requerido mucho tiempo y la intermediación de sus asistentes), sí lo vi en persona y asistí a varias de sus charlas. Puedo además presumir de haber recibido un correo electrónico suyo, del que aún conservo copia: en enero del 2006 tuve una oferta de empleo temporal como investigador en el grupo de cosmología de Cambridge, la cual me fue comunicada inicialmente por un mensaje enviado de la cuenta de Hawking y firmado por él. Fue a dar directamente a mi carpeta de spam, de donde lo rescaté tras recibir una llamada telefónica al respecto del Prof. John Barrow, otro físico teórico en el mismo grupo.

“Mira a las estrellas y no a tus pies. Trata de encontrar sentido a lo que ves y pregúntate sobre lo que hace al universo existir. Se curioso”.

Tengo también algunos recuerdos curiosos de la visitas regulares de Hawking a Caltech cuando yo era estudiante doctoral allí. Un día, seguramente en el 2004 o 2005, se hacía tarde y casi todos se habían ido ya a sus casas mientras yo seguía en mi oficina discutiendo frente a la pizarra con otro estudiante: Donal O’Connell, hoy un destacado profesor de física teórica en la Universidad de Edimburgo. Súbitamente nos distrajo una voz electrónica que venía del fondo del pasillo y que repetía Space-time, space-time… (“espacio-tiempo, espacio-tiempo…”), una y otra vez, puntuada por pitidos agudos. Aquello siguió por varios minutos y Donal y yo no pudimos evitar intercambiar una sonrisa: algo fallaba con la computadora del Prof. Hawking.

El autor es doctor en física teórica del California Institute of Technology (Caltech), profesor en la UCR y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.