Juan Zúñiga. 7 diciembre
Foto: Fairfax Media Anthony Bourdain.
Foto: Fairfax Media Anthony Bourdain.

Uno de los fallecimientos más inesperados, si se quiere, sorpresivos –en el mal sentido– fue el del rockstar, el bad boy de la comida, el irreverente de los chefs: Anthony Bourdain, quien se quitó la vida el 8 de junio en un hotel de lujo en Alsace, Francia.

Tony, como lo llamaban sus allegados, fue un hombre multifacético: chef profesional, escritor, documentalista, y en los últimos años, amante del Jiu Jitsu brasileño y protagonista del programa de CNN, Parts Unknown.

Nacido en Nueva York de madre judío-francesa y padre católico, tuvo su primer contacto con la gastronomía, según relata en su primer libro Kitchen Confidential, cuando probó una ostra en el bote de un pescador mientras visitaba Francia con su familia.

Ese mismo libro, (todo un best seller del New York Times), catapultó a Tony a la fama. En él relata sus primeros años y la vida real de un cocinero común, chascos que sucedieron durante sus andadas iniciales en la cocina y hasta detalla trucos no muy éticos que hacen los restaurantes para mantener el negocio rentable (por lo cual es mejor no pedir pescado en un restaurante los lunes).

Bourdain era vehemente al expresar su admiración y respeto por todos los inmigrantes que trabajan en restaurantes, a quienes calificó de la “columna vertebral de la industria”.

Su programa de televisión lo nutría viajando por el mundo y probando diferentes comidas, muchas bebidas espirituosas y, sobre todo, explorando la condición humana de los lugares que visitaba, lo cual daba un trasfondo muy interesante y poco visto en la pantalla chica.

Sus años y la madurez llevaron a Bourdain a dejar varios vicios y a hacer las paces con gente a la que criticó fuertemente, como su también famoso colega, Emeril Lagasse. También tuvo su faceta de emprendedor visionario; creó un ambicioso plan que por poco convierte el Pier 57, de Manhattan, en un mercado gastronómico gigante.

Eric Ripert, su colega y mejor amigo, quien lo halló muerto en su habitación, recién rompió el silencio que mantuvo durante los últimos meses y habló sobre Bourdain en el espacio This Morning, de CBS.

“Era un ser humano excepcional, inspirador y generoso, Uno de los grandes narradores de nuestro tiempo que se conectó con muchas personas. Viajábamos y siempre era tremendamente divertido. (...) Anthony era una persona muy curiosa por naturaleza. (...) La idea era no tener miedo de viajar y no tener miedo de ir a otros países y no quedarse en el resort, no quedarse en el hotel y comer el menú normal. Simplemente salir, salir a la calle y entablar conversaciones con la gente. Probar la comida y aprender de la cultura a través de esa experiencia y creo que él fue muy bueno derrumbando paredes entre nosotros y otros países que a veces tenemos miedo de visitar y eso es gran parte de su legado”.

Tony vivió 61 años, nos dejó una fuerte marca en todos los que leímos sus libros y lo seguimos en televisión por sus aventuras gastronómicas alrededor del mundo.

En setiembre pasado, recibió seis premios póstumos en la entrega de los prestigiosos Emmy, por su ya mencionado programa de gastronomía Parts Unknown.

“Viajar te cambia. Conforme avanzas en la vida y el mundo cambias las cosas ligeramente, dejas marcas detrás, aunque sean pequeñas. En retorno, la vida, y viajar, deja marcas en ti. La mayoría de veces, esas marcas son hermosas. Otras, sin embargo, duelen”.

La madre de Bourdain, Gladys, atravesó su duelo con un llamado a combatir la depresión, esa enfermedad que a menudo sufren en silencio miles de personas en el mundo, como considera, fue el caso de su hijo. “Lo tenía todo, fortuna, fama, mucho más allá de sus expectativas”, declaró la madre a la prensa, unas semanas después de la muerte de su hijo.

Él, sin embargo, venía dando señas de que no andaba nada bien. Durante una visita a Argentina en enero pasado, confesó durante una rueda de prensa: “Sueño todo el tiempo que no puedo salir de un hotel victoriano con muchos pasillos y habitaciones. Paso mucho tiempo en los hoteles, pero este es amenazante, no lo puedo dejar. Y hay otra parte de este sueño donde estoy tratando de ir a casa y no puedo recordar adónde queda” dijo. Y agregó: “Me siento como Cuasimodo, el jorobado de Notre Dame, me siento como un freak, muy aislado”.

Casi como una premonición, reconocería en el reino budista de Bhután, donde filmó el capítulo que cerraría la onceava y última temporada de su ciclo en CNN. “La vida no es más que un sueño”.

El autor es el gerente general de Sabores.