Fernanda Matarrita Chaves. 11 agosto
Caroline Lobert y su hija Lucie López han establecido su comunicación gracias al uso de la lengua de señas. Foto: Rafael Murillo
Caroline Lobert y su hija Lucie López han establecido su comunicación gracias al uso de la lengua de señas. Foto: Rafael Murillo

“¿Cómo una mujer sorda va a convertirse en mamá? Ni siquiera podrá escuchar cuando el bebé llora”. Con ese ejemplo tan sencillo varias madres sordas han visto estereotipada su capacidad para criar a un hijo. A ese prejuicio se enfrentó Caroline Lobert, madre sorda.

Por su parte Leda Montero, una mamá oyente con hija sorda, se vio ante el reto de lograr que una mujer que trabaja, estudia y es madre le pueda dar las herramientas adecuadas a su hija sorda que nació a inicios de los 80, cuando aún no existía en el país una lengua de señas oficial.

Actualmente existe y es conocida como LESCO (lengua de señas costarricense) que está establecida como lengua materna de las personas sordas de Costa Rica desde el 2012 y que se venía desarrollando desde los años 70.

En el caso de las mujeres que presentamos en este trabajo, todas han demostrado que ser sorda con hijos sordos, oyente con hija sorda y sorda con hijas oyentes no ha sido problema alguno para sacar adelante a sus niños. Eso sí, el esfuerzo ha sido tan grande como el amor de cada una de ellas por sus pequeños. La inversión, en la mayoría de los casos, ha sido más cuantiosa, así como la satisfacción de verlos florecer y desarrollarse con normalidad.

La entrevista con Silvia Leiva y sus hijos, así como la de Caroline Lobert y su familia, se realizó gracias a la ayuda de la educadora Nina Guzmán, cofundadora del instituto Hands-On Lesco.

Silvia Leiva (centro) y sus hijos María Laura y Luis Diego se comunican mediante lenguaje de señas siempre. Ellos destacan la gran labor de su mamá con el fin de sacarlos adelante. Foto: Rafael Murillo
Silvia Leiva (centro) y sus hijos María Laura y Luis Diego se comunican mediante lenguaje de señas siempre. Ellos destacan la gran labor de su mamá con el fin de sacarlos adelante. Foto: Rafael Murillo
Madre e hijos sordos

Silvia Leiva es una persona sorda, de 58 años. Esta ama de casa sabe que su sordera se debe a que su madre (mujer oyente) se enfermó de rubeola cuando estaba embarazada de ella. Su esposo, Johnny Chan, también es una persona sorda, sin embargo, no se conoce la razón.

Hace tres décadas la pareja decidió tener un hijo. El embarazo transcurrió normal y hace 29 años nació María Laura Chan. Siendo una bebé de siete meses, sus papás descubrieron que ella nació sorda.

“Con nueve meses la llevamos a un kínder en Escazú que se llama Papillón, ahí estuvo hasta los seis años. Es kínder pero con estimulación y atención de terapia de lenguaje”, contó Leiva.

Seis años después del nacimiento de María Laura, Silvia se embarazó de Luis Diego. Cuando el niño tenía un mes sus padres se dieron cuenta de que también era sordo. Desde ese momento empezaron a comunicarse con él mediante señas. Al cumplir un año, lo integraron al kínder Papillón.

“Estuvo un tiempo corto y luego lo llevamos a Mi Oruguita (Centro de Educación Integral para Niños Sordos Mi Oruguita), ahí estuvo hasta los seis años”.

”Cuando tenían edad escolar, mis dos hijos entraron a la escuela y luego siguieron en el colegio privado Nuestra Señora de Sion. Aparte de las clases que llevaban desde pequeños, yo les enseñaba señas desde bebés y también a leer labios”, contó la mamá.

María Laura Chan, quien hoy se desempeña como diseñadora gráfica del Fondo Mutual de la Caja Costarricense de Seguro Social y como profesora de lectura y escritura para personas sordas en la Universidad de Costa Rica, reconoce y destaca el esfuerzo de su madre para maximizar todos los recursos posibles con el fin de que ella y su hermano tuvieran la mejor educación.

“Cuando yo nací no había material o recursos para educar a bebés sordos. Mi mamá mandó a pedir material de Estados Unidos para enseñarnos a nosotros y poder criarnos bien. En Papillón a mi hermano y a mí nos dieron terapia de lenguaje, en casa aprendimos señas y así crecimos con los dos lenguajes (español y lengua de señas)”, dijo María Laura.

Silvia, de 58 años, aprendió lengua de señas hasta que cumplió 19. Desde niña solamente se comunicaba con su mamá.

Ella estuvo en la escuela Fernando Centeno Güell, luego la matricularon en educación privada con un profesor de España que le enseñó más español. La etapa colegial la cursó en el colegio Sion.

Ya con sus hijos, para facilitar el aprendizaje, Silvia tenía todo en su casa rotulado con el nombre en español y aparte, le enseñaba la seña a sus niños de cómo se decía cada objeto. Ella y su esposo también mandaron a comprar a Estados Unidos un dispositivo que se encendía cada vez que sus hijos lloraban y así podían atenderlos de inmediato.

“Mi mamá es muy esforzada y trabajadora. Antes no había mucho conocimiento de cómo relacionarse con niños sordos. La educación pública era muy floja (se consultó, mediante correo electrónico, al Ministerio de Educación Pública (MEP) sobre ¿cuántos niños y adolescentes sordos estudian en educación pública? y ¿qué tipo de acompañamiento se le da en las aulas a estos estudiantes?, sin embargo, al cierre de esta nota no se obtuvo respuesta) entonces mi mamá se esforzó mucho para obtener información, recursos y a tener paciencia. Nosotros vivíamos en Tibás y la escuela era en Escazú y no teníamos carro. Mi mamá nos llevaba en bus, nos esperaba, nos recogía, mi mamá me llevaba dormida. Mi papá también hizo mucho esfuerzo. Los dos han sido muy buenos. Nosotros tuvimos acceso a educación universitaria gracias a mis papás. En mi casa la comunicación es 100% en lesco y eso nos ha ayudado con los dos idiomas (español y lenguacde señas. Es una gran ventaja”, agregó María Luisa.

Silvia Leiva (centro) le enseñó a sus hijos María Laura y Luis Diego a usar las señas para comunicarse. Rafael Murillo
Silvia Leiva (centro) le enseñó a sus hijos María Laura y Luis Diego a usar las señas para comunicarse. Rafael Murillo

Para Luis Diego, de 22 años, su mamá es “la más linda” y reconoce que sin ella, él no sería quien es ni contaría con el nivel universitario que posee. Él también es diseñador gráfico, trabaja en el Instituto Tecnológico Costarricense (TEC) y es profesor de LESCO en Hand-On Lesco (academia diseñada para que niños, jóvenes y adultos oyentes aprendan a expresarse en Lengua de Señas Costarricense).

“Yo no puedo imaginar si mi mamá fuera oyente. Mi vida sería otra. Yo le agradezco muchísimo. Como dijo mi hermana: sin mi mamá no estaríamos aquí con esta educación. Estoy muy agradecido. La respeto mucho como persona. Es muy valiosa y su corazón es muy muy grande. Estoy orgulloso de ser su hijo. Te amo mami”, expresó Luis Diego.

María Laura y Luis Diego viven con sus papás. Sin embargo, en diciembre ella se va a casar. Su prometido es una persona sorda. Ya han dicho que quieren tener hijos, aunque han discutido porque tienen claro que “tener un hijo sordo es más caro que tener uno oyente”.

“Hay que llevarlo a terapia, y darle educación desde todavía más temprano. Es mucho más sacrificio. Hay que darle mucho más tiempo para que tenga buena educación. Yo tengo el gen sordo. Es probable que el bebé también lo tenga. En la familia de mi prometido todos son oyentes, hay un 50% de probabilidad que le bebé pueda ser sordo”, aseguró María Laura.

Silvia, María Laura y Luis Diego pueden hablar, ninguno de los tres tiene problemas con sus cuerdas vocales. Sin embargo, todos prefieren comunicarse mediante lengua de señas.

“Mucha gente pregunta que si las personas sordas podemos hablar. Antes se creía que las personas sordas eran sordomudas, las personas sordas tenemos bien las cuerdas vocales, solamente que a algunos les falta practicar sacar la voz bien, pero sí podemos hablar. Muchos sordos prefieren usar señas, otros prefieren hablar, otros ambas, hay mucha diversidad. Nosotros preferimos las señas”, explicó Luis Diego.

Lucie López le dijo en señas a su papá, Leonel, que estaba viendo volar un pajarito. En la foto aparecen su mamá Caroline y su hermana Sofía. Foto: Rafael Murillo
Lucie López le dijo en señas a su papá, Leonel, que estaba viendo volar un pajarito. En la foto aparecen su mamá Caroline y su hermana Sofía. Foto: Rafael Murillo
Madre sorda con hijas oyentes

Sofía López Lobert tiene cinco años y medio. Ella disfruta jugar con muñecas y bailar ballet. A Sofi, como le llaman de cariño, le gusta abrazar a sus papás, su hermana Lucie y decirle a los tres cuánto los quiere.

Con sus padres se comunica mediante señas y con la pequeña con palabras. Sofi y Lucie son oyentes; su mamá Caroline Lobert y su papá Leonel López son personas sordas.

Caroline Lobert y su hermano gemelo Alain Lobert nacieron sordos. Ella desde siempre anheló convertirse en mamá. Hace ocho años esta belga viajó hasta Costa Rica y se enamoró de Leonel López. Se casaron y cumplieron el sueño de ser papás de Sofía, de cinco años y medio, y de Lucie, de dos años y diez meses.

“Se cree que las mamás sordas no pueden ser mamás. La gente tiene el prejuicio de que por ser sorda cómo va a hacer para criar a los hijos. María Laura, Luis Diego y mis hijas son un ejemplo de que nosotros somos una familia como cualquier otra. Una familia buena. Les damos educación. Les damos valores. Muchas personas dicen: 'pero cómo se van a comunicar con los bebés si las mamás son sordas'. Yo les digo: es igual como con cualquier idioma, es una comunicación natural. Una familia se puede comunicar en inglés pero también puede hacerlo en LESCO”, dijo López, quien aprovechó para honrar el trabajo de su esposa como madre.

Al igual que Silvia Leiva y su esposo Johnny Chan, Caroline y Leonel también mandaron a traer un equipo especial a Estados Unidos. Cada vez que las pequeñas lloraban el aparato se encendía.

A Sofía y Lucie su mamá les ha enseñado a comunicarse en señas desde bebés. La primera seña de Sofía fue la de comer, su madre dice que a los 10 meses puso su mano cerca de la boca y empezó a moverla en señal de que tenía hambre. Lucie continúa aprendiendo.

“Desde el principio les enseñé señas. Es como cuando un bebé nace y le empiezan a hablar español, él lo escucha y esto es igual con las señas. Los niños tienen este desarrollo visual y más bien lo aprenden más rápido porque la vista es de lo primero que se desarrolla entonces empiezan a reconocer todas las señas”, explicó Caroline, de 41 años.

Sofía y Lucie son bilingües: hablan español (Sofía también lo hace en inglés y francés) y usan LESCO. Para que las niñas aprendieran a hablar, la familia de su papá Leonel (todos son oyentes, él nació oyente mas perdió la audición por una enfermedad) las ha ayudado y siempre hablan con ellas. También ver televisión colabora con el enriquecimiento del vocabulario. Sofía está en un kínder público y allí lleva su educación con normalidad.

Quienes han tenido dificultades han sido sus padres, pues en el centro educativo no hay intérprete que les ayude a comunicarse con la maestra y dicen que no es lo mismo hacerlo por mensajes, de ese modo es difícil.

Caroline Lobert y su esposo Leonel López han enseñado a sus hijas Sofía y Lucie, quienes son oyentes, a comunicarse mediante el lenguaje de señas. Foto: Rafael Murillo
Caroline Lobert y su esposo Leonel López han enseñado a sus hijas Sofía y Lucie, quienes son oyentes, a comunicarse mediante el lenguaje de señas. Foto: Rafael Murillo

¿Siendo mamá sorda es más sencillo criar niñas oyentes?

Caroline dice que su mamá es oyente y desde pequeña le enseñó lectura de labios y en su casa se comunicaban con gestos. La repostera de profesión asegura que en Bélgica los centros educativos son muy inclusivos y que desde la escuela ella y su gemelo contaron con intérpretes. Eso facilitó su desarrollo.

“Con relación a si es más sencillo tener hijas oyentes, aquí en Costa Rica es más fácil si uno tiene un hijo oyente. Para los sordos, como Silvia y María Laura decían, si es niño sordo es más difícil la terapia: todo hay que pagarlo aparte. En Bélgica si se tiene hijo sordo todo es más fácil. Mi hermano y yo que éramos dos niños sordos tuvimos inclusión y accesibilidad en escuela y colegio, mucha terapia. Yo dije que si mis niñas nacían sordas las llevaba a vivir a Bélgica por las facilidades en el aprendizaje. Ellas nacieron oyentes y estamos felices de estar aquí”, contó Caroline.

Las niñas saben pedir a sus papás todo mediante señas. Las expresiones y gestos son naturales para ellas y con ellos comprenden, incluso, cuando las están regañando. Aunque eso no sucede con tanta frecuencia, puesto que son niñas muy tranquilas. Durante la entrevista se mantuvieron quietas y atentas para saber cómo comunicarse: cuando ven que alguien les habla, ellas hablan, y cuando conocen a una persona que se comunica en señas, ellas lo hacen igual.

Sofía incluso habló un poco de su vida.

“Me gusta jugar con mi mamá. Ella es muy buena y linda. También jugamos con Lucie, ella ahorita habla poquito, pero yo le he enseñado las cosas que hay por la casa.Tenemos un perrito de verdad y se llama Milo (cuando habló de Milo hizo la seña en LESCO del nombre de su mascota)”, dijo Sofía.

Caroline ha enseñado a sus hijas a comunicarse entre sí mediante lengua de señas y también hablando español. La madre de nacionalidad belga aprendió el idioma de Costa Rica para poder comunicarse mejor con sus chicas, pequeñas que le han regalado su mayor alegría.“Me gusta mucho la familia. Es una experiencia bonita. Tuvimos a la primera hija y fue increíble. Me siento orgullosa de mis dos hijas oyentes. Es muy bonito tener a la familia”, dijo la madre.

Leda Montero es la madre de Melissa Pereira y abuela de Kane Navas. Foto: Albert Marín.
Leda Montero es la madre de Melissa Pereira y abuela de Kane Navas. Foto: Albert Marín.
Mamá oyente, hija sorda y nieto sordo

Leda Montero, de 62 años, hizo del lápiz labial rojo su compañero diario. Ella pintaba su boca para atraer la atención de su hija Melissa Pereira Montero quien nació como persona sorda.

En 1982, cuando Melissa llegó al mundo, no había oficialmente una lengua de señas, por lo que, lo que los padres hacían para estimular a sus hijos era oralizarlos (enseñarles a comunicarse usando la voz y con lectura de labios).

“Nos dimos cuenta de que Melissa era sorda cuanto tenía 11 meses. Inmediatamente la matriculamos en la escuela Centeno Güell y ahí estuvo hasta los ocho años. Luego pasó a estudiar a Nuestra Señora de Sion con todos los compañeros oyentes. Ella siempre tuvo lectura labial increíble, para enseñarlos a las mamás nos hacían pintarnos la boca completamente roja”, contó Leda Montero, quien es microbióloga retirada.

La evolución de su niña hacía que Leda retomara fuerzas cada día. Mientras ayudaba a su hija a comunicarse, ella estudiaba su carrera y también trabajaba. Dice que la etapa fue difícil debido a que las horas de estudio junto a Melissa eran muchas, sin embargo, fue muy gratificante ver como avanzaba.

“Mi esposo (Mario Pereira) y yo pagábamos terapista de lenguaje aparte. Mi hija Melissa sacó grado universitario y es administradora de empresas. Ella trabaja en un banco como analista de crédito”, contó.

Melissa es la única persona sorda de su familia. Ninguno de sus padres lo son, ni tampoco su hermana Diana. “Mi esposo y yo nos hicimos exámenes de Cariotipo para ver si era genético y no lo era. No supimos por qué nació sorda”.

“Como madre al principio fue muy difícil porque uno no sabe nada de sordos. Fue duro pero ella fue saliendo adelante gracias a la dedicación de toda la familia. Todo lo nuevo que salía mi esposo hacía el esfuerzo para comprarlo. Ella tenía su profesora aparte. Yo trabajaba mucho con ella. Melissa nos ha dado muchas alegrías. Es muy carga. Me siento feliz porque ella es como si fuera oyente. Yo la crié con el propósito de que se defendiera como oyente”, dijo Leda.

Melissa Pereira ha aprovechado cada momento junto a su hijo Kane para estudiar. En su casa se estableció una rutina: cada noche se repasa lo aprendido cada día o vocabulario durante 30 minutos. Foto: Albert Marín
Melissa Pereira ha aprovechado cada momento junto a su hijo Kane para estudiar. En su casa se estableció una rutina: cada noche se repasa lo aprendido cada día o vocabulario durante 30 minutos. Foto: Albert Marín

Melissa define a su mamá como una mujer muy valiente porque le dedicaba horas de estudio diariamente a pesar de que trabajaba y estudiaba.

“Me llenaba la casa de palabras, me ponía a leerlas y pronunciarlas (…). A los 7 años en la escuela Fernando Centeno Güell le dijeron a mi mamá que estaba lista para incorporarme a una escuela regular. Eso se logró gracias al trabajo diario que mi madre hizo conmigo.

Mi madre me enseño a desenvolverme en el mundo de oyentes, a demostrar la capacidad que tengo como persona sorda y me enseño a no permitir que nadie me diga que no puedo hacer tal cosa solo por ser una persona sorda”, contó Melissa.

Una de las más grandes alegrías que Melissa le ha dado a su mamá fue el convertirla en abuela. Hace siete años nació Kane Navas Pereira, un niño inteligente, inquieto y muy feliz, dice su madre.

Kane es un niño sordo. Cuando Melissa estaba embarazada sabía que existía una posibilidad de que su bebé naciera sordo por herencia de la familia paterna del pequeño.

“Realmente para mí fue una bendición, una alegría enorme el enterarme que Dios me eligió para ser la madre de un niño quien es igual a mí. Tuve un niño quien es una personita sorda como yo. Ser madre ha sido realmente una experiencia hermosa, los primeros tres años estuve las 24 horas con mi hijo y pude experimentar los primeros pasos, las primeras señas, las primeras palabras, realmente no existe nada mas hermoso que ser madre”, expresó Melissa.

Melissa Pereira dice que su experiencia criando a Kane ha sido más fácil porque sabe lo que es ser persona sorda. Cuenta que protegió y veló por su hijo como lo hace “cualquier otra madre”. Su bebé era muy hiperactivo y cuando menos lo esperaba se le perdía de vista.

Ella rememora cómo fue cuidarlo tan pequeño sin la posibilidad de escuchar sus llantos.

“Los primeros meses dormía conmigo en la cama, por supuesto que con almohadas alrededor y a la par de él ponía mi brazo para sentirlo llorar en las noches y así atenderlo (…) Ya a los siete meses no podía tenerlo mas en la cama conmigo porque ya había aprendido a gatear y realmente era rapidísimo en eso. Mi papá gracias a Dios me regalo un monitor que vibraba cada vez que él lloraba o hacía algún ruido. Eso fue de gran ayuda ya que lo ponía debajo de mi almohada”, recordó.

La educación de Kane ha estado complementada con todas las alternativas que existen para que él pueda desarrollarse como persona sorda. Él es multilingüe pues domina las señas de Panamá (nació en ese país), la LESCO, el español oralizado y escrito y ahora está aprendiendo inglés. Melissa quiso que su hijo tuviera acceso a todas las herramientas existentes.

“Yo en la casa le enseñé de todo ya que ellos tienen toda la capacidad de dominar cualquier lenguaje. En la casa trabajaba a diario todos los días en actividades cotidianas. Mi hijo recibió terapia auditiva y de lenguaje, aprendió a comprender y escuchar oraciones, a identificar sonidos, tiene una gran capacidad para comunicarse verbalmente, como también comprende todo lo que se le dice y lo que se le enseña. Él utiliza la LESCO, se desenvuelve como si nada en el mundo de oyentes. Le encanta la música (él puede escuchar con audífonos), le encanta cantar en inglés y español”, detalló Melissa.

Melissa Pereira es mamá soltera, situación que ha afectado, principalmente, la parte económica debido a que desde el año y medio su hijo entró a a una escuela privada.

“Antitos de que cumpliera los tres años me tocó trabajar para poder costear la educación de mi hijo y darle una mejor calidad de vida, madrugábamos todos los días y tomábamos dos buses para llegar al centro de estudio. Lo dejaba ahí y después tomaba otros dos buses para ir a trabajar y fue así durante varios años. El año pasado mi hijo fue integrado a una escuela regular. Trabajé mucho mucho para que eso se lograra. Mi felicidad fue enorme al ver que todo trabajo y todo el tiempo que sacrifiqué por mi hijo valió la pena”, contó Melissa, una mamá de 36 años que al igual que Silvia Leiva, Caroline Lobert y Leda Montero, han dado todo no solo por ser madres normales, sino mamás extraordinarias.

Kane aprende cada día algo nuevo gracias a las enseñanzas de su mamá Melissa. Foto: Albert Marín.
Kane aprende cada día algo nuevo gracias a las enseñanzas de su mamá Melissa. Foto: Albert Marín.

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