Solo una mente bohemia, con tantas historias que contar como ganas de contarlas, es capaz de entregar una recopilación de las “300 cantinas antiguas de Costa Rica”, enlistar los principales salones de baile del país y, ahora, contar las anécdotas detrás de 180 canciones “con nombre propio”. ¿Conoce usted una canción del 2002 titulada con un “nombre femenino” y dedicada a una persona trans? ¿No? Don Mario Zaldívar sí la conoce, y se la cuenta en su nuevo libro.
En Zaldívar se combina la disciplina de un lector voraz (dice que devora unos 200 libros al año), el amor sincero por la ciudad y el tiempo libre de un jubilado de 71 años que duerme solo cinco horas al día. Cuando recopiló las principales cantinas antiguas del país, don Mario hizo una declaración de intenciones: para él, estos no eran centros de perdición –como usualmente se pensaba–, sino espacios donde poetas, músicos y escritores se reúnen para concebir nuevas ideas artísticas. Precisamente, el nuevo libro de Zaldívar, Tu nombre tiene música, es un tributo a esas ideas.
El ganador del premio Aquileo Echeverría 2001 se propuso recopilar 180 canciones con nombres de persona, por ejemplo, Julieta Ta (1986) de Manantial, Pedro Navaja (1978) de Rubén Blades, Billie Jean (1983) de Michael Jackson, Lady Madonna (1970) de The Beatles o Louis (1988) de Franco de Vita. Pero Zaldívar no se limitó a enlistar las obras, sino que indagó cuál fue la inspiración que llevó a de Vita a contar la historia de un hombre que sueña con ser cantante, o al británico Tom Jones a relatar un trágico desenlace en Delilah (1968).
Fue así como el escritor detectó que el 75% de las canciones con nombre propio que analizó son tituladas en honor a una fémina, lo que en su criterio evidencia que ellas son amadas y veneradas con mayor constancia que sus pares.
En la selección figuran piezas de idioma y origen brasileño, como la bossa nova, debido a que don Mario estudió en Río de Janeiro en su juventud. Asimismo, Zaldívar advirtió la presencia de géneros vinculados a las principales capitales de la música en el mundo: tangos de Buenos Aires, jazz de Nueva York, bailables de San Juan de Puerto Rico y boleros de La Habana, entre otros. Además, el autor acudió a su colección de aproximadamente 1.500 libros sobre música popular.
El arte corre por la venas de Zaldívar, por eso no es extraño su interés en la música popular. Cuando era apenas un niño jugaba con sus hermanos a “molestarse” poniéndose apodos y citándolos en rimas y poemas. Tras graduarse de su carrera universitaria decidió estudiar guitarra y en 1994, con 40 años, debutó como autor de ficción.
De inmediato, don Mario ganó el premio de novela del año de la Editorial Costa Rica con la obra “Ahora juega usted señor Capablanca”. Siete años después, en 2001, obtuvo el Premio Nacional de Novela Aquileo Echeverría, el reconocimiento más importante del país en esta área, con el libro “Después de la luz roja”. Con 49 años, en 2003, publicó sus primeros textos sobre música popular, salones de baile, cantinas antiguas y biografías de cantantes y compositores.
Por todo esto, Zaldívar es una voz autorizada para contarnos las historias detrás de canciones como Daisy, esa pieza del 2002, escrita por Kevin Johansen, que narra la vida de una mujer transexual “comehombres”. Muy hija de su época, la canción enfatiza los peligros que enfrenta Daisy por su identidad de género, con la policía siempre persiguiéndola mientras ella “hace lo que le da la gana”.
Esta curiosa canción –única del libro que trata sobre una persona sexualmente diversa– fue compuesta por Johansen, un joven hijo de padre estadounidense y madre argentina cuyo gusto musical se desarrolló a caballo entre Buenos Aires y Nueva York, dos capitales de la música en el continente americano.
Por eso, la canción es un tipo de tango moderno muy movido, con violines y un bandoneón como protagonistas que alcanzan “una originalidad maravillosa”.
Además, en su selección de las 180 canciones con nombre propio Zaldívar dejó ver su alma bohemia, enriquecida por sus viajes a países de América Latina y Europa –especialmente durante los años 90– que también lo han llevado a pintar cuadros surrealistas inspirados en el estilo de Salvador Dalí. No por nada Buenos Aires es una de las ciudades favoritas de Zaldívar y protagoniza muchas de las canciones recopiladas.
“Buenos Aires, por ejemplo, es una ciudad con imán, romántica. En noviembre volví después de muchos años y me sigue encantando, es una cosa maravillosa, salís por la noche y es aquella vida tremenda, la vida nocturna, los cabarets, los cines, las cantinas, tiene cosas que a mí me encantan, cada 400 metros te encontrás una cantina que tiene 100 años. Café Tortoni es del siglo XIX”, destacó don Mario.
Zaldívar, confeso enamorado de la ciudad de San José, el arte, la cultura y las vivencias que se conversan entre cafés y cervezas, advierte que el futuro habrá más textos de su pluma.
“Yo pinto, trabajo con la guitarra y la literatura, esas tres cosas son las que me sustentan como jubilado, yo no sé qué haría yo sin esos hábitos, porque cuando uno se jubila tiene todo el tiempo del mundo. Por eso siempre tengo que estar haciendo algo”, expresó ataviado con una de sus características boinas.
Quienes deseen adquirir el libro pueden contactar con el autor al teléfono 89217025.

