
El arresto de Andrew Mountbatten-Windsor (el expríncipe Andrés) constituye un hecho sin precedentes en la historia reciente del Reino Unido: es el primer miembro senior de la familia real británica detenido en la era moderna. Para hallar un antecedente comparable es necesario retroceder casi cuatro siglos, hasta la Guerra Civil Inglesa.
El único precedente directo es el de Carlos I, arrestado en 1647 por las fuerzas parlamentarias tras su derrota frente a Oliver Cromwell. El monarca fue posteriormente juzgado y ejecutado en 1649, un episodio que quebró de forma radical el principio de la inviolabilidad del rey y marcó el fin temporal de la monarquía en Inglaterra.

Tras la Restauración de 1660, la Corona británica consolidó una práctica no escrita pero consistente: evitar que los conflictos que involucraran a miembros de la familia real derivaran en procesos judiciales penales. En los siglos siguientes, incluso en momentos de crisis política, la detención formal de un miembro de la familia real quedó fuera del horizonte institucional.
El ahora expríncipe Andrés fue arrestado este jueves por presunta mala conducta vinculada a su labor como enviado comercial, en una investigación relacionada con los archivos de Jeffrey Epstein.
Así las cosas, queda repasar la historia de escándalo en la nobleza británica. En el siglo XX, el caso más citado es el de Eduardo VIII, quien abdicó en 1936. Aunque nunca fue arrestado, su conducta y sus posteriores vínculos con la Alemania nazi generaron preocupación en el gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial.
La respuesta del Estado no fue judicial, sino política: fue apartado del centro del poder y enviado al extranjero como gobernador de Bahamas. Algo similar ocurre ahora con Andrés, despojado de sus títulos, expulsado de las residencias reales y, ahora, detenido.
En el largo historial de miembros de la realeza envueltos en escándalo hay que citar a Louis Mountbatten, tío del rey Carlos III y figura clave del establishment británico del siglo XX.
Mountbatten nunca fue arrestado; murió en 1979 en un atentado del IRA (Ejército Republicano Irlandés), en medio de The Troubles, el prolongado conflicto armado entre el Reino Unido y la guerrilla local.
En su caso, el escándalo es más bien reciente, con declaraciones difusas desde 2019 que lo implican en supuestos abusos y en ocultamiento por parte de las autoridades, sin que haya todavía investigaciones definitivas. El año pasado, un nuevo libro retomó las acusaciones de abuso.

Otros episodios históricos muestran la cautela extrema del Estado frente a la realeza. Durante escándalos que afectaron a miembros menores de la familia real en el siglo XX, la gestión se resolvió mediante acuerdos privados, renuncias a funciones públicas o silencios institucionales, pero no mediante arrestos.
En ese contexto, la detención del duque de York rompe una tradición de casi 400 años y plantea un punto de inflexión en la relación entre la monarquía y el Estado de derecho en el Reino Unido: por primera vez desde el siglo XVII, un miembro central de la familia real enfrenta una acción penal formal sin que medie una revolución ni un colapso del orden constitucional.
¿Qué podrá implicar esta detención para la familia real? Está por verse, pero hasta ahora, Andrés ha sido de los más altos perfiles implicados y sancionados por el caso Epstein.
