La pequeña María Isabel alegraba con su luz a todos los que estaban a su lado: fue una devota fiel, una niña llena de amor, alegría y de paz.
Era vecina de Heredia y poco a poco, con su don de gentes y amor por el prójimo se fue dando a conocer. No solo sus maestros y maestras del colegio María Auxiliadora reconocían su bondad, pues todo el que se le acercaba recibía de Marisa, como le decían de cariño, un abrazo o un gesto de dulzura.
Pero su amor y compasión duraron muy poco tiempo en la Tierra; Marisa murió cuando apenas tenía 13 años, en 1954.
Tras su fallecimiento las historias en torno a la vida de esta niña comenzaron a aflorar. Se le adjudican favores concedidos a quienes han dedicado devoción por ella.
Es por estas razones que la Iglesia Católica costarricense, específicamente la Arquidiócesis de San José, comenzó hace unos meses el proceso de canonización para la niña. La solicitud fue enviada a la Congregación para la Causa de los Santos, organización encargada de realizar las investigaciones para declarar a un fiel como santo.
Fue esta congregación la que le concedió en marzo de este año el título de Sierva de Dios a la niña Marisa. Esta proclamación significa que el caso de la pequeña ya se encuentra en estado de investigación por parte de las autoridades del Vaticano.
Este es el primer paso de un exhaustivo trámite que llevaría a María Isabel a ser santa, si así lo determina al final el papa Francisco basado en las pruebas.
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Admirada y querida
La historia de Marisa ha pasado de boca en boca y de generación en generación; en Heredia es bien conocida y también ha tenido repercusión fuera de Costa Rica.
José Alberto Gamboa fue el esposo María Elena Acuña, la única hermana de Marisa y quien falleció hace cuatro años. Él durante su vida ha estado relacionado con la niña y su historia a través de su esposa, así que se conoce al dedillo los pormenores de la vida de la Sierva de Dios.
“Hay muchos casos que ameritan el que se abriera este proceso”, comentó el abogado de 82 años y padre de tres hijas, las sobrinas de la niña Marisa.
Gamboa recordó que hay varios ejemplos de las acciones que realizó la pequeña en su corta vida para que sea considerada santa.
Se dice, por ejemplo, que la niña todos los días le daba un colón, pan y un beso a un indigente de su comunidad.
“El papá de ella le daba plata para que ahorrara y se comprara su vestido de graduación. Cuando iba a hacerlo tomó la mitad de las monedas y se las dio a una compañerita de la escuela que era muy pobre para que ella también se comprar su vestido”, recordó don José.
Como estos relatos hay muchos más. Uno de los más conocidos es que María Isabel a los 12 años empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza, pero que no quiso tomar ningún medicamento para ofrecer su dolor en pago por la conversión de su padre, quien se había alejado de la iglesia.
A Marisa le diagnosticaron cáncer, y se dice que se negó a tomar medicamentos como penitencia. Unos días antes de su muerte, la pequeña pudo ver su aspiración concretarse: su padre y ella se confesaron y comulgaron juntos.
Marisa además vaticinó el día de su muerte, contó su cuñado. “Un padre fue a confesarla en el hospital donde estuvo internada. Marisa le dijo que la santísima Virgen iba a venir por ella el día de su fiesta, así fue, Marisa murió el 15 de agosto, el día de la Virgen de la Asunción”, contó Gamboa. Fue en el año 1954.
A partir de que se dieron a conocer estos detalles tras la muerte de Marisa, muchos vecinos fueron sumándose a la devoción hacia ella. Tanto es así que el cementerio de Heredia, donde descansan sus restos, es visitado a diario por personas que llegan a pedir favores e intercesión de la niña Marisa.
En una pequeña mesa de madera ubicada a un lado de la tumba, hay flores de plástico, cartas, muestras de cariño y hasta regalos que dejan los creyentes.
El sacerdote Juan Luis Mendoza ha estudiado desde hace varios años la vida de Marisa y como resultado de su trabajo publicó los libros Toda Marisa, de a poco y La historia de una niña llamada Marisa; así que ha podido recolectar algunos de ejemplos de bondad y de fe que realizó la pequeña en vida. Mendoza ya está escribiendo una tercera entrega relacionada con la vida de esta Sierva de Dios.
“En el fondo es importante que como seres humanos tengamos un ejemplo, como en el caso de la niña para que la podamos imitar. Cada vez aparecen cosas nuevas que sorprenden; hace poco estaba recordando cuando ella escucha a su madre pidiendo algo por intercesión de la virgen, Marisa le dijo que hay que pedir las cosas de acuerdo con la voluntad de Dios y para bien de uno, que esas eran las dos condiciones”, explicó el sacerdote.
¿Qué hace falta?
La semana anterior, el asesinado obispo salvadoreño Óscar Romero fue promulgado santo por el papa Francisco.
Previo a la proclamación santa, a Romero ya se le conocía como beato desde hace tres años; esto quiere decir que había sido designado como digno de veneración por parte de la iglesia.
Así las cosas, el proceso para que Marisa sea santa es largo. Lo que sigue es examinar las evidencias para que el Papa decida si la persona en estudio vivió una vida de “virtud heroica” y si es así, puede ser venerable.
La tercera parte del trámite es la beatificación, que es cuando se le atribuye un milagro a las oraciones o peticiones que se le hayan hecho a este individuo, en este caso la niña Marisa.
Por último, para ser santa, se le deben de atribuir dos milagros comprobados por la iglesia luego de las investigaciones. Al final, si esto se cumple, la niña Marisa sería elevada a los altares.
